DUDAS Y CERTEZAS

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Entrar es fácil, lo difícil es salir.

2020-04-25

Entrar es siempre fácil, lo difícil es salir. Ocurre con la cuarentena, como casi todas las cosas de la vida. En este escenario de tragedia global y compartida el desafío de la hora es poder salir.

“El que no arriesga no gana”, reza el dicho. Se sabe que lo que se arriesga son vidas y lo que se gana es apenas el regreso hacia un territorio devastado, el intento por recuperar algo que se parezca a la normalidad de la vida caminando sobre tierra minada. De eso se trata.

Las decisiones que se van tomando se sostienen en una lógica extremadamente frágil. Todo es a prueba de ensayo y error. Siempre con la premisa de que ante cualquier desliz habrá que cerrar todo y volver atrás para barajar y dar de nuevo.

Como nunca antes en la historia reciente, científicos, médicos e infectólogos toman la delantera para orientar a la dirigencia política un camino posible, siempre desde la mirada de los investigadores, que lejos de jactarse de tener certezas, exponen con serena aceptación sus dudas y desconocimientos.

A casi cuatro meses de la aparición del ahora denominado Covid 19 poco se sabe del comportamiento de este virus letal que vino a cambiar no solo nuestra vida cotidiana, sino la historia misma de la humanidad.

La información circula vertiginosa y se comparte en la comunidad científica, pero puede que las verdades de hoy tengan que ser reconsideradas mañana. Hora a hora aparecen evidencias que lejos de aportar tranquilidad suman desconcierto. Lo que algunos minimizan caracterizando la enfermedad como una suerte de “gripecita”, hoy se observa como una amenaza que muta y se potencia a la luz de nuevos e inquietantes hallazgos.

Con una curva suavemente aplanada, pero en la misma semana en que el coronavirus detonó en geriátricos, irrumpió en barrios vulnerables y desató situaciones incendiarias en las cárceles, el Presidente decide prolongar por quince días más este confinamiento que, hoy debemos aceptar, nunca será oficialmente levantado.

Todo parece indicar que tendremos que acostumbrarnos a un esquema de aperturas y cierres intermitentes atados a protocolos tan costosos como agobiantes y que no quedará otra que respetar a rajatabla para ir recuperando libertades a cuentagotas, aceptando restricciones y límites basadas en la edad, condición social y personal y geolocalización. Algo para lo que no hemos sido preparados.

Lo único cierto es que nada, absolutamente nada volverá a ser como antes. Todos deberemos adaptarnos a nuevas y hasta ahora impensadas formas de vivir y trabajar.

Mientras el país entra mansamente en la fase cuatro de la cuarentena, sumando a las tareas ya consideradas esenciales, otros menesteres y profesiones para sostener el país andando y mientras todos nos resignamos a aceptar que lo que viene es diferente a todo lo hasta aquí conocido, los legisladores nacionales siguen atrapados en una suerte de berenjenal del que no logran emerger.

A cuarenta días de comenzada la emergencia, en el Congreso Nacional no logran ponerse de acuerdo acerca de cómo y cuándo comenzar a hacer aquello para lo que han sido elegidos: Presentar, debatir y aprobar leyes. Una tarea que hasta donde uno entiende pertenece al rango de lo esencial, al menos en una democracia que pretende seguir siéndolo. Lo cierto es que, por razones que cuesta entender, al día de hoy no han logrado resolver el entuerto en el que están embretados.

La encendida reaparición en las pantallas de Mario Negri, que preside el interbloque de Juntos por el Cambio, expuso las tensiones y diferencias que lo separan del Presidente de la Cámara.

Mientras Sergio Massa presenta un plan para sesionar de manera remota, el cordobés insiste en hacer al menos una sesión presencial para acordar la reforma del reglamento, un trámite que según Negri es potestad del cuerpo y no de quien dirige la Cámara.

