DUDAS Y CERTEZAS

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Sin fecha ni plan de salida.

2020-07-04

Berni produce día a día su propio reality. Un montaje tan excitante como pochoclero. Una saga de alto impacto que incluye locaciones extremas, outfits para cada ocasión y acción, mucha acción. Un despliegue cuidadosamente pensado para poner en escena a nuestro Rambo de cabotaje: Un Berni todo terreno.

Médico y militar, cirujano, abogado y ministro en la trinchera. Va del retén al testeo pasando por un operativo antinarco, Bersa Thunder PRO en mano. Con el barbijo y el casco puesto puede tanto descolgarse de un helicóptero como cruzarse el conurbano sobre su moto de alta cilindrada para reconvenir, handy mediante, a un jefe de la Federal. Del mameluco antico vid al chaleco antibalas, previo paso por el alcohol en gel. Incombustible.

Un hombre de acción que le pone el cuerpo tanto a las balas como a los virus. Un doble de riesgo apto tanto para un roto como para un descosido. Temerario y audaz, sea para la puesta mediática como para la confrontación política. Cuestión de imágen, y de poder, claro.

Los productores de noticias confían en su despliegue. Saben que el showcito está garantizado. Basta mandar los móviles al lugar indicado en el momento indicado, del resto se ocupa el super-Berni.

La “entrega controlada” de este miércoles puede considerarse una suerte de epifanía. Ofreció un up grade. Cruzó una raya jurisdiccional. Ejerció una vez más el sacrosanto ejercicio de la provocación buleando a la Ministra de Seguridad que lo mira por TV en vivo y en directo. La movida fastidió en Olivos, pero el Presidente prefirió poner mute.

Si Berni está solo juntando millaje para su ambiciosa carrera política, alimentando el personaje que le gusta ser, o si obra por cuenta y orden de su jefa para fustigar al Presidente, es a esta altura irrelevante. Puede que esté jugando los dos partidos al mismo tiempo.

En cualquier caso el inefable Ministro de Seguridad de la administración Kicillof deja expuesta la debilidad del poder presidencial cargándose de un solo disparo a Sabina Frederic, quién queda indefensa frente a la embestida provincial. Apremiada por la desbordante gestualidad de Berni, la Ministro de Seguridad sale a recuperar imagen trajinando por retenes y puestos de control. El Presidente guarda prudente silencio.

Alberto Fernández se enoja en la intimidad pero no reacciona. Lo deja correr.

Impasible o impotente ante las provocaciones e “ideas locas” que le embarran la cancha y liman la credibilidad, se ofusca con los periodistas que dan cuenta de lo que va pasando.

El Presidente parece convalidar con su silencio lo que Berni ha dicho con todas las letras: Que la única conducción política que reconoce es la de Cristina Fernández de Kirchner. “Cuando ella dice vamos para allá, a nadie se le ocurriría ir para otro lado”.

El problema no consiste en aceptar que Berni esté utilizando los avatares de la pandemia para instalarse políticamente. La cuestión es que deja a la intemperie la dificultad objetiva del Jefe de Estado para poner en caja a los que juegan en los extremos y le impiden cohesionar el variopinto armado político que lo instaló en el poder.

Algunos creen que Alberto Fernández no tiene capacidad de resistir el avance de los sectores más radicalizados del Frente de Todos, contrariando el impulso de Vice; otros sostienen que nunca fue un moderado y solo se presentó como tal para hacerse de los votos que le faltaban a CFK. Es más, sostienen que Alberto es CFK y que esos son los términos de la sociedad que conforman.

Aferrado a la gestión de la cuarentena, con argumentos que, debido a la fatiga social y la devastación económica, le cuesta ya sostener; Alberto Fernández se ve obligado a lidiar con el loteo horizontal del poder que se expresa a diario en la gestión de varios de sus ministros.

En la agenda cotidiana, las ideas, proyectos y gestiones del Albertismo resultan frenadas y sofocadas por el avance de las segundas líneas que, en las carteras ministeriales, impuso el Patria.

