DUDAS Y CERTEZAS

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Se acabó el amor.

2020-09-12

Se acabó el amor. Alberto Fernández definió de un solo tajo el perfil de su gestión. Ocurrió este miércoles sobre el cierre de una jornada inolvidable. Horacio Rodríguez Larreta lo puso en palabras 24 hs horas después. “Eligió la división”, dijo.

El Presidente de la Nación dinamitó todos los puentes con la oposición y, al hacerlo, remató con un último y letal disparo el remanente de confianza que en algunos pocos seguía inspirando su presencia y conversación.

Entre el amigo y el ahijado putativo, optó por este último. En el peor momento de la pandemia se cortó sólo para asistir al vástago político de CFK. Un Kicillof desbordado por los acontecimientos y paralizado por la crisis que llegó hasta las mismas puertas de su casa, fue revivido contra reloj en el shock room de campaña montado en Olivos.

En una jugada de destemplada y avasallante, el Jefe de Estado administró plasma de convaleciente al Gobernador. En un intento desesperado por recuperarlo hizo una extracción compulsiva de vitales recursos a la Ciudad. El Jefe de Gobierno sufrió la intempestiva ablación sin administración de anestesia alguna.

“Quédate tranquilo, esto lo vamos a resolver”, susurraba un íntimo mensaje de whatsapp enviado por el Presidente desde su teléfono personal un minuto antes del aire. El mensajito selló el fin de una relación. Quedó claro que se trataba de una vínculo amoroso pero clandestino.

Cristina es implacable, no admite relaciones paralelas. Hay que entenderlo así. Todos los asuntos, acuerdos y entendimientos que Alberto Fernández puede construir por afuera de la casa matriz tienen la volátil liviandad de un buen momento. Se agotan en el acto.

Alberto no puede asumir compromisos en firme con nadie. Está politicamente casado. CFK no es su amiga, es su consorte, su socia. Rige entre ellos un suerte de contrato precedente que se ejecuta a diario. El hace honor a su palabra. “No pretendan dividirnos...Cristina y yo somos lo mismo". De eso se trata.

Lejos quedaron los tiempos en el que los hombres de negocio percibían a Alberto como un último dique frente a la radicalización. Lejos, los sueños peronistas de un Albertismo que los arropara en sus diferencias, moderando las tensiones que el kirchnerismo aplica al PJ.
Alberto Fernández no quiso o no pudo hasta aquí pero siempre dejó margen a un hilito de ilusión. Esta vez cortó. Y no precisamente por lo sano.

Desprevenidos, los jefes comunales llegaron a Olivos para resguardar al Presidente cuando tenía la casa rodeada y sin mediar palabra, alguna fueron ubicados en el set televisivo del anuncio. La perplejidad lo encontró ya en vivo y en directo cuando apareció la primera filmina. Nadie les advirtió para qué habían sido convocados. Lo vivieron como una emboscada, una suerte de redada. Algunos testigos del final hablan de recriminaciones e insultos entre los alcaldes y Kicillof.

Si la revoluta de los uniformados plantó imágenes de un patético remedo de los levantamientos carapintada de los 80. La foto de los intendentes cambiemitas embarbijados mirando a cámara evoca a los verdugos del ISIS exhibiendo las próximas piezas a decapitar.

El Presidente, en quién muchos empiezan a ver como un Jefe de Gabinete remixado, debería aplicar el mismo desapego emocional para entender lo que está pasando. La experiencia de su paso por el gobierno nestorista no le estaría resultando suficiente para entender el momento. El contexto es ahora otro.

La revulsiva protesta policial que llegó a los pies de la cama del poder da cuenta de un peligroso proceso de descomposición y desmadre en la fuerza de seguridad más grande del país.

La maldita policía devino atractiva alternativa laboral para miles de jóvenes de los barrios populares en los tiempos de Scioli. Encontraron en la fuerza una identidad, un espíritu, una suerte de ascenso en la resbalosa escalada social pero muchos llegaron sin la madurez ni formación indispensables para integrar una fuerza armada civil pero con cadena de mandos.
Los descarnados testimonios transmitidos en vivo y en directo desde el puente 12 y la puerta Maipú de la Quinta de Olivos desnudan una cruda realidad. Una policía librada a su suerte, vulnerable frente a la enfermedad, sin contención y pauperizada. Acicateada por las arengas de un Berni, ministro incombustible.

Este jueves, 39.000 de sus efectivos armados recibieron sobre su sueldo el equivalente al monto de un IFE y algunas variables más. Para lograrlo tuvieron que ocupar la calle. Piqueteros del Nuevo milenio. Se plantaron y mejoraron su situación. Sentaron jurisprudencia.
Puede que el Presidente haya enmendado en parte la culpa que le produce la “opulencia” capitalina. Puede que se tome en serio el relato a lo Robin Hood de sacar a los ricos para dar a los pobres, puede incluso que aplaque las demandas de su vice, en combate contra agapantos que riega Larreta y que, para su fastidio, volverán a florecer en Noviembre, pero Alberto Fernández sabe los costos que está condenado a pagar por ejercer el poder de esta mala manera.

Esta recurrente idea de que gobernar consiste en nivelar hacia abajo termina convirtiendo a todo lo que se mueve o toca en un nuevo plan social. Ocurrió con las jubilaciones, ocurrió con la policía bonaerense y se profundiza de manera exponencial con la pandemia.
La cuarentena que “no existe más” pero que a la vez es eterna, dió la luz a una nueva clase social: los pobres COVID. Millones de argentinos que no estaban ni quieren estaren el radar del asistencialismo pero que cayeron en la indefensión económica en riguroso cumplimiento de las restricciones del ASPO. Mas carne de cañón para los que hacen de la pobreza un culto y de cada pobre un voto.