No son pocos los diputados que resisten regresar físicamente a sus bancas. No solo tienen miedo al virus. Sostienen que tendrían que viajar por tierra hasta Buenos Aires, que no todos disponen de alojamiento porque los hoteles están cerrados, que varios tendrán que hacer cuarentena de regreso a sus provincias y que no hay recinto que aguante a los 257 con suficiente distancia social. Más complicado todo que en el tiempo de las carretas.

Con argumentos más documentados Graciela Camaño, de Consenso Federal, sostiene que no es necesario ningún debate para debatir de manera virtual. Según la legisladora el art 14 del reglamento avala la posibilidad de sesionar fuera del recinto cuando median cuestiones de fuerza mayor.

Con cerca de setenta legisladores en edad de riesgo, la Cámara Baja no ha sesionado en el recinto en lo que va del período ordinario. Poner en marcha una sesión presencial en plena cuarentena demandaría el desplazamiento no solo de los parlamentarios sino de asesores, médicos, personal de seguridad, limpieza y comunicaciones. Una verdadera multitud.

La Comisión de Modernización Parlamentaria, integrada mayoritariamente por mujeres, asegura tener listo un protocolo de funcionamiento remoto alternativo al presentado por Sergio Massa. Implementar esta movida implica entregar a todos y cada uno de los diputados una computadora preparada con el software correspondiente, entrenarlos en el uso y funcionamiento, además de recoger de manera presencial y personalizada la firma digital que garantiza la transparencia del proceso.

En el supuesto caso de que los Jefes de Bloque lograran ponerse de acuerdo y empezar a sesionar, también deberán lidiar con un problema extra: Las dificultades de conectividad en algunas regiones del país.

Los protocolos están redactadas, solo resta remover la desconfianza y los resquemores políticos que se superponen y agudizan con la pandemia.

Los proyectos que esperan tratamiento son en extremo sensibles y no dejan margen para errores de procedimiento. No está el horno para bollos ni trifulcas políticas.

El polémico y vapuleado “ Impuesto a los ricos” del cual mucho se habla pero ningún legislador conoce, pica en punta. Pensando en la inevitable batahola que traerá este debate hay quienes intentan convencer a Massa de estrenar el “home-office” legislativo con el tratamiento de algún proyecto menos resistido.

“Ojo con lo que hacés. Que no te falle la tecnología con el impuesto a la riqueza”, le sugieren al hiperkinético tigrense quienes desde otras fuerzas lo siguen queriendo bien. Se curan en salud. Nadie quiere arriesgarse a un escándalo hasta que no esté debidamente probada la cuestión del quórum y las votaciones a distancia. No está el horno para bollos ni trifulcas parlamentarias.

En el Senado, la cancha está más que embarrada. La decisión de Cristina Fernández de solicitar a la Suprema Corte que le valide el tratamiento de las leyes de manera remota, es hoy percibido como un traspié de la Vice. No se comprenden las razones por las cuales un poder debe pedir permiso a otro para ejercer su tarea cuando el reglamento interno habilita a los senadores nacionales a sesionar fuera del recinto natural en caso de gravedad institucional.

El episodio, en sí mísmo extraño, se recalentó en la semana con una malhadada seguidilla de tweets en los cuales la abogada de CFK y funcionaria de la Cámara Alta @gracepenafort sostiene que “Es la Corte Suprema la que tiene que decidir ahora si los argentinos vamos a escribir la historia con sangre o con razones. Porque la vamos a escribir igual. Como cantan los redondos “Fijate de qué lado de la mecha te encontrás”

El posteo retuiteado por CFK, motivó una denuncia por incitación a la violencia, atentado a la autoridad y amenazas coactivas y agravadas.

Todo muy excitante si no fuera que caminamos hacia el pico de una pandemia, el país está en cuarentena, la economía se derrumba y el futuro es tan oscuramente incierto.

  • 25.04.2020
  • Sociedad - Política
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