DUDAS Y CERTEZAS

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La decisión de Massa.

2019-06-01

Fue y vino, llevó y trajo, hizo y deshizo para llegar hasta aquí. Animado por el convencimiento de que con ella sola no alcanza y que sin ella es imposible, Sergio Massa pavimentó el atajo que podría devolverlo al kirchnerismo. Arropado en el mandato de un congreso partidario que sesionó exprés, quedó habilitado para componer acuerdos y negociar entendimientos con el vecindario político de Unidad Ciudadana o con quien él considere que corresponda. No puede decirse que a su manera no lo haya anunciado. Lo dijo con todas las letras: "La idea es sacar a Macri del poder, no a Cristina". El asunto quedó cocinado.

La idea de seducir a los votantes de CFK balconeando desde la avenida del medio no resultó. Hay otro camino. La cartelería del congreso en cuestión funcionó como señalética. Nada de #alternativafederal, ahora vamos por una #nuevamayoría. One way ticket. De regreso, claro. Al menos así fue decodificado desde el espacio del que el tigrense es socio fundador y a cuya pertenencia adscribió apenas 48 horas antes de recibir poderes del Frente Renovador para jugar en toda la cancha.

Massa está ahora en el pre-embarque. Una suerte de limbo político, de acuerdo con lo que se dice en el kirchnerismo. No parece que queden plazas en clase ejecutiva. Tendrá que ajustarse el cinturón en fila de emergencia. Viajar, llegado el caso, en un asiento que no se reclina. Es poco probable que de aquí a octubre se pueda relajar. Las opciones son escasas: competir en las PASO con Fernández-Fernández o negociar quién sabe qué.

Diez de los doce gobernadores peronistas ya reservaron su poltrona. El intendente de Tigre, Julio Zamora, hizo check-in con una selfie en el living de Alberto Fernández y la colgó en las redes. Los intendentes renovadores no quieren quedarse en tierra. Se puede comprender. Hacen cola para obtener su boarding pass.

La presentación de la fórmula Kicillof-Magario para la gobernación de la provincia de Buenos Aires funcionó como una suerte de último aviso de embarque. Si bien no está oficializada, las salutaciones en la redes de intendentes y allegados fue consolidando la designación cristinista de la dupla que ya trajina en modo campaña. Nadie parece ya dispuesto a correrlos de ahí.

Alberto Fernández dijo que la fórmula presidencial que él encabeza junto a CFK es inamovible y que la que integran el niño mimado de CFK y la intendente de La Matanza también.

Entre los devaneos de Lavagna y las indefiniciones de Massa, lo que queda de Alternativa Federal chapalea en el desconcierto. Urtubey dijo en la mañana del viernes que Sergio Massa se comprometió a participar de la PASO en el espacio de Alternativa Federal. Cuesta entender cómo hará Massa para conformar una nueva mayoría sin cruzar.

"Juntos pero no amontonados" es otro de las consignas del momento. Competir en una gran interna de unidad peronista pero conservando la propia identidad. ¿Quiénes se sumarían a esa propuesta? ¿Aceptaría CFK esas reglas de juego? Ni Urtubey, ni Pichetto, ni Schiaretti están dispuestos a arrojarse a esa pileta.

Hay espacio para una negociación a cuenta de futuros espacios ministeriales. ¿En tal caso, quién podría funcionar como garante?

"La moneda está todavía en el aire" aseguran algunos de los suyos. Una cosa es correrse y otra muy distinta, salir a pescar en la laguna del kirchnerismo. Son los que piensan que Cristina es más Cristina que nunca y que la decisión de ceder las marquesinas presidenciales a Alberto Fernández dejó un tendal de gente mal herida. Sostienen que "la señora tiene el rancho cascoteado" y que muchos de los suyos sangran en silencio. Por el momento no hay suturas, solo improvisados torniquetes.

Para los que miran el momento desde este lugar, CFK retiene una centralidad de poder y una vocación de ejercerlo, que en el caso de llegar al Gobierno solo permite esperar un escenario de conflicto. "Ella va por todo" sostienen los que la tienen cerca. No la perciben cansada ni desalentada, lo suyo es pura estrategia. No creen que Alberto Fernández resigne espacio a la hora de tomar iniciativa política y ejecutar decisiones propias. Le sobra paño porque conoce el poder desde adentro y sabe cómo ejercerlo. La historia asegura que cuando el poder real no coincide con el formal, las cosas terminan mal, advierten.

Quedan solo siete días hábiles para elegir dónde ponerse. Poco tiempo para algunos, una eternidad para otros.

En el bunker albertista esperan sin ansiedad la decisión de Massa. Consideran que entró en tiempo de descuento, políticamente devaluado. Dicen que de los doce puntos que alguna vez dispuso no retiene más de cinco, pero que, de todos modos, no vienen mal. En cualquier caso hay que esperar la bendición de Cristina. Los más ácidos de entre los federales aseguran que la ex presidenta "lo desprecia", pero que, arrastrado por el ultrapragmatismo, le termina gustando estar donde no lo quieren.

En su encendido discurso de este jueves, Massa dejó abierta una puerta bien amplia a la negociación: "No necesito un cargo público para vivir mi vida… yo estoy para liderar, si me toca, pero también para empujar el carro desde donde sea".

En el espacio del medio algunos se sienten devastados. Roberto Lavagna concentra buena parte del enojo de los alternativos. Lo califican de egocéntrico y personalista. Sostienen que, con sus coqueteos, hizo un daño letal e irreversible al sector. Consideran que con su cerrada negativa a participar de las PASO, más sus idas y vueltas, deshilachó las posibilidades de conformar un polo republicano y federal anti-grieta.

La desesperanza también se alimenta de lo actuado por los gobernadores peronistas que ya se embarcaron en el vuelo de los Fernández. Mucha bronca con Sergio Uñac y Juan Manzur. Es imposible generar un espacio interesante con dirigentes que no quieren resignar nada, dicen los más ofuscados. No se puede construir poder entre la decepción de Macri y el miedo a Cristina, repiten a modo de mantra para sostenerse en la desazón.

Sin fatigarse ni perder la calma, Alberto Fernández sigue sumando voluntades. Quiere subir a todos y todas a su charter. Asegura que el objetivo que lo moviliza es ordenar la vida de la gente y se muestra absolutamente seguro de poder hacerlo: "Yo estuve en ese lugar, yo sé cómo se hace porque ya lo hice" les repite a los que lo rodean a modo de oración. El hombre que se define como liberal en lo político y pragmático y progresista en lo económico admite ser muy diferente a CFK pero a todos los efectos complementario.

Nadie sabe a quién beneficia la grieta pero muchos juegan a profundizarla. En algo casi todos coinciden, el que triunfe y asuma en diciembre enfrentará serias dificultades para gobernar. Sin mayorías parlamentarias y con un país partido nadie la tendrá fácil.

Si gana Cambiemos, Macri tendrá que batallar para recuperar confianza y lidiar con la oposición que lo detesta. Graciela Camaño fue más que explícita en el congreso del Frente Renovador: "Alguien se equivocó antes para que este energúmeno venga a gobernar el país". Si se imponen los Fernández, les tocará entenderse con el FMI y un mundo que no aparece dispuesto a regalarle nada a una Argentina en permanente crisis, atrapada en la pobreza y la dificultad.

  • 01.06.2019
  • Sociedad - Política
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