DUDAS Y CERTEZAS

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Vivir con esto.

2020-09-05

Ahora hay que vivir con esto. No queda otra. De eso se trata. La llegada de septiembre, un mes que muchos visualizaban como una fecha de salida, nos encuentra en el peor de los escenarios.

Hemos llegado a un punto de inflexión. No hay plazos, ni fases, ni picos ni posteriores descensos, ni curvas que vayan a permanecer necesariamente aplanadas.
El comportamiento del virus desconcierta. Nadie maneja certeza alguna. Asumir que estamos viviendo una pesadilla de escala global nos obliga a un duelo de profundidades insondables. Nada volverá a ser como antes. Con o sin cuarentena, con o sin restricciones se acabó lo que se daba.

Todo es nuevo y a su vez nada de lo que se dice y sostiene puede garantizarse. No hay un rango de verdades consolidadas sobre las cuales apalancar proyectos ni diseñar planes a desplegar. Vivimos en un día a día, un minuto a minuto enloquecido. La realidad económica, social y política de nuestro país es también desconcertante.

Los datos de las últimas horas dan cuenta de una estrategia fallida. Pensada desde un punto de vista integral “la cuarentena más larga del mundo” fracasó. No resultó efectiva en el plano sanitario y el costo sobre la actividad productiva y la economía está resultando devastador.
La dramática irrupción de los intensivistas mediante el recurso de una carta abierta desesperada y desesperante, expuso uno de los puntos más endebles de la estrategia oficial.
La encerrona colectiva dió tiempo a duplicar camas pero lo que se hizo no evita el inminente colapso del sistema. El personal de salud preparado para atender a los enfermos que demandan atención compleja resulta insuficiente y se presenta agobiado por el trabajo y la exposición a la carga viral que los enferma y mata.

Los pronósticos que los médicos de las unidades intensivas bajaron esta semana son aterradores. Dan cuenta de los errores de cálculo cometidos en la planificación del confinamiento. La ecuación de cierre temprano, diferimiento del supuesto pico y extensión ilimitada sólo condujo a un peligroso cuello de botella.

Es probable que haya evitado un mayor número de muertes en los primeros meses del aislamiento pero nada asegura que el desmadre no llegue en las puertas del cuarto trimestre.
“No hay peor cuarentena que la que no se cumple”, repite como una letanía el Dr. Eduardo López. Integrado al equipo que asesoró desde la primera hora, el prestigioso infectólogo asegura que no hay manera de volver atrás. Propone recurrir a las cuarentenas localizadas y de tiempos cortos, aumentar los testeos y aislar a contagiados leves y asintomáticos.

Liberar actividades de manera segura para ir recuperando algún tipo de normalidad demanda un trabajo muy intenso de detección y seguimiento de los contactos estrechos. Muchos recursos y más despliegue logístico. Muchos kits, más rápidos y confiables. Una carga rigurosa y al día de los casos reportados. Nada de eso estaría funcionando a tono con la gravedad del momento.

En la Provincia de Buenos Aires no son pocos los lugares de aislamiento preventivo que quedaron vacantes. Se habla de dificultades para identificar, trasladar y aislar a los sospechosos. Algo también allí falló o no alcanzó las consecuencias están a la vista.

Eduardo López no encuentra problema en que se abran los colegios de CABA para recibir a los chicos que quedaron fuera del radar a razón de dos o tres por aula y con solo un docente por aula. También cree que es hora de abrir las escuelas rurales sin riesgo alguno. Esta mirada, muy calificada, contradice en este punto la posición del gobierno nacional de impedir cualquier apertura en la Ciudad de Buenos Aires. De hecho el último DNU prohibe habiitar patios interiores y terrazas a los bares y restaurantes porteños que solo podrán atender en calles y veredas. Que la opulencia no se note.

El desmadre de la hora no es solo sanitario y económico. La política presenta también síntomas preocupantes. Es urgente despolitizar el trámite de la pandemia. Los escarceos y especulaciones electorales en torno de estas cuestiones generó un creciente estado de devaluación y sospecha en torno de la palabra oficial.

Alberto Fernández dice que no hay cuarentena, que salió a dar una vuelta en auto y que vió mucha gente en la calle. Una cosa es decir que no rige la cuarentena y otra muy diferente es que no se está cumpliendo.

No queda claro de qué país habla el Presidente. Los vuelos decabotaje están interrumpidos desde marzo, no circulan colectivos de media y larga distancia, el transporte público en la región AMBA está solo accesible a los trabajadores esenciales. Hay fronteras interprovinciales e interjurisdiccionales bajo estricto control y cientos de trabajadores no están habilitados para ejercer su oficio. De eso no se habla.

“Nos preocupa que la Argentina se convierta en otra Venezuela”, dijo Peter Cerdá, Vicepresidente para la Américas de IATA, la poderosa Asociación Internacional del Transporte Aéreo, al señalar que la Argentina es el mayor mercado de la región donde la aviación sigue suspendida”. Las compañías aéreas internacionales, también restringidas al máximo, comienzan a abandonar el país.

