DUDAS Y CERTEZAS

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Hay que aplanar la curva ideológica.

2020-07-18

Los que gustan andar hurgando en los sumideros del poder tuvieron en la que termina una semana memorable. Probablemente la más difícil que ha tenido que enfrentar el Presidente en el escaso tiempo que lleva de gestión.

Alberto Fernández recibió en los últimos días una verdadera y despiadada golpiza.
Lo más significativo es que la feroz seguidilla le fue propinada por referentes orgánicos e inorgánicos de uno de los sectores que conforman el Frente que lo llevó al poder.
Nada que no pudiera esperarse para quienes siguen a diario los avatares de nuestra atribulada vida política.

Ha ocurrido en los últimos meses. A toda acción del Alberto Fernández moderado y dialoguista, le sigue una reacción casi inmediata del extremo radicalizado de su fuerza política. En la presentación de este viernes, el Jefe de Estado dijo sentirse encantado de que el Frente de Todos no tenga un discurso único. No hizo referencia alguna a la fatiga, a esta altura cotidiana, que le supone estar neutralizando con gestos, declaraciones, desmentidas y actitudes contradictorias en implacable azote del “fuego amigo”.

Quién habilitó el pasado domingo el nuevo round de violencia doméstica fue su compañera de fórmula, mentora y electora privilegiada, la mismísima Vicepresidente de la Nación.
En una escueta pero demoledora irrupción vía tweet, CFK aplastó el pretendido gesto de amplitud y moderación que el Presidente desplegó en el acto virtual de la fecha Patria.

El análisis económico cuya lectura recomendó la ex Presidente delinea una visión de la realidad que, no solo está en las antípodas del mensaje que en sucesivos encuentros con empresarios y representantes del sector privado pretende bajar el Presidente, sino que además descalifica de manera demoníaca a varios de los invitados para el chocolate patrio inmortalizado en la selfie de ocasión. El posteo marcó un punto de inflexión en la relación de poder del Ejecutivo.

“Me equivoqué con Vicentín”, dijo autocrítico Alberto Fernández. “Creí que todos iban a salir a festejar...quienes me conocen saben que no soy un loco suelto, no ando con una chequera de expropiaciones…”, enfatizó en la teleconferencia con la oposición en la tarde del pasado lunes.
Apenas horas después, el martes por la mañana, Anabel Fernández Sagasti salió a cortar de cuajo cualquier equívoco en la interpretación al asegurar que “el Presidente ratificó que expropiar Vicentín es una vía que evita su colapso y que por ahora “nadie aportó” otras alternativas para su rescate. La senadora hizo otro invalorable aporte a la degradación de la palabra presidencial. Las declaraciones fueron generosamente destacadas por la Agencia Télam.

Hebe de Bonafini hizo gala de su estilo epistolar en una carta devastadora. Alberto tuvo que dedicar tiempo y energía a suavizar el entredicho con tan ilustre fémina. Componedor, salió del brete dando explicaciones de a quienes sienta a su mesa. “Todos y todas, porque es mi responsabilidad”.

Algo más rotundo fue Adelmo Gabbi, presente en la controvertida postal del Día de la Independencia. Además de aclarar que él nunca “secuestró a nadie ni dejó de pagar un sueldo”, el Presidente de la Bolsa de Comercio le pidió al Presidente que “maneje la lapicera”
Desde la prisión domiciliaria de la que goza en pandemia sumó su invalorable contribución Julio De Vido, declarando su absoluta coincidencia con la literatura de Bonafini a la que Grabois le contestó con incontrastable claridad. “De Vido representa algo que hay que desterrar...representa a esos sectores que hay que extirpar del campo político”.

El ex Ministro de Planificación Federal no tardó en responder vía twitter.

“Saliste Basura, no sé como te da la cara a vos, con los negocios que hacías con la Stanley para cagar a la gente. A mí Macri me metió preso y a vos te garpaba, cagador”.
El aislamiento ha vuelto un tanto escatológico a quien fuera el atildado hombre fuerte de las tres presidencias K.

En el caso de Víctor Hugo Morales, quien también le propinó una tremenda paliza mediática al vapuleado Presidente de la Nación al calificar como una vergüenza la posición Argentina acompañando la preocupación por los derechos humanos en Venezuela. La reacción fue inmediata.

