LA VIDA DE LOS OTROS

  • > COMPARTIR

Entre el cielo y la tierra: Luang Prabang.

2016-12-29

La ciudad de los mil templos amanece ofrendando a sus monjes.

Cientos de ellos dejan los santuarios antes de que el asome el sol y repiten a diario una ceremonia ancestral. De manos de nativos y peregrinos reciben alimentos y dinero.

En la República Democrática Popular de Laos la búsqueda del equilibrio espiritual que propone el budismo es un oasis frente a la desazón de la pobreza, la violencia y otros amargos avatares de la existencia.

En el país más bombardeado de la tierra un Buda dorado con las palmas alzada de frente sostiene su plegaria por la paz

Poco se ha hablado de la devastación que la mal llamada Guerra de Vietnam dejó sobre este pequeño país fronterizo y sin salida al mar.

Cuarenta años después las minas antipersonales sembradas en los campos de arroz siguen matando gente.

Se cuentan por cientos de miles las operaciones aéreas norteamericanas que descargaron dos millones de toneladas de bombas sobre este país pequeño, y profundamente espiritual.

Con el objetivo de cortar el suministro de la ruta de Ho Chi Minh hacia el sur vietnamita, este pueblo, neutral en el conflicto, fue arrasado.

Ni la Segunda Guerra de Indochina a la que Laos fue arrastrada, ni la ocupación Japonesa ni las luchas civiles o por la Independencia que consumieron a varias generaciones lograron apartar a esta gente su incansable búsqueda de lo trascendente.

Hoy miles de niños y adolescentes se forman en los principios del budismo a la espera de un encontrar razón y sentido a la existencia.

La imágen más frecuente del Buda que se venera en los templos asiáticos es la de un ser proporcionado en sus formas y equilibrado en su expresión. Ojos entornados, rostro suavemente afeminado e indulgente expresión de templanza.

Pero hay otro Buda. Rechoncho, satisfecho, regordete de formas y en apariencia empachado de placeres de la vida: es el llamado Buda feliz.

Entre ambos está el equilibrio, la tercera cuerda de la guitarra, aquella de la que se puedan arrancar dulces melodías, ni tan tensa que se rompa,ni tan floja como para no soñar.

Celosos custodios de sus bellos templos, leyendas y tradiciones, los laosianos se aferran a la divinidad para sobrellevar los avatares del tiempo que les tocó vivir.

“Si quieres conocer el pasado, entonces mira tu presente que es el resultado. Si quieres conocer tu futuro, mira tu presente que es la causa” BUDA

  • 29.12.2016
  • Sociedad
  • > COMPARTIR

Últimos Tweets