LA VIDA DE LOS OTROS

  • > COMPARTIR

Entre los smartphones y el sari

2018-01-06

Los intocables están en pie de guerra. De eso se habla en los medios indios estos días. Protestan cortando rutas en Bombay. No es para menos. Reclaman salir de la marginalidad y maltrato a los que dicen los condena ocupar el más bajo de los rangos del escalafón social. Las políticas de discriminación positiva que proponen un pago en rupias para quien contraiga matrimonio con alguien de rango inferior no parecen haber tenido suceso. El sistema de castas resiste.

No se puede enmendar con incentivos económicos creencias ancestrales. Aquí las tradiciones son fuertes, vigorosas, y presentan batalla cotidiana al paso de la innovación en cualquiera de sus formas. Pero todo esta cambiando y muy rápido. Aunque hay que admitirlo, nada es fácil. Todo muy complejo, difícil.

En las calles, rutas y autopistas se expresan exasperantes las tensiones de este tiempo. Los autos de alta gama ceden el paso a las vacas, que como bien se sabe en India, no solo son sagradas, sino que tienen prioridad de paso. En cualquier caso es el paso cansino de las matronas lecheras lo que impone un poco de sensatez en el descontrolado estilo con que se maneja. Regulan la velocidad y aplacan a los ansiosos.

Por las estrechas callejuelas de Pushkar, las motos esquivan temerarias a los peregrinos que llegan a hacer su baño ritual en el lago sagrado. A bocinazo limpio avanzan zumbonas sin dejo alguno de pudor. Nada de Om. A meditar a los templos.

Entre el vaporoso paso de los “saris” y el disruptivo ingresó de los smartphones los millennials de la India dirimen sus contradicciones. Admiten que se padece.

Cuesta hacer coincidir el vértigo de la globalización de los tiempos que corren con las sagradas plegarias y prácticas del hinduismo. Las sacrosantas enseñanzas familiares entran en crisis. Correrse del lugar asignado es aterrador en una sociedad estratificada por imposición de la religión y la cultura.

Con la economía en crecimiento y una clase media en avance, en 2017 el parque de teléfonos inteligentes creció de manera exponencial. Cuarenta millones de celulares se sumaron a la vida cotidiana de los indios. 
Todos quieren su selfie.

Cual será el impacto sobre la cultura del segundo país más poblado del planeta y uno de los más atado a sus tradiciones ancestrales del acceso irrestricto a la aldea global.

Con sus nueve millones de habitantes, Bangalore, es hoy considerada la Silicon Valley del país. En la ciudad inmensa y caótica, el pasado y el futuro que pugna por instalarse friccionan fuerte.

Contaminación, caos y pobreza conviven con una generación avasallante que quiere entrar al mercado del mundo produciendo tecnología, aportando conocimiento. Una paradoja para un país con altísimos niveles de analfabetismo entre los adultos mayores.

Ni mano de obra barata, ni tentador mercado potencial. Quieren sus propias terminales. No les alcanza con exportar talento. Son varios los indios que hoy conducen la vanguardia de las empresas tecnológicas en varias capitales del mundo. Pretenden ser parte activa del proceso de innovación.

Tata Group, líder en tecnología de capitales indios con una facturación de 100.000 millones e Infosys, multinacional con base en Bangalore van a la cabeza con la arremetida.

Difícil saber cuándo y cómo el sostenido crecimiento de la economía de la india alcanzará a la gente reduciendo la pobreza y mejorando la calidad de la vida.

Mientras tanto millones de jóvenes indios vagan entre dos mundos. Un desafío inquietante para una cultura en la cual cada uno tiene un lugar de pertenencia al que se debe respeto y apego.

Lo nuevo abre puertas fascinantes pero los efectos colaterales son inquietantes. Confían, no obstante, en que la historia milenaria que los trajo hasta aquí y la vigorosa democracia que supieron conseguir les permitirá encontrar el futuro sin extraviar la identidad. No parece una tarea sencilla.

  • 06.01.2018
  • Sociedad
  • > COMPARTIR

Últimos Tweets