DUDAS Y CERTEZAS

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Papelitos y Papelones.

2018-04-10

El protagónico de la semana se lo llevó Nacho Viale. El productor y nieto de Mirtha Legrand tuvo que salir a pedir disculpas. El argumento del rating lo salvó de quemarse vivo en la hoguera de las operetas pero dejó chamuscada a la televisión en su conjunto. Uno sabe que por un punto de rating muchos ponen en subasta a la madre, pero hasta ahora nadie se había animado a hipotecar las joyas de la abuela.

Si lo suyo fue inocencia, que le valga. Cuesta creer que a los 35, nacido y criado en el caldo de la tele y nadador avezado en la turbulencia de la redes, no haya ponderado las implicancias de sentar a la sacrosanta mesa pascual a la temeraria muñeca que avanzaba dando incendiarias señales en su cuenta de twitter. Se veía venir.

Nadie puede alegar ingenuidad. El revoleo de un tal CP en la cuenta de la susodicha sobre red de microblogging venía generando un sostenido estado de alerta en la trastienda de los medios. Los desenfrenados posteos de la mediática ya habían disparado varias alarmas sobre el filo del viernes santo.

Nacho Viale apostó fuerte a liderar el prime time y se golpeó. No solo devaluó el prestigio de su emblemático envío televisivo sino que tuvo que sobrellevar el camión de lodo que el bueno de Ale Fantino le bajó recordando a modo de saga a lo Macondo todos los embrollos familiares de las últimas cinco décadas. Solo para hablar de lo que más duele.

Además metió ruido tóxico en la información de uno de los temas más duros del momento, la investigación sobre corrupción de menores en los clubes de fútbol, una investigación que trasciende ampliamente el caso de Independiente y promete luz sobre una rasgo de conducta aberrante que atraviesa a la sociedad en su conjunto por acción u omisión. Un papelón.

Lo de Caputo fue un “papelito”, otro naif. Menos avezado en surfear las turbulentas aguas de los medios y la política el Ministro puso en bandeja de la diputada la oportunidad de librar una escaramuza mediática. Conocedora de estas lides, Gabriela Cerruti no la dejó pasar. Legisladora por años y ex periodista, aprovechó la movida y plantó una escena de colección. Hay que reconocer que el momento tuvo su encanto. Tan entretenido como insustancial.

Los efectos colaterales del paso de comedia funcionaron como un boomerang.

La sesión se levantó y los “cumpas” de Cerruti se quedaron sin preguntar. Todos disfrutaron de un glorioso rato en la tele pero el cuestionamiento sobre las “off shore” abortó. A renglón seguido se sumó el festín de las redes. Meme va, meme viene, los supuestos agravios de género, el machismo y la misoginia se extraviaron en una ensaladera de banalidad.

De regreso a casa tanto el ministro como la legisladora recibieron una merecida reprimenda. Los dos pagaron un precio. Esas cosas no se hacen.

La afiebrada interacción entre redes sociales y medios tradicionales empieza a generar emboscadas peligrosas. Rating y trending topic se retroalimentan mutuamente potenciando de manera exponencial contenidos que se vuelven virales en segundos.

Las ansiedad por vivir un minuto de gloria lleva a muchos a arrojarse al vacío. Se olvida que “la conversación” que cursa en las redes es parte del espacio público y que al que se mete en la misma le comprenden las generales de la ley.

Quienes más tenemos para perder somos los los periodistas y los medios. Hacerse cargo de potenciar posteos agraviantes sin respaldo es un jugar con fuego. Incentivar la tilinguería conceptual también.

La crisis de Facebook que permitió identificar con precisión forense la existencia de sofisticados laboratorios de “fake news” nos puso de frente a una realidad. Nada fluye alegremente. La libertad de expresión está contaminada. Los nuevos canales de comunicación están ya atravesados por todas las taras y perversiones del sistema.

Mark Zuckerberg no pudo ser más claro cuando esta semana, no solo se hizo responsable absoluto de la filtraciones que dijo alcanzan a 87 millones de cuentas , sino que utilizó los medios tradicionales para prometer cambios que resguarden a usuarios.

El creador y CEO de FB admitió que minimizó el impacto de las noticias falsas y corregir el error demandará un esfuerzo extraordinario.

“Esperábamos ataques tradicionales de robo de datos o ataques desde Rusia, pero no esta desinformación. No supimos preverlo. Ha sido un grave error, la información de noticias falsas ha sido lamentable”.

También se supo que en el mismísimo MZ ordenó eliminar de su bandeja de entrada de Messenger e Instagram buena parte de sus comunicaciones personales. La misma suerte alcanzó en las últimas horas a otros directivos de la compañía. El resto de los 2.200 millones de usuarios fue avisado de que no están exentos del riesgo de que se hayan filtrado sus datos y se les advirtió que los chats que corren en privado están siendo permanentemente monitoreados por máquinas inteligentes para detectar contenidos impropios. Claro como el agua.

Está todo expuesto. En la web todo se puede comprar, vender y traficar. Datos personalísimos, seguidores, likes y corazoncitos están en el mercadeo virtual. No hay lugar para ingenuidad alguna.

La interacción responsable entre las redes y los medios enriquece la comunicación y aporta fluidez, proximidad y transparencia. Nada puede ocultarse desde que existen las redes. El buen manejo en las plataformas permite localizar, , difundir, organizar y otorgar certeza a los hechos y datos en cuestión de segundos. Pero la cancha está embarrada y obliga a manejarse con extremo profesionalismo.

Para los medios el momento abre una oportunidad. El apego al chequeo de la información, al resguardo de las fuentes, al cuidado en el manejo de la data, la custodia celosa de los estándares profesionales de los periodistas, los reubicará en la escena de los nuevos paradigmas tecnológicos como un antídoto indispensable frente a las aberraciones que anidan en la nueva constelación de medios. En esto se va no solo la credibilidad sino la sustentabilidad y existencia misma de los medios.

  • 10.04.2018
  • Sociedad
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