LA VIDA DE LOS OTROS

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"Ser feliz en Sidney"

2017-01-13

Sydney vibra en todos sus rincones. Si algo transmite esta ciudad hiperactiva y desafiante es un inmediato shot de energía.

Imposible oponer resistencia al tsunami de endorfinas que te vigoriza el cuerpo y aligera el alma a poco entrar en la atmósfera de los “sydneysider”. Un gentilicio sin traducción conocida al castellano.

Ubicada entre las diez primeras en el ranking de calidad de vida, Sydney brilla en los detalles de su belleza urbana y natural.

Cuáles son los parámetros con los que se mide el “índice de la felicidad”? Ese que según los organismos internacionales la ubican entre los primeros lugares año tras año.
Son solo los datos relacionados con los estándares de calidad de vida? Basta el acceso a bienes y servicios dentro de los registros de los países más desarrollados?

La OCDE, Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, ubicó a Australia en el primer lugar entre los países más felices del mundo.

Con una tasa de desempleo en torno al 5%, el 73% de la población de entre 18 y 64 años con trabajo remunerado y una expectativa de vida de 82 años, 
el 85 % de los australianos dice tener a diario más experiencias positivas que negativas. Más momentos de alegría que de tristeza.

Los datos de educación son también superlativos.
El 77% de los adultos de entre 25 y 64 completó su educación media superior. Eso ayuda. 
El estudiante promedio supera en varios puntos la media de la prueba PISA con 512 puntos por sobre los 497 en los países más avanzados.

Con la misma destreza que los caracteriza para montarse sobre las olas que golpean sus playas, han logrado surfear las crisis económicas del nuevo milenio y sostenerse como la economía número 12 por volumen de PBI.

El Índice de precios al consumidor no parece ser un tema que los sobresalte. La última variación interanual a septiembre de 2016 fue del 1,3%

Si bien la brecha entre los que más y menos ganan es alta, el 20% de la población gana alrededor de cinco veces más que el 20% más bajo, es sensiblemente más estrecha que la por nosotros conocida.

Pero,como el dinero calma los nervios pero no garantiza la felicidad, vale reparar también en otras cuestiones.

Un espacio público amplio, excitante y compartido, una convivencia en la diversidad en la cual todos respetan las normas a rajatabla, un envolvente contacto con la naturaleza y un sostenido y consciente cuidado del medio ambiente aumentan la medida del disfrute.

Sidney es una ciudad bella por donde se la mire, pero es además limpia, ordenada y segura.

Nadie transgrede aquí las normas acordadas sin asumir costos.

Las políticas públicas son estrictas pero la gente no parece sentirse avasallada. Se desalienta el consumo de alcohol y la vida nocturna. Todo cierra a las 22 pero la vida bulle desde temprano en los muelles soleados y las bahías y se prolonga en las playas doradas que festonean los bordes de la ciudad.

Con casi 24 millones de habitantes, de los cuales más de 6 son inmigrantes, el “país más afortunado” tiene un muy alto grado de compromiso cívico y participación ciudadana. El 97 % de los electores, va y vota.

Con un bajísimo índice de homicidios y mínima percepción de la corrupción estatal, los australianos le tienen más miedo a los tiburones que merodean sus costas que a los delincuentes. 
También sufren el asedio de las medusas que suelen ser tan bellas como belicosas pero se las arreglan para mantener a raya los embates de la naturaleza y seguir gozando de sus maravillas.

En Sidney parece que hay sol hasta en los días nublados, lo viejo y lo nuevo se rozan con armonía, gente de todos los colores y procedencias sienten la disposición del tiempo espacio como algo propio, lujoso y festivo.

Cada barrio tiene su identidad y en cada uno se percibe una cotidiana celebración de la vida. Paddington, Surry Hills, Bondi beach y Wollomollolloo, China Town, Darlinghurst y The Rocks compiten en encanto y hospitalidad.

Difícil sentirse un extraño en esta urbe construída por inmigrantes llegados de otras latitudes en un viaje de ida, y a los que se rinde homenaje y reconocimiento grabando el nombre de cada uno en la piedra indeleble de un memorial.

Imposible no dejarse embelesar por esta ciudad con forma de mano abierta y generosa y largos dedos que se extienden sobre el agua de la bahía.

Sydney, cosmopolita y global, techie y memoriosa. Con mucho de NYC, otro tanto de Londres, trazos glamorosos de Miami beach y un corazón propio, único y musical que late en el centro de la Bridge Harbour, el emblemático edificio de la Opera House.

  • 13.01.2017
  • Sociedad
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