DUDAS Y CERTEZAS

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Otra deuda impagable.

2020-02-15

El Presidente resiste con pretendida templanza los embates del “fuego amigo”. Hasta aquí la surfea echando mano a atajos semánticos. Se le está complicando.

En la semana que termina recrudeció el asunto de si hay o no “Presos políticos” en la cárceles argentinas. De regreso de su celebrado viaje por las capitales europeas, en el que concentró sus esfuerzos en el apremiante tema de la deuda, tuvo que salir a enfrentar la embestida del batallón militante (no confundir con “Vatallón Militante), que lo hostiga con el asunto.

Las declaraciones de Santiago Cafiero en el sentido de que “En Argentina no hay presos políticos”, reavivaron la cuestión. En línea con el Presidente, el Jefe de Gabinete sostuvo que una cosa es hablar de gente detenida injustamente y otra muy diferente es decir que se trata de presos políticos. Bastó y sobró para alborotar el avispero.

A la acalorada reacción del ex Ministro de Planificación Federal, quien desde su más allá procesal viene machacando con la cuestión, se sumó la Ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad Elizabeth Gómez Alcorta, abogada defensora de Milagro Sala, quien refiriéndose a su defendida dijo “No tengo dudas de que es una presa política”. La lista de adhesiones no se hizo esperar.

Sergio Berni, quién volvió a alborotar confrontando con la Ministra de Seguridad, aprovechó unA reunión a la que fue convocado para aplacar las escandalosas diferencias con Sabina Frederick para redoblar la apuesta: “Sí, creo que en la Argentina hay presos políticos y que ahora la justicia tendrá que resolver el problema. No conforme, aseguró: “creo absolutamente en la inocencia de De Vido”. Más leña al fuego. Un especialista.

Axel Kicillof también se desmarcó del Albertismo, alineándose con el más díscolo de su Gabinete. El gobernador de la Provincia de Buenos Aires dijo que “Hay políticos presos y se usa la justicia para ponerlos presos, lo correcto es llamarlos “presos políticos...hay lawfare detrás de eso, usan la Justicia para inventar mentiras”.

Felipe Solá no tardó en intervenir: “No diría que hay presos políticos(...) hay presos que la Justicia podría no tener presos...hay casos de encarcelamiento que no se justifican desde el punto de vista jurídico. Encuadrar el malentendido en la cuestionada teoría Irurzun, que sostiene que cursar la prisión preventiva bajo detención corresponde cuando el procesado tiene riesgo de fuga o retiene poder suficiente como para complicar la investigación estando en libertad. Otro de los ministros del Albertismo Gabriel Katopodis aguanta también esta parada.

Desde la base misilística de Puerto Panal, Julio De Vido volvió a disparar con munición gruesa: “Lamento molestar al Presidente con las cuestión de los presos políticos, pero debo decirle que esta vez el tema lo instaló el ministro coordinador". Le recomendó al mandatario “Decirle a su Jefe de Gabinete que guarde prudente y respetuoso silencio ante la persecución política brutal a la que fuimos sometidos”.

Esto en respuesta a Alberto Fernández, quién obligado por la circunstancias salió a decir: “Me molesta que digan que tengo presos políticos porque no los tengo”. A este punto está claro que, lejos de ser una cuestión semántica, el entredicho apunta a la figura presidencial con una demanda de imposible satisfacción: la liberación de los políticos y ex funcionarios que están siendo procesados o cumplen condena por actos de corrupción.

Obligado por las circunstancias que lo colocaron en la fórmula presidencial, Alberto Fernández se encuentra en una encerrona. Le toca defender de manera explícita y recurrente la inocencia Cristina Kirchner en todas y cada una de las causas que la involucran, tanto a ella como las de sus hijos, echando mano a la lógica del “lawfare”, una teoría que reconforta a cuanto funcionario imputado, procesado o condenado despunta por estas latitudes y, al mismo tiempo, desconocer el resto de los reclamos con el argumento de que es asunto de la justicia. Esta discriminación genera mucho enojo. Todos quieren ahora subirse a esa ambulancia.

En la semana que termina Alberto Fernández se desgañitó tratando de enfrentar el desaguisado. Una cosa son los “presos políticos” y otra los “políticos presos”. Un juego de palabras que, lejos de tranquilizar, solivianta a los que le piden que abra la puerta de las cárceles, entre los que se encuentra el Ministro del Interior Eduardo “Wado” de Pedro, uno de los primeros en asumir posición desde su cuenta de Twitter.

