LA VIDA DE LOS OTROS

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Todas las vacas son sagradas.

2018-01-19

Todas las vacas son sagradas en India. Dueñas y señoras se desplazan muy orondas por calles, avenidas y rutas nacionales. Están en todas partes. Vayas dónde vayas las encontrarás vagando entre la gente, husmeando en los rincones, olisqueando a los desconocidos.

Suben y bajan escaleras, se echan al sol donde las encuentra el día y se apoltronan en los canteros centrales de boulevares y avenidas cuando el calor aprieta.

El paso afiebrado de autos, motos y rickshaws las protege del insufrible acoso de los mosquitos. Al menos eso sostienen los conductores y transeúntes que no expresan fastidio alguno cuando el piquete bovino les para el tránsito. Son parte de lo divino y fastidiarlas o fastidiarse tiene un costo ilevantable.

Casi todas las vacas en la India tienen dueño.

En las ciudades, pueblos y aldeas donde no hay zona restringida alguna para que circulen, salen a andar por la mañana y regresa a última hora a dormir en familia. “Cada chancho a su rancho”

El carácter sagrado con el que se las venera no significa que las vacas de la India tengan una vida fácil. Si bien para muchas familias está claro que el primer pan horneado de la mañana es para la vaca de la casa luego salen a buscarse el sustento.

En las ciudades el pasto fiscal de plazas y jardines es la primera opción, pero cuando escasea las de las ve hurgando en tachos y basurales. Comen lo que encuentran.

La sacralidad que las reviste es milenaria, viene de los textos védicos y si bien hoy a la inmensa mayoría de las vacas se las trata con amoroso y reverencial respeto, no son objeto de ceremonias ni rituales.

Algunas lucen prendas ornamentales y collares pero la mayoría de ellas andan a tontas y a locas ausentes a los privilegios del el ancestral status que las resguarda.

Hay que reconocer, no obstante, que ellas prestan invalorables servicios. La inmensa mayoría de los indios son vegetarianos pero no necesariamente veganos.

La vaca de la casa provee de leche fresca y garantiza la provisión de todos sus derivados. Desde tiempos inmemoriales se la considera un ícono de la fecundidad, la maternidad y la vida misma. En una sociedad en que padres, hijos y nietos conviven en una misma casa grande, la vaca es un miembro más de la familia.

Si bien la diaria convivencia entre estas diosas rumiantes y los humanos transcurre con serena naturalidad, de tanto en tanto, se produce una noticia que las lleva a los medios.

En lo que va de enero, al menos dos vuelos internacionales debieron ser desviados a aeropuertos alternativos por la inesperada irrupción de una vaca en la pista de aterrizaje.

En el caso de una máquina que debía bajar en 
Ahmedabad y debió desviar aMumbai. La susodicha ingresó por la terminal de carga sin que nadie osara a interrumpir su paso. Ni muuu.

Los nacionalistas hindúes tiene especial devoción por las vacas y les atribuyen poderes mágicos sobre los que se dedican a cuidarlas.

Una comisión gubernamental anunció ahora el envío de 600 ejemplares a las cárceles como parte de un terapia de purificación para los presos. También aseguran un ingreso extra a los reclusos que se dediquen a procesar para la comercialización orina y estiércol de los sacrosantos animales, elementos que, se considera, poseen virtudes revitalizadoras muy apreciadas en el mercado local.

Pero no todo transcurre bajo los designios de la santa paz. Las autoproclamadas milicias de protección de las vacas han aplicado violentas represalias a quienes atentaron contra los preceptos que las resguardan. 
Entre las tropelías que trascendieron se cuentan linchamientos contra musulmanes y dalits ( intocables), hechos aberrantes frente a los cuales el poder central, parece hacer la vista gorda.

Ni hablar de los debates parlamentarios en Gujarat que elevaron a prisión perpetua la pena para los que maten una vaca y multas de hasta 1400 euros para los que accidentalmente terminen con la vida de alguna de ellas.

Otra de las trifulcas políticas del momento tiene a las más mimadas en el ojo del huracán. Que la India esté entre los principales exportadores de carne bovina del mundo no cierra. Si bien el argumento pacificador indica que se trata de carne de búfalo, el asunto mantiene en estado de máxima alerta a los militantes del Bharatiya Janata Party (BJP), partido al que pertenece el actual Primer Ministro de India, Narendra Modi, oriundo de Gujarat.

Mientras el Partido del Congreso liderado por la dinastía Nehru Gandhi impulsa la Revolución Rosa promoviendo el mercado de la carne, los conservadores hinduístas viven la movida como un hecho sacrílego y execrable.

Los argumentos que presentan suenan irrebatibles.



Para el hinduismo “la vaca es la morada de todos sus dioses. La vaca es poder y es madre y todo lo que nace de la tierra nace de la vaca”.

Alineados al BJP aparecen los ecologistas y los veganos. Para quienes las condiciones de los mataderos causan pavor.

No son pocos los lugares en India donde el consumo de todo tipo de carne está prohibido ( es el caso de la ciudad santa de Rishikesh) ni los templos a los que está absolutamente vedado el ingreso con ropa u objetos personales de cuero.

Esto sin contar a los jainistas ( una minoría religiosa intensa y extrema) cuyo primer mandamiento es la no violencia en términos absolutos. A tal punto tienen prohibido atentar contra la vida de cualquiera ser vivo que marchan por la vida portando una escobilla para espantar sin dañar hormigas o pequeños insectos que se crucen en su camino.

Los jainistas tampoco comen papas, cebollas, ajos ni tubérculo alguno que se desarrolle debajo de la tierra. No quieren alterar proceso alguno de la santa madre naturaleza. Es más, son sumamente cautelosos al ingerir los alimentos, para esquivar el más aterrador de los riesgos, tragar involuntariamente algún insecto. Cualquier traspié compromete de manera inexorable las futuras reencarnaciones.

Para ellos la cuestión de exportar o no carne vacuna está fuera de agenda. De ese tema, ni hablar.

  • 19.01.2018
  • Sociedad
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