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Tecnología en las aulas, ¿si o no? Por Cintia Perazo

2017-08-17

El debate está abierto. Los expertos aseguran que no es suficiente incluir tecnología en las escuelas para que la educación se transforme. Son fundamentales cambios en la currícula y en la capacitación de los docentes.

Estamos en un proceso de cambio donde la tecnología será una herramienta clave para la educación. No sólo para ser usada como parte complementaria, sino como parte clave de los procesos educativos.
 
Sin embargo hay varios aspectos a tener en cuenta a la hora de implementarla dentro de las aulas. En primer lugar habría que alinear la currícula educativa para poder avanzar sobre el tema programación asociado a plataformas probadas.
 
“Eso es clave para proyectar al futuro a las generaciones de educandos, poniendo el desafío no sólo en el uso intensivo de los dispositivos, sino en cómo funcionan y en su programación. Esto también es fundamental para las nuevas generaciones teniendo en cuenta que habrá una demanda de 450.000 puestos en el área de programación sólo en Latinoamérica”, dice Sebastián Fischer, Director Global de Ventas de Positivo BGH.
 
Para Lucas Esteban Delgado, analista del programa de Educación de CIPPEC, los cambios de la educación no dependen sólo de la disponibilidad de tecnologías en las aulas, sino de encontrar en las herramientas culturales nuevos sentidos acerca de la enseñanza y del aprendizaje, que permitan pensar en los para qué de la educación.
 
El analista de CIPPEC cree, también, que es necesario pensar y diseñar políticas capaces de responder no sólo a la diversidad de alumnos, sino también de los contextos socioeconómicos, para favorecer procesos de aprendizaje centrados en los alumnos.
 
David Rodríguez Sánchez, Director de Educación para Latinoamérica de Intel, advierte que si la tecnología se entrega sin un plan serio de transformación educativa, sin capacitación docente, sin la dotación de equipamientos adecuados, sin planes de mejoramiento de aulas, sin contenidos curricularizados o un plan de estudios que la tome en cuenta, no será eficiente.
 
“La tecnología es un medio y una herramienta, no es el fin de la educación. Los chicos necesitan ser guiados para discernir qué es relevante y qué no dentro del mundo de información que tienen a disposición. Y es el docente quien debe liderar el proceso educativo”, resume el ejecutivo de Intel.
 
Tecnologías que prometen
La robótica y la programación prometen ser los puntales que permitirán diseñar y desarrollar nuevas aplicaciones en el futuro. “Ambas permiten un cambio en la forma de pensar y fomentan la creatividad con una lógica aplicada sobre su uso”, adelanta Fischer.
 
También serán protagonistas de la educación del futuro, la gamificación, los videojuegos, la realidad virtual y el desarrollo de plataformas de aprendizaje adaptativo, basadas en inteligencia artificial.
 
Pero Delgado advierte: “estas herramientas pueden llevarnos a extender el aprendizaje a toda hora del día, a potenciar el acceso a contenidos maravillosos o a desarrollar habilidades, pero difícilmente desemboquen en capacidades críticas de reflexión histórica, social y científica sobre el mundo”.
 
Mientras que Rodríguez Sánchez señala que en el futuro cercano veremos centros de innovación en las escuelas. Éstos serán espacios donde los chicos podrán utilizar impresoras 3D y probar programas creados por ellos mismos.
 
Las aulas del futuro
“Me imagino un aula conectada entre los alumnos, los maestros y los periféricos como impresoras y pizarras Interactivas. Todo esto dará como resultado un ecosistema dinámico que permitirá incluir a los padres como motor de cambio, apoyando al mundo educativo”, predice el ejecutivo de BGH Positivo.
 
Por su parte, el ejecutivo de Intel cree que a mediano plazo la escuela se volverá inteligente que contará, por ejemplo, con controles ambientales de temperatura e iluminación inteligentes, brindando mayor confort y ofreciendo un consumo más sustentable.
 
“Veremos mayor cantidad minutos de instrucción reales al automatizar procesos de asistencia, se maximizará la productividad e, inclusive, la escuela podrá brindar procesos de aprendizaje fuera del campus físico”, detalla Rodríguez Sánchez.
 
Hoy las tecnologías digitales cuentan con un gran abanico de propuestas y de usos potenciales, pero es necesario un trabajo de traducción a nuevas lógicas sobre “los para qué” de la educación.
 
“Un aula equipada con las más avanzadas tecnologías no necesariamente provocará mejores aprendizajes. Desde el programa de Educación de CIPPEC promovemos un modelo curricular centrado en la formación de capacidades a través de contenidos fundamentales comunes”, cuenta Delgado.
 
El analista de CIPPEC resalta que aunque el cambio educativo suele ser pensado siempre como escenarios futuros, la innovación no es lejana e inalcanzable. “Hay innumerables ejemplos en nuestras escuelas que llenan de aprendizajes, energías y capacidades a los alumnos. Hay que encontrarlas y potenciarlas. El Estado siempre será quien pueda escalar estas políticas pero eso no debe ser una excusa para eludir la apertura de puertas innovadoras en cada aula y cada escuela”, concluye.

  • 17.08.2017
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