En su última aparición pública, el mandatario intentó hacer control de daños. “No creo que haya internas en el Gobierno. Creo que hay gente valiosa con miradas distintas y libertad para decirlo. Lo que sí está claro que el que decide al final soy yo”.

El barullo en torno de esta cuestión tan escabrosa fue enredando a Alberto Fernández en un berenjenal que, no sólo deja a la intemperie profundas diferencias, sino que desgasta la autoridad y presencia presidencial en un momento ultrasensible, el del debate por la deuda.
De gira literaria por Cuba la mismísima, Cristina Kirchner hizo su invalorable aporte para remover el avispero. La vice sumó como al pasar una nueva disonancia.

No conforme con arrastrar el buen nombre y honor de los descendientes de italianos en general y, con los calabreses en particular, al atribuir las supuestas conductas mafiosas a Macri y los suyos, a los ancestros del ex presidente, a quienes vinculó, vía ADN, con la temible ´Ndrangheta, se ocupó del tema de la deuda.

En la presentación de su libro “Sinceramente” reclamó al FMI “Una quita sustancial” de la deuda argumentando que el organismo violó su propio estatuto prestando plata a la Argentina en las condiciones que lo hizo. La declaración no tardó en devenir en un entredicho. En conferencia de prensa, el FMI desmintió a la ex presidente. Lejos de amilanarse Cristina retomó el entredicho vía twitter.

La seguidilla cae justo en el momento en el que el Jefe de Estado extrema sus recaudos en busca de avanzar una negociación amistosa, con la misión del Fondo en estas pampas, sobrelleva el revoleo de declaraciones y las marchas que a favor y en contra de un acuerdo negociado convirtieron el centro de la ciudad en un día de marzo en pleno febrero.

“La observación de Cristina Kirchner es muy pertinente”, atinó a decir el Presidente segundos antes de declarar que “No hay doble comando”, pero que no se piensa privar de la experiencia de la ex presidente con la que habla regularmente de todas estas cuestiones.

Un tema en el que parece no haber grieta interna en el Frente que gobierna es en el que tiene que ver con los haberes jubilatorios. Nadie parece sufrir sobresalto alguno con el contundente recorte que se aplicó sobre el pauperismo ingreso de los mayores.

Ya sobre el viernes, el Gobierno vuelve a recurrir a las “palabras bonitas”. Alberto Fernández ahora demanda una épica por los que menos tienen para acondicionar el sablazo.
El anuncio de la baja de derechos adquiridos sobre la clase pasiva, que tanto complace a los funcionarios del Fondo, se trasviste de “ética solidaria”, pero encubre un contundente recorte sobre los ingresos de los adultos mayores.

Con la suspensión de la fórmula que aseguraba compensar a trimestre vencido lo perdido por la inflación en 2019, el gobierno redistribuye los ingresos de los jubilados achatando de manera dramática la pirámide.

Un aumento fijo para todos y todas de $1500, más el 2,3% del último haber. Los de la mínima recibirán un 13% y los que están un poco por encima de esa miseria pero muy lejos del 82% móvil verán devaluar sus magros ingresos.

Si tenemos en cuenta que la ley suspendida aseguraba un 11,5 % en marzo para todos es fácil concluir que, bajo la pátina de la solidaridad, se redistribuye pobreza. Se viste un santo desvistiendo a otro.

El beneficio sólo alcanza al 49% de los jubilados, muy lejos del 86,8% a los que se refirió Alejandro Vanoli. El titular de la ANSES incluyó en su cálculo a todos los beneficiarios de prestaciones sociales. Una presentación engañosa.

En esto hay que reconocer que el gobierno fue muy claro: La cláusula indexatoria que imponía la ley devino “impagable”. Para cumplir con todos y de paso ahorrarse unos cuantos millones hay que achatar la pirámide. En criollo: Pagarle menos a los que tienen jubilaciones por encima de la mínima para acondicionar a los de abajo. Un camino de ida.

Es poco probable que en el futuro inmediato los que hoy pierden ingresos recuperen posiciones. El que trabajó en blanco, aportó toda su vida, pagó sus impuestos en tiempo y forma, y presentó prolijamente su papeleos sigue en lista de espera.

  • 15.02.2020
  • Sociedad - Política
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