DUDAS Y CERTEZAS

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Irreconciliables diferencias.

2018-04-16

No se hagan ilusiones, no se están reproduciendo. Litigan dentro de la misma bolsa pero no están procreando. No hay cópula posible. No comparten química ni ADN alguno. Las diferencias son irreconciliables. No hay conveniencia que valga.

El gesto que aplicó el  interventor menos pensado  no puede ser mas simbólico y contundente: mandó a cambiar la cerradura. Fue lo primero que hizo. Cómo pasa en las familias desavenidas,  el que salió no vuelve a entrar, salvo que la justicia revierta su decisión y les devuelva el sello de la discordia.

El fallo de la jueza María Romilda Servini de Cubría, que dispone la intervención del justicialismo, sirvió y cubrió con una pátina de pretendida legalidad la expulsión del kirchnerismo de una  ya ficticia cohabitación bajo el cascoteado techo del PJ.
Algunos ven en la sorprendente novedad la mano negra del Gobierno; una idea loca del Durambarbismo para entretenernos  a todos con las peores selfies de un tren fantasma. No pasó. Se cantó la marcha pero se evitó el atrincheramiento.

Nominado, Gioja dejó la casa en un acalorado martes de abril. No resistió, recogió sus juguetes y partió. Evitó el peor de los escenarios, que le tiren las cosas por la ventana frente a los móviles de la TV. Mucho ruido y pocas nueces.  Se fue con lo puesto.

Hay quienes suponen que la crisis ofrece una oportunidad. Argumentan que si el oficialismo está por detrás de la mano de la veterana magistrada el tiro puede salirles por la culata. Son los que impulsan forzar  una suerte de matrimonio por conveniencia. Fantasean que la agresión los obligará a reconciliar por esto de que “ si los hermanos se pelean los devoran los de afuera”, o bien porque se quedaron con él “todos unidos triunfaremos…” . Es el caso de Daniel Arroyo, un hombre del FR, que se muestra en las fotos K, contrariando el discurso público del jefe político del espacio al que todavía dice pertenecer. Arroyo, que fue ministro de desarrollo social de Scioli, quiere ir a las PASO con todos adentro. Por el momento solo una expresión de deseo. Casi una fantasía.

Otra es la posición de Juan Manuel Urtubey. El gobernador salteño no ve venir convergencia alguna. “El peronismo pierde si va unido en el 2019”, asegura.  El hombre que dice haberse preparado durante toda la vida para ser presidente no confirma ni desmiente su postulación con el argumento de que” primero hay que arreglar el auto y después pensar en el piloto”.
Miguel Angel Pichetto y los de su bancada se expresaron vía un escueto comunicado. Sostienen la inconveniencia de la judicialización de los procesos políticos y catalogan la intervención como un “recurso extremo y de última instancia”.  No mucho más. Son por lejos el grupete que más resiste reconciliar con las huestes cristinistas. El agua y el aceite. Nada que hablar.

Julio Bárbaro, por su parte,  está feliz. Opina que la decisión de la jueza termina de desalojar  del PJ a los K. “El partido no era de ellos… el fallo le saca el último de los pedazos al kirchnerismo” sostiene exultante. Con la llave en manos del gastronómico  recupera la ilusión de que se abra una puerta.

Bárbaro catequiza en los medios con el peronómetro en la mano. No tardó en caracterizar al desplazado jefe del justicialismo. Comparado con el sanjuanino “Luisito es Trotsky” apostó sin ruborizarse.  Entusiasmado, el hombre que ahora milita en la avenida del medio de Massa, reivindica la audacia del catamarqueño frente a la obsecuencia del ex gobernador cuyano al que no vacila en destrozar.

Entre la ironía y la esperanza propone reencontrarse en un debate de proyectos: “los que tenemos ideas estamos leyendo poemas de amor en un prostíbulo”  argumenta, no sin antes destrozar a Randazzo apenas días después de que el ex ministro mandará emisarios a Gualeguaychú en busca de consolidar un acercamiento.

Gustavo Menéndez, se alineó con Gioja, y dijo que lo dispuesto por  Servini es “a medida del gobierno”. El presidente del PJ bonaerense le pone fichas a la unidad. Ya lo había hecho en el encuentro de San Luis pero ahora todo se complicó. Confía en que ningún juez le pondrá el gancho al fallo de Romilda. A Dios rogando pero apelando.

Eduardo Duhalde y sra toman prudente distancia de la cuestión.  Si bien Eduardo Duhalde admite que el partido está en problemas, el ex presidente que supo fogonear la intervención ahora quiere internas en marzo de 2019. Aboga por una “normalización no traumática”. Animado de una tardía  buena voluntad, exhortó a Gioja, Scioli y Duhalde a sentarse en una mesa de negociación. Que alguien le avise que los Reyes Magos son los padres.

Las declaraciones de Barrionuevo no dejan paso ni a un hilito de esperanza a estas gestiones de buena vibra. El hombre, que asegura que la jueza lo eligió porque es un verdadero peronista y que por sus venas le fluye sangre de ese solo y exclusivo color político, bajo una larga lista de los que  que serán por el convocados, entre los que no revista ni un solo K. Repreguntado fue drástico: no piensa hablar con ninguno porque no son peronistas. “Ellos armaron su propio partido, Unidad Ciudadana, ellos solo quieren usar al Pj de madriguera”. La hizo corta.

Solo el tiempo y el curso de los acontecimientos dirá si esta movida conviene o no electoralmente al gobierno. Es claro que un peronismo descompensado facilita las cosas para el macrismo y sus aliados. Es absolutamente irrefutable que el Macri necesita llegar al 2019 con la principal fuerza de la oposición desmadrada y extraviada en el desconcierto. Tan indiscutible como que la llegada del siempre polémico y embarrado Barrionuevo complica los tiempos de cualquier armado. También es cierto que lo que hoy es solo un sello, el próximo año es la caja para financiar la campaña de quién logre aglutinar en la principal fuerza de oposición.

La intervención del partido a manos del hombre  que plantó para la historia la inolvidable frase noventista  de había que “ dejar de robar por lo menos dos años” no resulta buena para los que buscan hoy la unidad. A varios de los  que, contra viento y marea lograron juntarse en en Gualeguaychú, incluyendo a Massa y a Randazzo, la imagen a pantalla partida de Gioja y Barrionuevo, forcejeando por los bienes gananciales con la policía y un cerrajero de por medio les pega mal.  Si bien admiten que el partido estaba lejos de funcionar, la figura de la inesperada intervención los deja en un lugar muy incómodo. En el medio del maremoto se refugian en la búsqueda de una salida política del atolladero en el que se encuentra la principal fuerza de oposición.

La detención de Eduardo Fellner suma zozobra y corta la grieta interna pejotista. Juan Manuel Urtubery y Gildo Insfrán firman junto a otros cuatro gobernadores peronistas una nota en la que hacen explicita la preocupación alegando que el ex gobernador siempre se mantuvo a derecho. Temen que como ayer vinieron por él, mañana puedan venir por otros.

  • 16.04.2018
  • Sociedad - Política
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