Tampoco fue precisamente un aporte a sostener la autoridad de Alberto Fernández la descarnada sinceridad de Ginés González García. El Ministro de Salud aseguró que la restricción a los runners en CABA no está relacionada con los riesgos de la actividad física en orden a la expansión del virus, sino con la necesidad de generar ”precauciones en lo gestual”.

El bueno de Ginés reconoció que “no es bueno ver” que se desarrollen prácticas deportivas en la Ciudad cuando en otras zonas (Entiéndase Provincia de Buenos Aires) se restringen de manera absoluta este tipo de actividades.

La lectura en clave política obliga a comprender que el Presidente cedió a las presiones de Kicillof condicionando la estrategia aperturista de Rodríguez Larreta. Con la curva de casos en crecimiento, dificultades ciertas para aislar a los testeados y una creciente sensación de desborde social, la pandemia deja a la intemperie la precariedad del territorio político en el que encuentra su base el kirchnerismo.

Un dato curioso para sumar a este asunto es el que da cuenta de que, más papista que el Papa, Alberto Fernández quería cerrar también la actividad industrial en pleno hasta horas antes del último anuncio. Es probable que el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires lo haya convencido de no restringir aún más la actividad productiva.

La militancia cuarentena- anti cuarentena acelera la profundidad de la grieta.

Están los que creen que el Presidente, lejos de estar abogando por la protección de la vida, se deja estar en la pausa que impone el confinamiento porque necesita patear las definiciones políticas y económicas para adelante. O lo que es aún peor, porque entienden que la prolongación del encierro y de la debacle del sector privado es funcional al modelo de sociedad con el que sueña el Cristinismo en su forma más radicalizada.

Sin llegar a una visión tan sesgada, aparece un Jefe de Estado con dificultades para definir una agenda post pandemia en medio de un ir y venir por decisiones, que suman contradicción.

“No lo sé, no me gusta macanear, nadie lo sabe", dijo González García en relación a una fecha cierta para salir del encierro. La incertidumbre en relación a lo sanitario tiene un escalofriante correlato en el plano político y económico.

Consultados acerca de que se está pensando por la post pandemia, funcionarios de la mesa chica de Olivos aseguran que se está trabajando en dos escenarios posibles. Existe un Plan B para el caso de que la cuestión de la deuda no termine bien, pero no dejan trascender detalle alguno.

El riesgo de caer en el default no está descartado. Este lunes se formalizará una nueva propuesta, obviamente será la última. Más de los esfuerzos que se hicieron para proveer soporte simbólico y político en el ámbito internacional, la negociación dura está en manos de Martín Guzmán. "Alberto es Guzmán y Guzmán es Alberto", ratifican

“La gente está confundida”, dijo Alberto Fernández cuando vio a miles de personas manifestando en las plaza y aporreando cacerolas. Es probable que esté en lo cierto.

¿Cuántos son los Fernández que coexisten en Alberto? ¿Como piensa, en verdad, el Alberto que está gobernando? ¿Es el que se reúne con los empresarios endulzando los oídos de los grandes decisores de la economía, el que llena de mieles a Marcelo Mindlin, o el que se avino a fogonear la expropiación la Vicentín con el argumento de la “soberanía alimentaria?

¿Es el que se presenta como un indulgente protector de la vida mandándonos a guardar y postergando el ejercicio de nuestros derechos más básicos o el que guarda silencio frente a la liberación de los presos, la escalada contra los periodistas o los atentados a los silobolsas? ¿Es el que extraña a Chávez, Evo, Correa y Bachelet, o el que dice querer sentados a la par a los gobernadores y opositores para construir consenso?

Es curioso, mientras los sectores de la oposición con ideas del centro democrático, se organizan para acompañar al Presidente en el dramático pasaje de esta fase de contención de la pandemia hacia el dramático momento de la reconstrucción de la economía y la compensación de daños, los grupos más extremos y radicalizados tanto del oficialismo y oposición juegan con fuego en los extremos. 

  • 04.07.2020
  • Sociedad - Política
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