DUDAS Y CERTEZAS

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El lento camino a la verdad

2017-10-21

La política se mandó a guardar y con ella todos los candidatos. Impotentes para enfrentar con un cierto grado de sensatez y dignidad el avance de un temible "cisne negro" se llamaron a silencio. Hicieron bien. Entre el pudor y la prudencia se retiraron de escena.

Se suspendieron actos, caravanas y timbreos. Los que se animaron a los medios bajaron cautamente el perfil. Sin espacio para globos, papel picado, ni sucundún alguno, hicieron un saludable ejercicio de autopreservación. No daba para más.

La excepción fue la inefable Lilita, quien, incontinente, estampó una figura más para el pavor, pretendiendo comparar los despojos mortales hallados en las heladas aguas del Chubut, con un Walt Disney de leyenda sometido a la criopreservación. Horror de horrores.

Los inmediatos pedidos de disculpa no alcanzaron para aplacar las luces rojas de alerta máxima, que sonaron en los despachos del oficialismo. No fue el primer desatino y es probable que no sea el último.

Una extraña mezcla de duelo, pesadumbre y, a la vez, alivio siguió a la impactante noticia. Santiago Maldonado salió de la situación de desaparecido, o al menos eso se investiga.
Este dato de la realidad trajo aire en las filas del Gobierno. Según esta mirada, la disposición del cuerpo contradice la idea de que hubo una desaparición forzosa. El lugar donde fue hallado aventa, siempre según este ángulo de la observación, de manera rotunda que haya sido plantado por la Gendarmería o alguno de sus hombres.

Los violentos episodios, ahora conocidos, que rodearon el rastreo y extracción del cadáver convalidan este análisis por la imposibilidad fáctica de que un "huinca" (winka, hombre blanco en mapuche) haya podido acceder con los restos para abandonarlos en el lugar.

Pero esta lectura está en las antípodas de lo que desde otros sectores se pretende ver.
Soraya Maicoño, vocera del Pu Lof, no vaciló en reforzar en el imaginario colectivo que el cuerpo fue plantado. "Hace dos o tres días no estaba ahí, decididamente", sostuvo. Sugiere que desde el otro lado le tiraron un muerto a los mapuches. Ariel Garzi, amigo de Santiago, manifestó en los medios el mismo convencimiento. La abogada de la familia, consultada sobre esta posibilidad, dice no descartar ninguna hipótesis.

Ahora se sabe que la Prefectura encaró la búsqueda final bajo la sostenida presión de mapuches armados con palos, piedras y cuchillos, y que la retirada del martes a la noche del juez, sus colaboradores y los efectivos afectados al operativo tuvo que hacerse de manera precipitada, en bloque, y que dejó heridos a varios policías y al secretario de juzgado.

A eso se suma el conocimiento de una feroz interna entre dos facciones de la RAM, que precipitó el curso de los acontecimientos. La irrupción en escena de un denominado "testigo E" y un llamado desesperado al juez indicando que debía entrar cuanto antes a la zona indicada permitieron el desenlace. Ellos también tienen su interna.

Conforme ahora se sabe, diferencias de posición entre el lonko Jones Huala, detenido y a la espera de un juicio de extradición, y un nuevo líder con una estrategia más radicalizada permitieron la fractura que hizo posible el hallazgo o lo que ahora se sospecha la "entrega" de los restos. Los oscuros episodios del martes desatan las peores fantasías. Tras la refriega política y mediática de los últimos 78 días, el cuerpo sin vida del artesano podría haber sido usado como una prenda de negociación para dirimir una posición de liderazgo en la RAM. Horrible.

Tras la precipitada salida de los blancos portando la valiosa carga que entraron a buscar, el Pu Lof permanece ahora inexpugnable. Todos los wuikas afuera.
La tragedia que envuelve al caso Maldonado expuso de manera descarnada todas las taras que nos arrastran como sociedad.

Todo funcionó mal desde el vamos. Sorprendido por la novedad en vísperas de las PASO, el Gobierno navegó entre la minimización y el desentendimiento. Si de especulaciones electorales se trata, el destino les jugó una amarga sorpresa: el alma en pena de Santiago Maldonado regresó en el momento menos indicado, ni un día antes, ni uno después.

El Juez funcionó lento, poco profesional y dejando sobreentender encubrimiento. Movido quién sabe por qué sentimientos o intereses, se dejó manejar alternativamente por las consignas mapuches y los avatares del oficialismo, quedando rehén de una lógica que terminó llevándoselo puesto.

Un concurso sostenido de abulia, complicidad o ineficacia, en el mejor de los casos, permitieron que durante 78 largos días todo entrara en un proceso de descomposición y deterioro. Empezando por la confianza que sostiene los vínculo entre la gente y los poderes que hacen posible la vida en democracia.

La materialidad de la muerte compromete ahora en la búsqueda de la verdad y hace alentar expectativas. La gente esperanzada sostiene que esta vez está todo, absolutamente todo, dado para conocer la verdad de los hechos.

Se puso extremo celo en la "cadena de custodia". Un ejército de peritos, expertos en necropapiloscopía, antropólogos forenses, biólogos, genetistas y tanatólogos hurgan en lo encontrado tratando de dar respuesta a una infinita cantidad de interrogantes.
¿Cómo, cuándo y por qué murió? ¿Dónde ocurrió el deceso? ¿Los restos estuvieron siempre en el río o si fueron trasladados hasta ese lugar? Confían en dar respuesta a todas y cada una de las preguntas y llegar a la verdad.

Pero en el entorno reina la desconfianza. Tal vez por eso se llevan los controles hasta la exasperación. A los peritos oficiales de la Corte se suman los de parte y el EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense). No se descarta algún observador extranjero.
En el contexto de polarización en que nos encontramos todos se aferran a la posición que convalida sus creencias y prejuicios. Cuesta y costará dejar paso a la lectura objetiva de las evidencias. No solo hay que llegar a la verdad sino permitirse creerla.

El tiempo de la veda ofrece un respiro para todos. No hay margen para andar pavoneándose con especulaciones electorales. No hay chance alguna de llegar al domingo con certezas absolutas, tampoco de medir ni poner en números el impacto que lo hasta ahora conocido tendrá en la voluntad de los votantes. Por el momento no se detectan corrimientos.
En Cambiemos se descansa en la idea de que las posiciones abroqueladas generarán un efecto de suma cero. Cada maestrito seguirá con su librito.

Hay quien se aferra a la idea de que el caso quedará reducido en breve a un mero hecho policial, un desdichado accidente que convertirá en un episodio de "sobreactuación política" el clima que marcó el final de la campaña. Error.

Cualquiera sea el resultado que arroje la autopsia en relación a la muerte de Santiago Maldonado hay una certeza incontrastable. Los hechos que nos trajeron a este desenlace se produjeron en el contexto de un desalojo por orden judicial, de un corte de ruta que llevaban adelante menos de una decena de personas.

Algo se hizo muy mal para que una tarea asignada a una fuerzas de seguridad que se supone altamente profesionalizada y que debe ajustarse a un riguroso protocolo termine de tan trágica manera.

Suponer que el caso puede pasará a ser considerado un hecho tan privado como accidental es, desde el punto de vista político, tan absurdo como temerario.

Si bien se acepta que estamos viviendo en un tiempo de hiperpolarización, de posiciones extremas, ideológicas y consolidadas, es esperable que esta oportunidad de llegar al conocimiento objetivo de los hechos, disminuya la profundidad de la grieta.
El tema no es solo llegar al conocimiento de la verdad. Se impone además aceptarla y empezar a pensar y obrar en consecuencia.

  • 21.10.2017
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