El Jefe de Estado hizo "la gran Néstor” replicando un método usado por Kirchner cuando el conductor uruguayo lo criticó por comprar la friolera dos millones de dólares para aplicar a una operación inmobiliaria, llamó a la radio y pidió salir al aire. Mucha energía para contrarrestar, contener y/o contentar a los de adentro que piensan diferente. Demasiada para los tiempos de emergencia que se viven.

Antes de cerrar la semana con la prolongación de la cuarentena regresando a fase 3 y en vísperas del aniversario 26 del atentado a la AMIA, Alberto Fernández reivindicó las buenas intenciones que animaron a CFK a impulsar el Memorándum de entendimiento con Irán, un documento que el condenó a viva voz en tiempos de hielo al que lo sometió el cristinismo. Mucha muestra de lealtad frente a tanto maltrato.

Al Presidente le confluyen ahora todos los picos. Mientras el coronavirus no afloja y sigue poniendo en jaque su gestión sanitarista, la fatiga social y el impacto de la encerrona sobre la economía tiene a medio país en modo “mecha corta”. A estos esperados apremios se suma la tensión política en su fatigante frente interno.

Alberto Fernández está encerrado en Olivos, por consejo de los médicos, y desde allí tiene que tratar no solo de mantener a raya el virus sino que también aplanar la curva de la embestida ideológica del ala más radicalizada de la coalición que lo llevó al poder. Un fuego graneado sostenido que desgasta día a día su poder y que amenaza con llevarse puesta no solo la confianza que la gestión de pandemia le permitió acumular sino la existencia misma de su administración.

Fue tan implacable la embestida de esta semana que, quienes conservan un sentido de realidad y tienen alguna conciencia acerca de la gravedad del momento y de la inconveniencia de seguir tirando de la cuerda, han comenzado a reaccionar.
Surge una suerte de Albertismo K o, para ser más precisos, una especie híbrida de kirchnerismo Albertista.

Uno de los primeros en pasar una caricia al vapuleado Jefe de Estado fue el ministro de Defensa Agustín Rossi quien dijo que “la tarea más importante es bancar a Alberto. Con corazón y con cabeza”.

Según Rossi de indiscutible extracción cristinista hay sectores de la oposición que buscan desgastar al Gobierno. Nada acerca de los propios, pero, a buen entendedor pocas palabras.
Andrés “el Cuervo” Larroque, Ministro de Desarrollo de Kicillof, fue algo más directo. Pidió “paciencia a los propios que cuestionan el rumbo del Gobierno. “Le bajaría la tensión a las expresiones disonantes dentro de la coalición”. aconsejó.

El tema de la pandemia está en el centro de las arremetidas contra la autoridad presidencial. El paso del COVID 19 corrió el calendario de la gestión y acortó dramáticamente los lapsos de que dispone CFK para resolver sus cuestiones judiciales.

La salida de la cuarentena dejará una panorama económico y social desolador.
“Esto termina mal. Lo que se ve venir es muy oscuro. Hay una destrucción invisible", aseguran sin vacilar quienes expresan los sectores más moderados de la oposición. Sostienen que no todos en el gobierno tienen en claro la gravedad del diagnóstico.

Se insiste en que habrá que enfrentar una crisis de profundidad insondable y que la recuperación llevará mucho más tiempo que el del actual mandato presidencial.
Auguran una caída de la economía del orden del 13%, una pobreza del 50%, un desempleo superior al 20% y un déficit cercano al 7%.

“En algún momento el dique de contención se va a romper y vamos a saber cuánta agua nos entró”. De esto se habla entre los más ponderados de Juntos por el Cambio mientras trabajan para construir un espacio de diálogo, consenso y trabajo conjunto con el gobierno sin certezas de que se den las condiciones.

Hay que sostener el diálogo que se ha construido. Hay que insistir en generar ámbitos formales e informales de diálogo. Hay que desactivar la confrontación.

Todo lo que plantean va a depender de una variable para la que todavía no hay respuesta: la capacidad del Presidente para ejercer el poder que le pertenece por decisión de las urnas.
“Alberto no está preparado para desafiar a quienes le disputan el poder”, dicen algunos. No le queda otra que hacerlo si es que quiere que la realidad se lo lleve puesto, apuestan los que están disponibles para ponerse a la par y acompañarlo a como dé lugar en la que se viene. No son pocos.

  • 18.07.2020
  • Sociedad - Política
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