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YouTube: archivo de nuestra nostalgia. Por Marcelo Mosenson

2017-08-04

Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse;
 antes al contrario, la hacen más profunda.
G. Flaubert


Uno de los juegos adultos más recurrentes que comparto con mis hermanos, quienes se encuentran actualmente viviendo fuera de la Argentina, es el de compartir videos diseminados en el sitio de  YouTube. También suelo jugarlo, aunque en menor medida, con mis padres y algunos pocos amigos cercanos.
 
La memoria colectiva que propone YouTube, compañía creada hace tan sólo doce años, y adquirida por Google hace once, es para muchos de nosotros la extensión de nuestras memorias individuales.
 
Buscar un tema musical que apenas recordábamos que recordamos suele tornarse una adicción para la nostalgia, más aún cuando la pieza que nuestra memoria guarda en el subconsciente tiene la posibilidad de ser compartida con testigos de nuestro pasado más íntimo de manera literal como completa.
 
Si bien este juego tiene mucho de arqueología de la vida cotidiana, las reminiscencias halladas en el servicio de streaming se encuentran prácticamente intactas, a excepción de alguna grabación deteriorada por su captura original proveniente de un soporte analógico.
 
Es la primera vez en la historia  que nuestra memoria puede ser alimentada y compartida de manera tan locuaz como eficaz. YouTube no sólo construye nostalgia, sino que la amplifica e intensifica a niveles nunca vividos hasta una década y media atrás.
 
No tengo dudas que de no haberse creado esta plataforma ciertos temas musicales y producciones audiovisuales hubieran permanecidos ocultos a nuestra conciencia, o en el mejor de los casos tan sólo hubieran persistido de manera deformada, debilitada y ausente del hallazgo del material original; empobrecida por el paso del tiempo y de las modificaciones ejercidas por nuestra memoria selectiva.
 
El juego se torna tan adictivo que al proponer un recuerdo musical el jugador responde de forma casi inmediata con otro video, y así sucesivamente hasta que alguien dice finalmente basta. Es una experiencia llena de alegrías, tristezas y riesgos impredecibles.
 
El poder de la música ligada a la nostalgia nos puede llevar a los lugares más alegres, melancólicos y oscuros de nuestras respectivas existencias. Efectivamente, el tiempo pasa, lo felices que supimos ser ya pasó, a quienes admirábamos como adolescentes hoy nos pueden resultar intrascendentes, incluso patéticos, llevándonos al punto de cuestionar lo vivido en aquel entonces. Mientras que este mismo pensamiento nos obliga en consecuencia a  interpelarnos sobre la importancia del presente como antesala de futuros recuerdos.
 
También puede suceder lo contrario de seguir admirando uno al artista de nuestra adolescencia y juventud. En tal caso, nos descubrimos parafraseando lo que nunca hubiésemos imaginado repetir cuando éramos jóvenes y escuchábamos por parte de los viejos de aquel entonces, quienes solían repetir para nuestro disgusto: “ya no hay y artistas como los de antes.”  Frase que nos habíamos comprometido a repetir jamás para cuando ya fuésemos grandes como ellos.
 
 
YouTube permite también, disfrutar de lo que el idioma inglés denomina “guilty pleasures” (placeres culposos). En este caso en particular son aquéllas canciones y artistas que nos emocionan pero que no nos atrevemos a compartir y confesar a los demás.  
 
En más de una oportunidad, he sabido sorprender a mi padre, quien no sabe utilizar computadoras, con algún tema judío, o un tango casi imposible de recuperar por otros medios. Alguno de ellos le hicieron rememorar tiempos en los cuales yo no había nacido aún. Para mi asombro percibí cómo se esforzaba por contener las lágrimas al escuchar algún tema musical que necesariamente habría asociado a imágenes y emociones enterradas en su ser desde hacía décadas y que a juzgar por su reacción ignoraba que aún convivían en él. Como si se tratara de una suerte de exhumación y posterior resucitación emocional.
 
La música como los olores nos transportan de manera intensa. Me pregunto si los psicoanalistas, preocupados por revivir recuerdos de sus pacientes, no verían facilitada su tarea de proponer a sus pacientes el uso selectivo de YouTube.
 
Es tal el poder de acceder a nuestros recuerdos mediante un click que su uso debiera tratarse, al menos en ciertos casos extremos, bajo estricta prescripción médica. Revivir recuerdos y sensaciones del jardín de infantes al escuchar por YouTube uno de los temas de María Elena Walsh me han llevado a recordar mi vida como difícilmente hubiese podido tan sólo quince años atrás, cuando aún no se había inventado este servicio. En el mejor de los casos hubiera podido acceder a ciertos recuerdos de quien fui siendo mediante algún objeto, video, film Super 8 o fotografías impresas. Pero la emoción no hubiera sido la misma.
 
Es siempre difícil anticipar la manera en que los cambios tecnológicos irán constituyendo y modificando nuestra sensibilidad. Pero si es cierto aquello de que para cerrar ciertas heridas es preciso recordar, un servicio como el de YouTube puede llegar a convertirse en una herramienta terapéutica a nivel planetario con consecuencias aún difíciles de anticipar.
 
Hoy, este creciente archivo mundial de la memoria colectiva que representa YouTube ya nos viene permitiendo de una manera radical como nunca antes en toda la historia de la humanidad, recordarnos a nosotros mismos.

 
 

  • 04.08.2017
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