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La tecnología de lo instantáneo. Por Marcelo Mosenson

2017-08-25

Las personas que aman comer son las mejores – Julia Child

Intento comprender la razón por la cual nuestra cultura adoptó el café instantáneo como si se tratara de café. Al queso rayado en bolsita como si fuera efectivamente de queso parmesano. Mientras que a la mayoría de los jugos de naranja que sólo tienen de parecido con la fruta original su color, no resisten comparación con lo que dicen ser. En cuanto a las pizzas congeladas pre hechas o el puré de papas instantáneo resultan aún más inmorales que la pimienta molida en bolsita.

En cuanto a las conservas en latas vale recordar que fueron diseñadas para que los soldados pudieran alimentarse durante la guerra. Fue Napoleón Bonaparte quien ofreció una recompensa de 12.000 francos para quien diera con la solución. Hoy comemos conservas en la paz de nuestros hogares sin siquiera cuestionárnoslo.

La velocidad es uno de los mitos más potentes de nuestra actual sociedad de consumo. Queremos ganar tiempo a costa de cafés intomables o de quesos con sabor a plástico. He llegado incluso a presenciar cómo algunos de mis amigos americanos condimentaban sus fideos a base de Ketchup. No manifestaban ningún tipo de remordimiento al respecto.

¿Cómo llegamos a naturalizar estas aberraciones y crímenes culinarios? Entre otras cosas, por una búsqueda de una satisfacción instantánea en detrimento del amor. Lo instantáneo no se lleva bien con la ternura. Ya que para que un corte duro de carne termine siendo tierno se necesita de una cocción a fuego lento. Y el amor necesita, entre otras abstracciones, de tiempo y frescura.

Sorprendentemente, los franceses se quejan hoy por la baja calidad de su pan. Actualmente, las boulangeries, en su mayoría, compran su pan prehecho, de manera tal que tan sólo se ocupan de hornear la mezcla ya comprada. Su fabricación dejó de ser completamente artesanal.

Uno de los colmos del ideal de lo instantáneo lo vi en supermercados de los Estados Unidos en donde se ofrecen huevos pre batidos dentro de una botella de litro listos para ser convertidos en huevos revueltos. No pareciera bastarles con que el scrumble eggs sea uno de los platos calientes más fáciles y rápidos de hacer que se hayan creado a lo largo de toda la historia gastronónica de la humanidad.

Vivimos en una época en donde habiendo librado una batalla a los procesos por medio de la automatización con el objetivo de ganar tiempo, hemos perdido acceso al tiempo anhelado para gastar o invertir en actividades más placenteras. La esperanza de vida en los países desarrollados ha crecido en torno de los ochenta años. Sin embargo, las pausas en la vida activa se reducen de manera inversamente proporcional a la esperanza de vida. Pagamos un alto precio por esta aceleración que no se traduce sólo en una pérdida del hedonismo, sino y quizá más importante aún, compromete a nuestra memoria futura. Los momentos duraderos son aplastados por la dictadura de lo instantáneo.

Las cartas solían ser releídas, mientras que los mensajes de texto apenas son recordados. De la misma manera que nuestras comidas se han convertido en meras actividades alimenticias. Los objetos de lujo son la atracción de los nuevos ricos a la vez que los verdaderamente ricos son los dueños del commodity más valioso, el tiempo. Este es la nueva y más anhelada expresión de privilegio.

El deseo se alimenta de lo instantáneo para verse frustrado en su mismo movimiento exacerbado.

Una buena sopa de cebollas (para cuatro personas) lleva una cocción total de unas dos horas cuarenta minutos. Existen versiones de cuarenta y cinco minutos de cocción. Pero recomiendo la versión larga duración. Lleva: aceite de oliva 2cl; cebollas 8; sal 2.5g; azúcar 2 cucharaditas; pimienta (a gusto). Luego de veinte minutos de cocción a fuego lento se reduce la mezcla en vino blanco 13.5 cl. Finalmente se le agrega agua (1.5 lt) junto a 1 cubo de caldo de ave y se cocina durante dos horas a fuego lento hasta que la sopa tome una consistencia espesa y un color amarronado. Servir luego con croutôns y queso rayado parmesano.

Muchos de los platos que requieren largo tiempo en ser procesados y que hoy se sirven en restaurantes de lujo fueron originalmente recetas concebidas en la pobreza. La sopa de cebolla es un ejemplo de ello. Hasta el pan fresco se ofrece hoy en negocios gourmet.

No tengo idea si la vida es larga o corta. Pero tengo la fuerte sospecha que una vida alimentada de forma instantánea no es tan rica como una vida nutrida a fuego lento.

  • 25.08.2017
  • Sociedad
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