LA VIDA DE LOS OTROS

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El debate del aborto cortó la grieta y descolocó a todos.

2018-02-24

Si Moyano tomará antes un café con Mauricio que con Cristina está por verse. A esta altura de los sucesos, todo parece indicar que al hombre del camión cualquier bondi lo lleva.

Apremiado por las denuncias judiciales que no solo comprometen su buen nombre y honor sino que amenazan arrastrar su patrimonio familiar, el líder camionero parece dispuesto a todo con tal de salir del atolladero en que se encuentra.

Helado, Marcos Peña le plantó un "no". Por el momento no hay temas de conversación pendientes. Si de las causas se trata, dirigirse a Comodoro Py pareció ser la consigna del ministro coordinador. Cristina, por su parte, no parece tener apuro, mira todo desde el lejano sur y espera. Confía en su blindada centralidad. Tiempo al tiempo.

Si de la multitudinaria marcha del miércoles sale un "polo de oposición", como se pretende desde los sectores más duros del "anti macrismo", o todo queda en la nada, es todavía materia de análisis y conjeturas.

La pieza oratoria del inefable Hugo fue tan errática como autorreferencial. "No tengo miedo de ir preso, no tengo miedo de que me maten". Quedó claro por dónde pasan sus urgencias.

"Toda victoria es relativa, toda derrota es transitoria", es la frase que usó para cerrar su deshilachado discurso. No está del todo claro a quién iba dirigida. Tal vez un puente para, llegado el caso, volver a cruzar.

Poca palabra para focalizar en las demandas de los trabajadores, en los reclamos de los que lo acompañaron en la movida y que lo precedieron en el uso del micrófono, para los que superando prejuicios y escozores lo acompañaron amparados en la consigna "No es por Moyano es por Macri". Poca letra acerca de los despidos, el reclamo de paritarias libres, la derogación de la reforma previsional y el DNU de la discordia. De paro general, ni hablar. A muchos les dolió.

La foto maldita, tan deseada por el oficialismo, no pudo ser. No hubo selfie de Moyano con Máximo. La postal fue prolijamente evitada, quedó para otra oportunidad. En el palco estaban los unos y al ras de la tierra los demás. Todos juntos pero no revolcados. Salvo la izquierda, que expresó a viva voz su enojo con la tibieza moyanista, todos salieron contentos.

Subidos a potente "bitren" que comandó el camionero revalidaron la intención de plantarse fuerte contra el Gobierno. Todos rescatan la masividad de la marcha, cada uno con su particular reclamo. Unos y otros celebran que el oficialismo haya obligado a un hombre retirado a volver al ruedo.

Para los que miran desde el peronismo que busca la unidad, Moyano era ya una "célula dormida" y alimentan la convicción de que despertarla fue un terrible error político del Gobierno. Entienden que de todos modos, el hombre tracciona a los descontentos y aglutina la oposición y el malestar.

En la Rosada también festejaron. La imágen de un "tren fantasma" con el cual polarizar creen les sienta bien. Con CFK sosegada en sus aposentos, al menos por ahora, un Moyano resucitado, sostienen, no les viene mal.

Demasiado temprano para saber como termina esta película. La juntada convocó a sectores tan diversos que se impone esperar que esto decante. Con la imágen positiva en el fondo del mar ( no mucho más de 5 %), el hombre que supo construir un poder descomunal desde su gremio conserva, no obstante, fuerza propia y enorme capacidad de daño.

Si la idea fue advertir que no hay que meterse con los líderes del sindicalismo, el Gobierno redobló de inmediato la apuesta. Antes que terminara el jueves, Cambiemos presentó un proyecto de ley que equipara a los dirigentes sindicales con funcionarios públicos a la hora de ser juzgados por delitos de corrupción, los hace pasibles de ser encuadrados en las figuras de enriquecimiento y cohecho y aumenta fuerte la escala penal obligando al cumplimiento efectivo de penas privativas de la libertad en caso de condena. También obliga a la presentación de declaración jurada de bienes para los que dirijan o administren organizaciones que se hagan cargo de cajas sindicales y fondos de las obras sociales por entender que se trata de dineros públicos.

Otra fue la reacción del macrismo frente al "pañuelazo verde". Si la marcha de Moyano potenció la polarización, la movida por el aborto seguro, legal y gratuito abrió la puerta a un debate que corta y trasciende la grieta.

Un tema duro pero absolutamente transversal que escapa a la lógica bipolar que hoy afecta a la política. Libertad de conciencia para todos y todas y a tratar la despenalización del aborto. Un discusión parlamentaria inquietante que CFK nunca quiso habilitar pero que sus militantes reclaman de manera encendida.

La decisión de la Rosada de dar luz verde para tratar el tema de la interrupción del embarazo sorprendió a propios y extraños. El tema divide y fuerte en el interior de las distintas fuerzas políticas. Ni Macri, ni Michetti, ni Peña, ni Frigerio están a favor pero se decidió habilitar el tratamiento. Una decisión extrema que desplaza drásticamente el eje de la agenda. Macri busca cerrar el paso a los que lo corren por izquierda pero tendrá que afrontar las diferencias entre los suyos. De paso genera también una tensión adicional en el Justicialismo. La posición de Cristina en el Senado y de Gioja al frente del partido deberá confrontar con su militancia para sostener la coherencia.

Se espera que antes del 6 de marzo entre el proyecto que contempla el aborto no punible hasta la semana catorce y desde los 13 años por libre decisión. Y quienes lo impulsan van a pedir para el 8, Día Internacional de la Mujer, su tratamiento sobre tablas. Serán días intensos. Los alineamientos a favor y en contra prometen sorprender.

  • 24.02.2018
  • Sociedad - Política
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