LA VIDA DE LOS OTROS

  • > COMPARTIR

Breve historia de John. Camboya.

2016-12-30

Camboya. Entre dioses y demonios.

John se considera un hombre afortunado. 
A sus treinta y tres dispone de manera íntegra de su pequeña pero vigorosa humanidad.

Tiene brazos y dos piernas completas que mueve permanentemente.
Un beneficio del que no pueden jactarse muchos de su castigada generación.

Nacido pocos años después de la caída de los Khmer rojos, y con Pot Pol ya desalojado del poder, vivió su infancia en el campo camboyano.

Convertidas en juguetes siniestros de los más chicos, las minas antipersona que quedaron sembradas en la jungla y los arrozales dejaron cientos de miles de niños huérfanos o mutilados.

Muchos de ellos, hoy ya hombres, sobreviven regalando sus suaves melodías a las transeúntes en las encendidas calles de Siem Reap o Phnom Penh por unas pocas monedas, otros tantos se han suicidado.

John cuenta con pasión y vehemencia la historia reciente de su sufrido país.

Reserva su verdadero nombre, Saugoun, para su cuenta de Facebook, una red social a la que atribuye un invalorable aporte para la comprensión del mundo y los desafíos de este milenio.

Cree en las señales que los dioses dejaron en estas gigantes construcciones de piedra impregnadas alternativamente o de manera sincrética por divinidades del hinduísmo, el budismo y el taoísmo, pero se lo nota muy interesado por los desvelos de su tiempo: la libertad de expresión, el libre acceso a internet, el calentamiento global y la tala indiscriminada de la riquísima jungla camboyana.

El prefiere la memoria al olvido en el que se refugian los mayores para sobrevivir a la pena pero prefiere mirar adelante.

Con sus dos abuelos chinos asesinados por los jemeres rojos y su madre destrozada por una mina antitanque enterrada en el arrozal, él apuesta al futuro.

Nos muestra con orgullo lo detalles del Angkor Wat, el más grande parque arqueológico rescatado de la selva y nutre con historias y leyendas nuestra sorpresa y avidez.

Del “Templo de las Mujeres”, así llamado por la exquisita delicadeza de sus texturas en piedra al “de los murciélagos”, donde de acuerdo a un mito que nadie logró comprobar ni desmentir, vagan por las noches habitantes del lugar aficionados a alimentar su espíritu con la sangre caliente de seres vivos sean estos sapos, culebras o algún que otro vecino del lugar.

De los relatos de hechos incomprobables o otros tan atroces como documentados.
El caso de la pagoda budista que clausurada por los khmer fue fosa común de miles de camboyanos exterminados durante el genocidio de los setenta y hoy es santuario que expone ante el mundo los restos óseos sin nombre ni identidad alguna de una generación aniquilada.

Sus historias vagan sin tiempo. Van y vienen de siglo en siglo.

John nos sumerge en la comprensión antiguo reino khmer, pero su apasionado relato obliga a mirar el presente que hoy viven los habitantes de este país pequeño y castigado.

Reivindica las tradiciones recibidas de sus mayores pero como casi todos los de su generación se aferra a los beneficios y riesgos de la globalización y a su modo pone el cuerpo a las batallas de este, su momento.

Se nota que ama esta tierra que recibió de sus mayores sin beneficio de inventario y a la que parece dispuesto a defender y resguardar con sus encendida dedicación y convicciones.

Con un cuarto de su población por debajo de los 14 años y el 45 % con no más de 25, no hay tiempo ni espacio para mirar atrás.

Sobresalta la inquietante juventud este pueblo que perdió dos millones de vidas, un cuarto de su población, solo a manos del exterminio de los Polpotianos.

Conmueven las maneras suaves, las sonrisas frescas y las manos que se juntan como en oración para recibir y agradecer.

Son los gestos de una nueva generación que a pesar de tanta guerra y muerte parece empeñada en no perderse el futuro.

  • 30.12.2016
  • Sociedad
  • > COMPARTIR

Últimos Tweets