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Los chicos y la tecnología. Por Cintia Perazo

2017-05-12

Los chicos se relacionan, cada vez, desde más temprana edad con los dispositivos. Pero aunque a muchos padres les parece bien que sus hijos estén sentados jugando con los dispositivos, algunos especialistas advierten sobre los problemas que puede ocasionar cuando se los expone a las pantallas antes de la edad adecuada y por tiempos prolongados.
 
Entonces, el interrogante que surge es si un chico que manipule dispositivos tecnológicos antes de los tres años puede tener problemas en su desarrollo.  Claudio Waisburg, médico especializado en Neuropediatría de la UBA, asegura que el desarrollo y cognición social de los niños dependen de la interacción con personas y no con pantallas. “Los niños buscan el contacto corporal, afectivo y visual con otros. Los rostros llaman mucho más la atención a un bebé, que una pantalla. La realidad actual de los entretenimientos es un capítulo que va de la mano de la evolución tecnológica; de las relaciones entre padres e hijos; y de la relación entre pares. Tal vez el ‘aislamiento sanitario’ refleja las dificultades en lo que significa el entretener a los hijos y la difícil misión de los padres por evitar el ‘mamá, me aburro’”, señala.
 
Desde el punto de vista de la neurociencia, todavía no se sabe con total certeza cuál será el impacto que las nuevas tecnologías pueden tener en el cerebro de los más pequeños. “Sin embargo, las evidencias que estamos obteniendo hasta la fecha son contundentes. Por el momento sabemos que un mayor tiempo de exposición a estos dispositivos está relacionado con mayores índices de miopía, déficit de atención, obesidad y depresión infantil. Asimismo, según los datos que estamos conociendo la exposición temprana o prolongada a estos dispositivos puede afectar la maduración de distintas estructuras y funciones del cerebro en desarrollo”, sostiene Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres.
 
Además, varios estudios destacan que diversas tecnologías y, sobre todo, al jugar videojuegos se segregan grandes dosis de dopamina, un neurotransmisor asociado a los mecanismos de recompensa y a los comportamientos adictivos. Los especialistas advierten que es difícil probar que las nuevas tecnologías provoquen por sí mismas nuevas patologías, pero sí hay evidencia de que pueden exacerbar trastornos previamente existentes, o hacer que tomen nuevas manifestaciones o matices. “Los ocho años suelen ser propensos a la adicción a la tecnología porque es una edad donde se comienza a desarrollar regiones prefrontales involucrados en este proceso -explica Waisburg y continúa- Pero la adicción no se mide sólo por tiempo que juega con los dispositivos, sino por aquellas cosas que se postergan o se dejan de hacer. Basta con que prefiera jugar antes que a almorzar en familia o salir a una actividad deportiva, recreativa o social”.
 
La edad adecuada

Tampoco hay muchas certezas sobre la edad conveniente para que los niños comiencen a interactuar con los equipos tecnológicos. Sin embargo, en 2007, el psiquiatra francés Serge Tisseron publicó la regla "3-6-9-12", una guía para saber cómo dosificar, según las edades, la introducción de las pantallas en la vida de los chicos. El primero de los pasos advertía: antes de los 3 años los chicos no debían tener contacto con los dispositivos. En 2011, la Academia Americana de Pediatría (AAP) corrió la edad de inicio y fijó ese límite en los 2 años. Pero el año pasado la AAP publicó un nuevo documento donde se recomienda evitar la exposición a las pantallas "todo lo que se pueda" hasta los 18 meses de edad. Sin embargo, consideran que puede haber excepciones para que los niños puedan comunicarse con familiares o amigos.

 
Más allá de la edad, los especialistas recomiendan que los padres limiten el tiempo que pasan sus hijos frente a las pantallas y que supervisen a qué juegan y qué páginas visitan, utilizando los filtros y controles parentales que incluyen muchas herramientas tecnológicas. Además sugieren que haya comunicación en la familia, evitando el uso de cualquier tecnología mientras se come en familia, por ejemplo. Por último recomiendan tener un plan de actividades alternativas, que no se centren en una pantalla, fomentando la actividad deportiva al aire libre.
 
Antes de concluir Waisburg advierte: “La tecnología utilizada adecuadamente puede tener un montón de utilidades, tanto educativas como comunicativas, e incluso acercarnos a nuestros amigos y familiares que se encuentran en otro lugar. Sin embargo, si la tecnología no es bien utilizada puede ocasionar aislamiento, falta de comunicación y otros graves problemas”.

  • 12.05.2017
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