LA VIDA DE LOS OTROS

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Un look todoterreno

2018-01-17

Vayan donde vayan, ellas se plantan el sari. La prenda tradicional de las mujeres de la india es una desafiante marca de identidad nacional.

Montadas sobre un ciclomotor, pastoreando sus cabras o deslizándose por la vida en un auto de alta gama, se las ve moverse con extrema soltura y femineidad.

Los hay para todos los gustos y momentos. De suave algodón, de seda, de shantung o linón. Sencillos o suntuosos. Vaporosos o deliberadamente austeros. Ostentando bordados en hilos de oro y pasamanería con piedras o solo alhajados por los vibrantes colores de la naturaleza.

El sari es mucho más que un vestido. Es una prenda que habla, que expresa, que comunica.

Todo puede decirse con el sari. La elección del color, la combinación de texturas, la cantidad de pliegues y la forma de cruzarlo sobre el estrecho top sujetador que lo completan, cuentan de etnia, procedencia, religión, momento de la vida y estado de ánimo.


El sari cubre y descubre. Abriga y muestra.

Hay que poder vestir un sari. No es para cualquiera. Hay que saber que se quiere contar. Distinción y sex apela, lujo o recato, tristeza en el blanco del luto y pasión en el rojo furioso de las boda.

Todas saben cómo llevarlo. Son siglos de historia y de cultura arrastrando esas faldas. Reinas y princesas, Maharanis o ramos. Lavanderas y jefas de estado.

El sari de Indira Gandhi, tejido en la cárcel por su padre, el mítico Jawarharlal Nehru, padre de la independencia. el que usó el día de su boda, el que atravesaron las balas de sus asesinos.

El sari no tiene costuras. Cómo la bandera no tiene pliegues ni ranuras. No es más que una tela de entre cuatro y nueve metros metros en la cual enfundarse con gracia y largarse a andar.

Lo usan las ejecutivas de negocio de porte avasallante y lo arrastran por los caminos polvorientos las mujeres que trabajan la tierra.

Se lleva con joyas, con aros y pulseras, con diseños en henna sobre la piel. Con hombros cubiertos y panza al aire. Con chales sutiles o pashminas. Con pudor o desenfado. Se lleva con orgullo y decisión.

Se lleva con la conciencia de pertenecer a una cultura, a ser portadoras de una milenaria tradición.

  • 17.01.2018
  • Sociedad
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