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“Para que los robots no decidan nuestro destino se requieren dirigentes inspiradores de cambios con valores humanos”. Por Cintia Perazo

2017-07-22

Gustavo Béliz es político, abogado y periodista. Desde sus comienzos en el escenario político proclama la transparencia y la sustentabilidad. Hoy, desde su sillón como director del Instituto para la Integración  de América Latina en el Banco Interamericano de Desarrollo, cuenta cómo será el escenario futuro del empleo en relación con la aparición de las nuevas tecnologías y qué medidas tomar para estar preparados para la Cuarta Revolución Industrial, proceso que ya estamos viviendo.
 
Pregunta: ¿Cuál cree que será el futuro de la situación laboral cuando los robots estén entre nosotros?
GUSTAVO BÉLIZ: En realidad ya se están produciendo fenómenos de co-botización acelerada, por ejemplo en la industria automotriz, donde la convivencia entre obreros y robots es cotidiana y permite incrementos sustantivos de productividad.
Creo que este escenario plantea nuevos desafíos para la convivencia en el trabajo, la adaptación al cambio, y para la educación, en el sentido de promover habilidades emocionales e interpersonales.
Así como hay trabajos que se pierden por la automatización van surgiendo nuevas profesiones que hasta hace poco no existían, tanto en lo específico-técnico como en lo específico-humano, vinculado a las emociones.
Las estimaciones del Foro Económico Mundial (WEF) auguran que 65% de los niños que están en escuela primaria trabajarán en empleos que hoy no existen.
 
P: ¿Cuáles son los trabajos que corren más peligro cuando las nuevas tecnologías se masifiquen?
GB: El mayor riesgo lo corren las actividades rutinarias, sin importar de si se trata de profesiones de alto nivel educativo o de bajo nivel. Es lo que se conoce como “desempleo de cuello blanco”. Por eso se ha reducido en más de 20% el trabajo de bibliotecarios, traductores o agentes de viaje, que eran personas con mucha formación. Abogados o contadores y otros trabajadores de oficina, del sector público o privado, no son inmunes a esta amenaza. Pero, al mismo tiempo, surgen nuevas necesidades como los empleos verdes. La economía sustentable, en nuevas tareas que van desde el reciclaje hasta la generación de energías limpias, están creando nuevos puestos de trabajo a una tasa de 9% anual, tres veces más de lo que crecen los empleos tradicionales.
 
P: ¿Qué medidas deberían tomar los gobiernos para evitar gran cantidad de personas desempleadas?
GB: Es fundamental tener una perspectiva amplia y poner también sobre la mesa cuestiones distributivas, pero no solo de ingresos sino también de oportunidades. Una sociedad con un reparto inequitativo del conocimiento tecnológico se traduce en un mercado laboral fragmentado y en mayores desigualdades sociales. Es esencial repensar el clásico estado de bienestar en función de nuevos parámetros. Por ejemplo, sería importante introducir y extender el concepto de “innovación” en las negociaciones paritarias, como parte de un Pacto Social Tecnológico.  No es ciencia ficción, es clave seguir el ejemplo de Alemania, España, el Reino Unido y Francia, que tienen políticas nacionales de industria 4.0 como respuesta estratégica a las transformaciones necesarias, y que no serán realizadas de modo integral por el mercado.
 
Veamos por caso el potencial que ofrece el big data. Esta tecnología puede ayudar a mejorar la transparencia en el financiamiento de la obra pública y de las campañas políticas, cuando la información es abierta a la ciudadanía. Este último tema es crucial. Por más inteligencia artificial que exista, si ella convive con una ética artificial y tóxica de los dirigentes la batalla de la inclusión con equidad estará perdida de antemano.
 
Otro punto importante sería diseñar una nueva generación de programas de transferencias condicionadas de ingresos en América Latina. En los últimos años, estos programas han contribuido a disminuir la inequidad y cuestan menos del 1% del PIB regional, pero es necesario que se las potencie también con la alfabetización digital y estos nuevos desafíos.
 
Es hora, en definitiva, de ser más creativos que nunca. Para que los robots no decidan nuestro destino se requieren dirigentes que sean emprendedores con “alma”, e inspiradores de cambios con valores humanos.
 
P: ¿Qué pasa con los que no tienen acceso a la tecnología frente a los que sí tienen? ¿Qué acciones deberían tomar los gobiernos y las principales entidades económicas para achicar esa diferencia?
GB: La mejor forma de prepararse para el futuro es con más y mejor educación. Que sea de calidad y que fomente la creatividad no sólo para la resolución de problemas sino también que nos enseñe a plantear nuevos problemas.
 
Una receta completa para amortiguar el impacto del cambio tecnológico incorporaría varios ingredientes adicionales: diversificar las exportaciones, promover las pequeñas y medianas empresas, elevar los incentivos para la cooperación internacional, ampliar la escala de las políticas de transferencia, mejorar los estándares ambientales, la seguridad alimentaria y la inclusión social, son solo algunos de ellos.
 
Algunas propuestas que hemos investigado desde INTAL, como la utilización de compras públicas para inducir la inversión en innovación y pymes, y la promoción de la economía naranja y las industrias creativas, son muy interesantes.
 
Es probable que no exista una única fórmula y que cada sociedad deba buscar su propio camino en la búsqueda de equidad social. Necesitamos un amplio debate como sociedad y generar consensos sobre cómo abordar el nuevo escenario.
 
P: Por último, ¿cómo debería ser la agenda glocal (global + local) innovadora e inclusiva?
GB: El cambio no se detiene y es vertiginoso. La clave es la concertación de esfuerzos públicos privados, la integración más profunda del sistema científico tecnológico al mundo productivo y la formación profesional permanente no sólo de trabajadores sino también de empresarios y management. Esto justamente es algo que en Europa y Estados Unidos ya comenzaron a reformular debido a las críticas que reciben porque muchas escuelas de negocios ni siquiera mencionan la palabra “ética” como parte de sus currículas.

  • 22.07.2017
  • Sociedad
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