El Jefe de Estado elige una manera elíptica de aceptar que el DNU del ASPO (Aislamiento social preventivo y obligatorio) devino de cumplimiento imposible.

El Presidente no logra hacer pie en su versión pos-cuarentena. Despojado de su outfit de sanitarista avanzar sobre las urgencias del momento se le está complicando.
La grieta de adentro le juega en contra. El oficialismo ha empezado a lavar los trapos sucios en el espacio mediático. El cotidiano paneleo de los funcionarios del más alto nivel se traduce en como una suerte de reality tan excitante como agotador.

Sergio Berni dice que, en nombre del Peronismo, está harto de que se repartan planes sociales y acusa al Movimiento Evita de estar detrás de la toma de tierras. Hace responsables directos a Emilio Pérsico y al Chino Navarro. Navarro quien además de referente del movimiento social es funcionario de la Jefatura de Gabinete intima al Ministro de Seguridad de la Provincia a presentar la denuncia a la justicia y lo trata de “charlatán de feria”, todo en la ardiente tarde de la TV.

El Ministro de Seguridad de la Provinciai dice que hay que entrar, desalojar y detener. La Ministra Frederic se toma de setenta y dos horas para admitir que las tomas constituyen un delito. Tardó un buen rato en alinearse y reaccionar.

Detrás de la movida están las diferencias acerca del manejo de los recursos del asistencialismo entre “La Cámpora” y los movimientos sociales. Una tensión que parece ir creciendo a medida que se acerca el año electoral.

“El Albertismo no existe”, dijo Alberto Fernández. Esta idea de que con sus modos moderados y acuerdistas lograría cohesionar al PJ y obtener densidad de poder propio para administrar los desequilibrios del Frente de Todos que ilusionaba a algunos quedó descartada.

El apremio por contentar al sector que lidera CFK desde el Patria, complica todos y cada uno de los intentos de imponer ideas y políticas propias al Jefe del Estado.

En el ojo de la tormenta también revista el Jefe de Gobierno de la Ciudad. Alberto insiste en sostener que Horacio Rodríguez Larreta es su amigo. Esto de que” los amigos de mis amigos son mis amigos” no estaría siendo posible en este caso.

Implacable CFK la emprende en cuanto puede contra Horacio Rodríguez Larreta. “Mirá este hilo de @Lucampora y te vas a sorprender tanto como yo de las cosas que hace el macrismo en la Legislatura porteña, que responde a Horacio Rodríguez Larreta, y que nadie se entera"
...”parece que no solamente Rodríguez Larreta dice una cosa pero hace otra..”, dispara la vice desde twitter.

La ex presidenta tiene sus razones. El Jefe de Gobierno de la Ciudad, que se perfila como uno de los políticos mejor posicionados frente a la opinión pública y posible candidato en 2023. Moderado y componedor no resulta funcional a los que apuestan a la grieta y la confrontación.
Todo esto ocurrió está semana mientras Sergio Massa ejecutaba un verdadero zafarrancho de combate en la Cámara Baja que preside. Los intentos por diferenciarse del ala radicalizada de la coalición que integra sucumben también para el ex férreo opositor reinventado oficialista ante la cruda realidad.

El traje de presidente de Diputados empieza a tirarle de siza al tigrense. Se ve obligado a ejecutar sus acciones en modo K, un estilo que supo repudiar cuando renegaba contra el Cristinismo desde la oposición. Si el Albertismo no existe por qué una nueva versión del Massismo sería posible. Subordinación y valor.

La Cámara de Diputados logró aprobar a duras penas el martes pero todo terminó en un verdadero escándalo. Tan confuso resultó todo que el mismísimo Presidente cargó con el equívoco de decir ante los industriales que en la ley no se pudo tratar cuando a duras penas pudo ser votada y aprobada.

Mucho más eficiente estuvo este viernes la Senadora Anabel Fernández Sagasti, quién por videoconferencia presidió la audiencia de la Comisión de Acuerdos en la que se obtuvo dictamen el traslado de los jueces Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Grrmán Castelli a sus tribunales de origen, sacándolos de la causa de los cuadernos. Otro frente de conflicto con la oposición, ahora en el Senado.

La dirigencia política no parece estar a la altura de las circunstancias. Nos toca convivir ahora con el virus y con un escenario político también devastado.

El oficialismo no logra bajar un mensaje unificado en relación a ninguno de los temas que preocupan a los argentinos. Se juegan fuerte fogoneando la grieta sin comprender que los métodos del pasado solo funcionan para seguir cazando en el zoológico.

La oposición, mientras tanto, también chapalea en sus tensiones internas. Sin un liderazgo firme a la vista, halcones y palomas esquivan quedar pegados a la figura del hombre que supo darles cohesión e identidad y que hoy, de regreso de Suiza, pretende abrazarlos con el caluroso impulso de un oso sin comprender ni aceptar que su tiempo también está terminado.

  • 05.09.2020
  • Sociedad - Política
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