DUDAS Y CERTEZAS

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Ningún voto es "inútil".

2019-08-10

Un presidente en ejercicio, con su gestión marcada por una pésima performance económica, enfrenta a una ex presidente multiprocesada, junto a buena parte de sus ministros y colaboradores en causas de corrupción. Es lo que hay.

Nadie pudo abrirse paso con cierta perspectiva de competitividad electoral por la estrecha avenida del medio. A duras penas, quienes se lo propusieron lograron llegar a estas PASO intentando un precario equilibrio sobre las baldosas flojas de una pretendida vereda anti grieta. Aportaron algo de debate, de contrapunto de ideas, pero los fue diluyendo la creciente tensión entre los extremos. Quedaron como la variable de ajuste, el tanque de reserva de los que logren acumular más votos en caso de balotaje.

Mal que nos pese, la primera estación de este vía crucis electoral 2019 vuelve a encontrarnos frente a la desolación de un país partido. Gane quien gane, inviable si no se logran consensos.

La estrategia de polarización que encararon con premeditación y alevosía las dos fuerzas mayoritarias fue exitosa. Hoy estamos obligados a elegir el mal menor.

Con la sensibilidad a la intemperie, entre lágrimas y desbordes emocionales, los candidatos exhaustos por tanto trasiego, cerraron sus campañas. En los discursos finales hablaron entre ellos. Se agradecieron, elogiaron, comprometieron y agasajaron los unos a los otros. Sellaron pactos y lealtades en orden a conseguir el voto que los acerque a la incandescente centralidad del poder.

Alberto Fernández aseguró que “nunca más volverá a pelearse con Cristina” a quién jura eterno agradecimiento y lealtad.

La fórmula del Frente de Todos, a quienes muchos atribuyen su génesis a una anomalía genética sin antecedentes en la política - la candidata a vice designa en absoluta soledad a su candidato presidencial- curso una campaña en dos planos.

Cristina convocó “intensamente” a su núcleo duro a seguir acompañando y Alberto Fernández la remó aglutinando referentes en territorios donde solo suma la moderación.

La irrupción del candidato menos pensado, sumado al corrimiento de Massa, estrechó de manera alarmante la diferencia a favor con que contó Cambiemos en las elecciones de 2015 y 2017 en distritos muy populosos. Es el caso del interior de la Provincia de Bs As, Santa Fe y, en menor medida Córdoba. Si se miden porcentajes obtenidos, en la disputada provincia mediterránea, Alberto Fernández ha logrado avanzar mucho sobre lo acumulado por Scioli en 2015. A Juntos por el Cambio le será más difícil compensar.

Con altísimo voltaje emocional se los pudo ver a los integrantes de la fórmula del Frente de Todos finalmente juntos en Rosario. Alberto Fernández se declaró inmensamente feliz y ella le correspondió con besos, mimos y abrazos. Massa también tuvo su plano de cámara en una transmisión en la que las imágenes mostraron baile, pasión y lágrimas.

Axel Kicillof también recibió la bendición cristinista. En Merlo, en un escenario definitivamente cool, lejos de la estética peronista y arropado por los elogios de una exultante CFK, bajó un encendido discurso anti Vidal. Siempre desde la consigna Vidal es Macri.

“Menos chamuyo y más salud, menos marketing y más trabajo, menos carajo y más trabajo”, dijo remedando a Macri en su versión desaforado.

Desde el más allá, la inefable picaresca de Pichetto le sumó una cocarda. En su paso por Misiones dijo que Cristina Fernández tiene una debilidad estructural por Kicillof y que si gana el Frente ella va a manejar la economía. O sea, según el Senador, la va a manejar Kicillof. Axel eternamente agradecido. Con Alberto, de este tema, mejor ni hablar. Al último empresario que se animó le preguntó si era periodista.

El cierre de Mariú Vidal también fue a pura emoción. Con los ojos iluminados por la lágrimas la Gobernadora pidió que “me sigan sosteniendo la mano” y rogó por un voto para Macri.

Le sobran razones para ocupar el centro y dominar la escena. Ella tiene mayor intención de voto que MM en la Provincia de Buenos Aires.

Puesto el votante frente a la boleta completa Macri hunde a Vidal y CFK levanta a Kicillof. No haber tomado la decisión de desdoblar fue un acto de extrema lealtad y generosidad política. Macri que devolvió gentilezas con un “no se pierdan a María Eugenia Vidal” no parece haberlo olvidado. Terminaron los dos llorando abrazados.

Pese a tanto despliegue emocional los candidatos de una y otra fuerza no alcanzan a involucrar pasionalmente a las mayorías. Las decisión del cuarto oscuro no parece venir asociada a la esperanza sino a la resignación.

Apremiados entre el “vamos a volver” y el “no vuelven más”, estamos obligados a emitir un voto. No parece traccionarlo la fuerza de la confianza sino el apriete del miedo. El espanto ante la posibilidad de que vuelva a instalarse el pasado o el pavor de quedar suspendidos en un presente sin futuro a la vista.

Mientras Mauricio Macri pide confianza y paciencia para recuperar el presente, Alberto Fernández apuesta, justamente, a la impaciencia y pide “una nueva oportunidad” para enmendar los errores del pasado. Pura cuestión de fe.

En la calle reinan la incertidumbre y el desconcierto. También la indiferencia. Hay que tener en claro que no hay “voto inútil”. En un panorama tan cerrado, todo voto cuenta, incluso el que no se emite.

Hay que saber que el “voto en blanco” no es inocuo. Ni tan blanco, ni tan impoluto como se pretende. En la general de octubre no se tiene en cuenta como voto válido y, por lo tanto, suma en la cuenta del que va primero.

En las PASO, convertidas en virtual primera vuelta, no se decide nada definitivo para los próximos cuatro años, pero si alguno de las dos fuerzas mayoritarias que da a menos de tres puntos del 45% será poco probable revertir el resultado.

En cualquier caso el resultado marcará a fuego los próximos dos meses y medio y puede que sea determinante para el rumbo de la economía. Algo especialmente sensible cuando millones de personas no tienen más salida que decidir desde la urgencia que impone el instinto de supervivencia. Por eso vale recordar que todos los votos cuentan. No hay tiempo ni espacio para la indiferencia.

  • 10.08.2019
  • Sociedad - Política
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