DUDAS Y CERTEZAS

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Los desafíos de Alberto.

2019-12-11

“Hacer que las cosas pasen” fue una frase inspiradora a la que solían echar mano los funcionarios del núcleo duro macrista.

“Hacer que las cosas pasen” es a partir de hoy el principal desafío que deberá enfrentar Alberto Fernández.

Es difícil no coincidir con buena parte de los lineamientos y prioridades que hoy planteó para su gestión el nuevo Presidente de los argentinos.

Cuando Macri asumió se propuso tres objetivos: pobreza cero, unir a los argentinos y combatir la corrupción y el narcotráfico. No pudo alcanzarlos. Por el contrario, en el caso de los dos primeros, solo logró profundizar los datos de una realidad que avergüenza y sofoca.

En el discurso con el que dio inició a su presidencia Alberto Fernández expresó la necesidad de superar la grieta, o sea, unir a los argentinos por sobre cualquier diferencia social o ideológica, una consigna que desplegó con insistencia demandando el concurso de todos y cada uno de nosotros. Habló de derribar muros: el muro del rencor y del odio, el muro del hambre, el muro del despilfarro de nuestras energías productivas.

Encarar este proceso es imprescindible y supone, en el caso del rencor y del odio, desarticular prejuicios, desarmar relatos y dejar de demonizar personas, proyectos y grupos sociales.

Solo con una consecuente y elaborada decisión política será posible desmontar el siniestro entramado de versiones simplificadoras de la realidad que nos trajo hasta aquí.

Superar el lacerante desgarro que afecta a los argentinos es una tarea de todos pero interpela muy especialmente a la dirigencia política, que en el fragor de la lucha por el poder, fogoneó la fractura apelando a discursos de confrontación, cuando no de desprecio y de odio.

No fue magia. El “nosotros y ellos” fue una construcción cultural deliberada y maléfica que logró penetrar conciencias con una profundidad difícil de disolver.

Alberto Fernández nos propone intentarlo y se celebra. Nadie conoce cómo él el inmenso daño que este tipo de enfrentamiento aplica a los procesos democráticos. Ha vivido en el ojo del huracán durante las últimas décadas. Nadie tiene que explicarle nada acerca de estos desgarros y sus devastadoras consecuencias.

Con más de la mitad de los niños en situación de vulnerabilidad no basta salir a “matar el hambre”.
No alcanza con llenar la panza. Lo urgente es alimentar. Es generar las condiciones que aplaquen el sufrimiento que supone, pero que además habiliten una oportunidad. La educación y el trabajo es lo único que fortalece e iguala.

Alberto queda desde hoy comprometido por estos apremios.

Sin recursos a la vista y con el peso de la deuda que calificó de imposible cumplimiento sino crecemos, invocó a la solidaridad de los que tienen trabajo o lo producen. Dejó entrever que el aporte “de los que tienen una vida más placentera” vendrá a través de una mayor carga impositiva.

Como “todo tiene que ver con todo” es indispensable que desde el vamos el nuevo Presidente regenere el más básico de los insumos indispensables para gobernar en un contexto de paz social: la confianza.

La certeza absoluta que el esfuerzo que se pide una vez más a los producen no se escurrirá por las canaletas de la corrupción.

Hay una única manera de satisfacer esta demanda. Es cerrando el paso a la impunidad. Garantizando el avance de las causas e investigaciones en curso. Es devastador para el ánimo colectivo la constancia de que en nuestro país “nadie que las hace las paga”. Siempre hay un atajo, una dilación, una estrategia.

La justicia lenta y amañada, cuando no vendida o cobarde, tiene un efecto detersivo sobre la cohesión social, acobarda a la gente honesta y naturalmente solidaria que es la inmensa mayoría.

El enriquecimiento súbito y exponencial de los allegados al poder político de turno desalienta los lazos solidarios que se reclaman.

No queda espacio para distracciones. Se impone encontrar la políticas correctas y garantizar que de una vez y para siempre lo ético coincida con lo legal. No es mucho pedir.

En un contexto de extrema fragilidad económica y social, Alberto Fernández pone el cuerpo a una oportunidad. Simboliza para todos una nueva dimensión de la esperanza. Asume una enorme responsabilidad y merece ser acompañado.

  • 11.12.2019
  • Sociedad - Política
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