DUDAS Y CERTEZAS

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Pequeñas niñas madres con minúscula.

2019-02-02

Hablar de niñas de doce “madrazas” y de “abuelas abortistas” es de una impiedad que ofende al común de las mujeres, una manipulación emocional e ideológica que causa espanto. Una manifestación de machismo explícito y brutal. 

Una sociedad madura no convierte en heroína a una nena ultrajada por sobrellevar el peso horroroso de una violación, ni a una madre desesperada en una asesina por pretender liberar a su niña de un destino marcado por una cultura que consagra el cuerpo de la mujer como un objeto de uso, abuso y diversión. 

Una sociedad madura persigue a los violadores los identifica, acorrala y condena de manera efectiva. Una sociedad madura educa y legisla para el respeto y la libertad de decisión. No avala desde el púlpito y la academia el impulso sexual cuasi animal que acecha a las chiquitas más vulnerables y convierte sus vidas en un infierno. 

Hablar de “ovarios casi infantiles” para validar la existencia del instinto materno denota un primitivismo aberrante, una ignorancia brutal, una liviandad complaciente con la procacidad. 

Dar la bienvenida a “niños felices” de “ambas mamás” para referirse a la dramática realidad de chiquitas apenas púberes olvidadas en manos de depredadores sexuales, con los que miles de ellas, comparten techo y comida es de un cinismo infrecuente. 

El relato editorial en cuestión propone reflexionar acerca “de lo que es natural a la mujer”. En ningún caso la gestación de una vida por la imposición de la fuerza puede conducirnos al disparate de divagar sobre el instinto maternal. 

A los doce no se es madre precoz. A los doce, una niña embarazada es siempre víctima de un atropello, de un delito, de una conducta reprochable o ,cuanto menos, del abandono y la ignorancia. 

Ninguna figura de varón aparece expuesta en esta historia. No hay novios, abuelos, padres, padrastros, tíos ni vecinos presentes en este drama. Los que aparecen en todas las estadísticas en este caso no están, simplemente no revistan.

Son las niñas las que “se embarazan”, son sus madres , sus abuelas las que las inducen a deshacerse de un destino de una fatalidad que “algo habrán hecho para merecer” . Son las mujeres las que marchan a la hoguera. 

Nada tiene que ver, tampoco, esta forzada exaltación heroica de una tragedia social con el debate acerca de la legalización del aborto.

Utilizar el verbo “despedazar” en un análisis de este tipo no deja de ser un golpe bajo, un mazazo literario. 

Lo que resulta despedazado, en tal caso, no es la agitación los pañuelos verdes, sino el sentido común, el sentimiento de compasión y en tal caso la vida de miles de niñas a las que deja a mano de una concepción de la vida salvajemente retrógrada y machista que algunos prefieren ignorar.

  • 02.02.2019
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