DUDAS Y CERTEZAS

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Las cosas que se dicen

2017-10-14

En los tiempos de la postverdad, cada palabra cuenta. Rige la métrica de Twitter, una frase se viraliza a nivel global y abre un mundo. El cielo o el infierno quedan a un golpe de clic.

Lo que se dice, lo que se escribe, lo que se insinúa, instala climas, escenarios y tendencias en cuestión de segundos. No hace falta un monopolio mediático, basta una cuenta de Instagram o un grupo de chat en Whatsapp.

Lo verosímil, aunque no sea cierto, se constituye en verdad y domina estados de ánimo, decisiones y sentimientos colectivos.

Las palabras que usamos, los vocablos, las metáforas, estructuran nuestros pensamientos, ordenan nuestras ideas, refuerzan nuestras convicciones. Sobre ellas se construyen o destruyen nuestras realidades.

Las batallas que se libran a diario son por el discurso, por meter ficha en "la conversación", por el "trending topic". Desde allí se generan climas, se alteran escenarios y conductas.

Los dichos de Macri acerca de una lista de "los 562" que frenan el cambio y a los que habría que poner en viaje a la Luna para que el país se transforme resultó no solo desafortunada como metáfora sino también fuertemente inspiradora para Cristina Kirchner.

El Presidente usó un número simbólico para definir un variopinto combo dirigencial que se aferra al statu quo que le garantiza privilegios y prebendas políticas, económicas y delincuenciales y Cristina resignificó a su modo.

El martes, cuando todo el país levantaba oraciones e imprecaciones a la Selección Nacional, la líder de la Unidad Ciudadana convocó a conferencia de prensa y agarrada de los dichos macristas bajó todo un catálogo de setentismo extemporáneo.

Se habló allí de "listas negras", "desapariciones" y "fuerzas de tarea". En este último caso en referencia al Poder Judicial que parece haber despabilado de un entresueño y ahora la convocó a indagatoria por la causa que más la altera, la del pacto con Irán.

"No hay mejor defensa que un buen ataque" sobre todo en tiempo electoral.

Cuando todos queremos ir cerrando con el paso de la Justicia un pasado nefasto, se nos vuelva a llevar ahí con palabritas y evocaciones. No suma.

De medio en medio, de entrevista en entrevista, CFK desnudo intimidades, dijo que "se hace las manos sola" pero aseguró que no las mete en el fuego ni por De Vido ni por nadie. A excepción de ella misma y sus hijos. De Néstor ni hablar. Tampoco nadie le preguntó nada.

Tampoco ayudaron a un clima de conciliación los dichos de Antonio Bonfatti. En un desafortunado traspié se asoció a su modo al latiguillo del momento: "Macri basura…". Uno puede coincidir en que eso de que "el pueblo nunca se equivoca" es una falacia pero de ahí a sostener que la erraron los alemanes al elegir a Hitler y ahora los argentinos en votar a Macri hay, cuanto menos, un costoso exabrupto. Los mea culpa posteriores nunca alcanzan con la cuestión ya en el aire.

Elisa Carrió, atribuyendo livianamente, un 20% de chance estadística a que Santiago Maldonado esté vivo y en Chile, es otro poco saludable aporte a la confusión nacional.

El comentario, en pleno debate electoral, solo agrega banalidad a la errática seguidilla de hipótesis acerca de la situación del militante del que nada se sabe.

Plantar la figura de que Santiago Maldonado goza de buena salud en la clandestinidad, no sólo hirió el sentimiento de una familia sino que disparó desatinadas declaraciones del inefable Eugenio Zaffaroni, quien, sin esfuerzo alguno, echó mano, otra vez, a la memoria del horror para ubicar al más buscado de los argentinos "con un 80% de posibilidades de que Maldonado en París con una mina". Otra ironía de mal gusto, claro.

En un contexto de tantos disparates, poco puede sorprender que niños, jóvenes, adolescentes y sus respectivos padres sea demorados, detenidos y procesados bajo el cargo de intimidación pública por llamar a las escuelas y hacerlas desalojar por amenaza de bomba. Más 3000 casos en unas pocas semanas. Un verdadero delirio.

Escraches, intimidaciones, advertencias telefónicas, huevazos al auto presidencial y golpizas a los periodistas se naturalizan en un contexto de crispación.

Ruido, mucho ruido para no hablar de las cuestiones de fondo, para eludir el enfrentamiento con la realidad, esa que tarde o temprano se termina imponiendo.

Mientras en el espacio mediático se libran estas contiendas, y todos nosotros nos entretenemos con el pororó de una campaña tan fría como insustancial, por detrás, en la cocina del poder, se maceran otros caldos. No son pocos los que trabajan callados, con prisa y sin pausa, en el día después del 22.

El Gobierno se prepara para capitalizar un triunfo a nivel nacional que estiman obtener con el alrededor del 40% de los votos. Aseguran que lograrán revertir en Santa Fe, donde esperan imponer a sus candidatos por no menos de 4 puntos. Se tienen también fe en Tierra del Fuego y no descartan mejorar posiciones en Chaco.

La idea es imprimir intensidad a la agenda parlamentaria y en el envión del día después, retomar la discusión de los temas que apremian: la ley de Presupuesto, la ley de Responsabilidad Fiscal, el Impuesto al cheque, un nuevo Pacto Fiscal con las provincias y la candente cuestión del Fondo del Conurbano.

El peronismo no K busca reagruparse y acercar posiciones para participar en el debate.

No quieren quedarse afuera. Por ahora solo coinciden plenamente en algo: no se puede decir siempre no, obstruir, frenar como método. Eso se lo dejan a los legisladores ultraK.

El resto quiere (bloque Justicialista, massistas, los legisladores que responden a gobernadores y la gente de Randazzo) rediscutir todo, ir por los cambios: sostienen que hay que hacer una profunda reforma tributaria y previsional, pero también están dispuestos al debate más caliente: la reforma laboral.

El oficialismo está trabajando sobre la idea de un blanqueo laboral que parta de una amnistía amplia y que permita incluir en el sistema a los trabajadores reconociendo antigüedad y otorgando incentivos impositivos para las empresas.

Nada será sencillo. Mientras una parte de los argentinos se desayuna, almuerza y cena chapaleando en el barro otra inmensa cantidad de gente navega en la desesperación.

La inflación que no cede (un IPC de 1,9 para septiembre con un acumulado en lo que va del año de 17,6) y la mayor suba en el rubro alimentos, más el ya anunciado aumento de tarifas, vaticinan un panorama que no será fácil para los de siempre.

El Gobierno sabe que se enfrenta a una situación paradojal. Si postergó el aumento de tarifas o sostiene subsidios no puede bajar el déficit fiscal. Un dificultad ya conocida: la de la manta corta.

Habrá ajuste pero es poco probable que se dejen correr con el tema del gradualismo. Marcos Peña no pudo ser más claro frente a los empresarios reunidos en el Coloquio de Idea: "los de Business nos reclamaban por el pollo y nosotros estábamos intentando que no se estrelle el avión".

La estrella política del momento, María Eugenia Vidal, invitó a los empresarios a que "cada uno tome un riesgo, y que ese riesgo cueste".

A Dios rogando y con el mazo dando.


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  • 14.10.2017
  • Sociedad - Política
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