Convertida en una suerte de Santa Patrona del Conurbano Bonaerense, la Vicepresidenta obtuvo aire e indulgencia para Axel kicillof a costa de su nuevo blanco fijo, el Jefe de Gobierno. Sale Mauricio, entra Horacio.

Kicillof es quien mejor contiene a CFK en la provincia, solía repetir Alberto Fernández en tiempos preelectorales. Se refería a los votos, claro.

El manotazo de esta semana sobre el punto de coparticipación a la ciudad “tan bella desigual e injusta” no solo se lleva puestos los helechos capitalinos, también oficializa una certeza.

El kirchnerismo blanqueó, siempre a su modo, una virtual “toma de tierras” sobre el segundo y tercer cordón, esa suerte de corazón de la pampa húmeda de la política, ese inmenso y desarrapado territorio sobre el que hacen pie. La zona más productiva en votos. Aquella sin la cual no hay chances de llegar al poder.

Ya nada será igual después de este sablazo. Rodríguez Larreta calificó la quita como “arbitraria” e “ inconstitucional” y anunció que irá a la Corte. También instruyó a los suyos para que tramiten una “cautelar” que en caso de prosperar dejaría sin efecto en lo inmediato la ejecución de la medida.

El “amigo” Horacio acusó recibo de lo que que dicen vivió como una traición. Dejó traslucir sus emociones sólo echando mano a las palabras “nos sacan fondos de un día para el otro en medio de una pandemia”. Sin perder la templanza zen que lo caracteriza aseguró que seguirá apostando a la búsqueda de acuerdo en el marco de sus responsabilidades dirigenciales pero dijo “El tango se baila de a dos, y lo de ayer fue un retroceso”.

Punto final para la troika pandemial. No más “menage a trois”. Seacabó el amor. Puede que los respectivos Jefes de Gabinete tengan que verse más seguido. Santiago Cafiero y Felipe Miguel están llamados a enmendar los acuerdos pendientes. La relación política personal entre ambos está herida de muerte.

El recorte anunciado se lleva puesto algo más del 60% de los recursos destinados a mantener la seguridad. El mismo jueves comenzó a ejecutarse por goteo la quita. La Nación ya está dejando de coparticipar a un promedio de 145 millones diarios.

En lo que resta del año la Ciudad dejará de recibir alrededor de 13.000 millones. Y algo más de 53.000 en 2021. Esto supone un 9% de la recaudación total en un año por complicado por la caída de ingresos como consecuencia del ASPO. Con un incremento de gastos cercano a los 20.000 millones por la pandemia. Se calculó un impacto del orden de los 100.000 millones de pesos, una cifra cercana al 25 % de presupuesto anual. Si la cautelar no llega y continúa el recorte el golpe comenzará a sentirse en el cortísimo plazo. Se viene en la Ciudad una economía de guerra.

Sin buscarlo, y a destiempo, Rodríguez Larreta termina eyectado a escala nacional y se posiciona como candidato 2023. Tendrá que lidiar con la despiadada estrategia del “látigo y la billetera” que volvió para quedarse, administrar en la escasez y resistir los embates de los halcones del oficialismo y el fuego amigo de los más duros de su fuerza que reniegan de su moderación y le piden beligerancia y confrontación. Quieren que baje al barro a pelear.

Larreta respira hondo para seguir siendo como quiere ser. Temple y resiliencia le sobran. Los suyos aseguran que nunca lo han visto perder el control de la situación. Es constante y metódico. Disciplinado hasta lo exasperante. Casi robótico. Sale a correr tres veces por semana aunque no haya amanecido y acomoda su agenda para comer un yogurt y una manzana siempre y exactamente a la misma hora en la mitad de cada tarde. Disciplina oriental. Le va a hacer falta.

Atrás quedó la refriega por los runners, las mesitas en la vereda y los 6500 chicos que quedaron descolgados de las escuela. Ahora se dispara con munición gruesa.
Una nueva grieta viene a desgarrar la ya caldeada piel de todos nosotros: la cosa ahora es entre porteños y bonaerenses, entre capital y Provincia. ¿Vos de qué lado de la General Paz estás?

A pesar del respaldo de los gobernadores alineados con el oficialismo, excepción hecha del cordobés Schiaretti, Alberto Fernández, estára de aquí en más bastante más solo que el martes. Reempoderar con estos modos a Kicillof y todo lo que el gobernador representa, Berni incluido, lo aleja inexorablemente de muchos interlocutores que todavía esperaban mucho de él, en orden a hacer posible la búsqueda ordenada de acuerdos y consensos.
Todo eso se rompió este miércoles. Una pena.

Quedar sellado en cuerpo y alma a su genitora política no es la única consecuencia de haber jugado tan fuerte. También apuntaló un convencimiento. “El que no llora no mamá”.
Detrás de los policías hacen fila médicos, enfermeras, personal de salud y docentes. Todos en la primera línea de fuego de la pandemia.

Termina una semana cargada de definiciones. Quedó claro que se aceleran los tiempos de la política, que a Kicillof la complejidad de la Provincia lo supera, que Rodríguez Larreta es percibido como un opositor a desgastar y por lo tanto presidenciable y que Alberto Fernández y Cristina Fernández son, de aquí en más, la misma cosa.

  • 12.09.2020
  • Sociedad - Política
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