DUDAS Y CERTEZAS

  • > COMPARTIR

No es No.

2019-09-14

“A mí no me violó La Cámpora ni el kirchnerismo, sino un tipo que tenía mucho poder”, dijo Sofía Otero a poco de conocer la condena a 9 años que la justicia le aplicó a Lucas Carrasco.
Cuando las endorfinas que segrega el poder se ensamblan de manera confusa con la pulsión sexual, las situaciones pueden devenir peligrosamente incontrolables.

“Yo pensaba que violación era en la calle, en un descampado, de un desconocido y no me entraba en la cabeza que una relación consentida pudiera incluir una violación”. Para esta chica militante K el brutal atropello de un hombre que apenas conocía por su militancia y con el que había consentido un encuentro sexual devino pesadilla.

“No soy un violador, la mera cuestión de la palabra me da vergüenza” , dijo el agresor. “Pude haber destratado a alguien, ser irrespetuoso, pero de ahí a cometer un delito…”, quien intentó enmarcar la denuncia que lo llevó a esta condena en una persecución política.

El caso que los tiene como víctima y victimario es paradigmático. En un espacio íntimo y privado, al que se accedió por propia voluntad y una mujer es ultrajada, forzada a prácticas sexuales violentas que no está dispuesta a soportar.

Ella dijo que no, marcó un límite. Sofía explicitó con toda claridad y vehemencia hasta dónde estaba dispuesta a llegar pero él la forzó aplicando la fuerza física para someter su voluntad, la redujo, le introdujo cocaína e hizo con ella lo que quiso.

Este es precisamente el problema, en eso radica el abuso, la violación. Carrasco dispuso del cuerpo de Sofía a su voluntad. Utilizó el poder de un consenso, de un consentimiento, de una escena acordada para compartir un momento de sexo para llevar las cosas hasta el extremo que se le ocurrió. No comprendió que él “no es no” en cualquier caso, en cualquier tiempo y lugar. Ahora enfrenta una condena durísima: 9 años de prisión.

Lo que está en debate en estos días de #niunamenos, de #metoo, de #mirácomonosponemos y de #nonoscallamosmás es justamente eso: el derecho de las personas a disponer libremente de su proyecto de vida y de su cuerpo, a poner límites al avasallamiento, de cerrar el paso a quienes confunden el ejercicio del poder con la imposición caprichosa y brutal de sus Impulsos.
El testimonio de Sofía fue absolutamente determinante.

Durante una hora en audiencia pública y oral relató de manera desgarradora el suplicio sexual al que fue sometida por Carrasco. Contó que tuvieron relaciones consentidas y que inmediatamente él le impuso de manera compulsiva actos que ella resistió hasta donde le fue posible sin ser tenida en cuenta y bajo presión física y amedrentamiento. Convertida en un objeto inanimado.

El equipo de abogados que acompañó a Sofía Otero emitió, tras conocerse la condena, un comunicado en el que se reclama la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral, y convoca a los medios a luchar contra los estereotipos que reproducen la violencia machista con el objetivo de cambiar el sentido común patriarcal que subyace detrás de estas conductas.

Para Matías Busso, el letrado que representó a Sofía, el caso nos interpela a todos y es un mensaje a todas las mujeres para reconocerse en la dificultad y buscar ayuda. También advierte a los potenciales agresores porque corre el velo acerca de que es una violación.

El colectivo de Actrices Argentinas hizo este jueves una presentación que va en el mismo sentido. Luego de elevar la correspondiente denuncia judicial, dieron visibilidad con una puesta mediática una modalidad delictiva tan encubierta como frecuente: la violencia de género, el acoso y el maltrato en el ámbito laboral y educativo.

La víctima y denunciante es la maquilladora Anahí de la Fuente, quién fue sometida a hostigamiento sexual y acoso laboral durante más de dos años por el hasta hace unos días Director del Centro Cultural San Martín. Otro buen señor que no supo entender que el “no es no”.

El acusado no es precisamente un ignorante. Arquitecto, profesor de la Universidad Nacional de las Artes, titular de cátedra en la Universidad de San Andrés y poseedor de un extenso currículum relacionado con empresas tecnológicas y del mundo de la innovación, parece no haberse enterado de que los tiempos están cambiando muy rápido y que cosas que hasta hace poco parecían naturalizadas a fuerza de miedo y represión hoy son percibidas como aberrantes.

La distracción puede salirle muy cara, nunca tanto como a su presa, quién no solo perdió su trabajo e ingresos sino que tuvo que enfrentar humillaciones que bajaron, como siempre ocurre en estos casos, su autoestima y calidad de vida.

El común denominador entre los casos denunciados indica que acosadores, abusadores y violentos pueden ser personajes perfectamente incluídos en el sistema.

No se trata de seres monstruosos o marginales, no presentan otro rasgo en común que la prepotencia frente a víctima. Una matriz de comportamiento que, por lo general, solo se hace explícita y visible frente a el sujeto de su agresión y en espacios no accesibles a la mirada ajena y que suele estar asociada a una distorsión de los atributos del poder.

Me daba miedo, tenía algo medio sado, me retorcía los brazos para atrás, como si fuera a esposarme (...) me apretaba la cintura hasta hacerme doler", así describe su vía crucis Anahí de la Fuente.

Anahí intentó varios caminos para preservar su trabajo. Pidió por las vías institucionales ser trasladada. Envió telegramas al Gobierno de la Ciudad denunciando al funcionario. Nadie la escuchó. El sistema resiste y se solidariza con el poderoso. La denunciante pasa casi siempre a una zona de sospecha.

“El daño no se termina cuando te alejás de la persona que te humilla y te toca. Queda insertado en una, es como un germen o un efecto", dominó.
Esta vez la trama de encubrimiento se desgarró y la historia llegó al colectivo para hacer visible un “modus operandi” que se replica en aulas, despachos y oficinas, en estudios y espacios de trabajo.

 

Exponerse en el espacio público es para Sofía y Anahí un acto de coraje y valentía. Los miedos y prejuicios tardan en replegarse pero a ellas les llegó el momento de decir basta en nombre de todas. #nonoscallamosmás.

  • 14.09.2019
  • Sociedad
  • > COMPARTIR

Últimos Tweets