DUDAS Y CERTEZAS

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El escenario político después de la tempestad.

2018-05-19

La quincena corrió huracanada. El rigor de la tempestad pasó limando certezas y erosionando convicciones y soberbias.

El Presidente se aferró al timón de mando y retuvo el control pero emergió golpeado. La embestida pegó de plano en su línea de flotación: la confianza. Sacudido por el ojo del huracán avaló el uso las más duras de las herramientas y apelando a la munición gruesa emergió parado del revolcón. Advertido de la debilidad que comienza a afectarlo, Macri acuso recibo. Al menos eso sostienen los que lo ven de cerca y escrutan el minuto a minuto de su gestualidad personal y política.

El tsunami de los números, cálculos y porcentajes, dejó paso a un mar de fotos, palabras y declaraciones. Controladas, al menos por ahora, las variables de la economía se echó mano a los recursos de la comunicación y el marketing. A las planillas de excel le siguieron las selfies animadas de reencuentros y buenas intenciones.

En las estrechas callejuelas del poder se respiran sentimientos encontrados. No todos rehuyen de la palabra crisis, un vocablo maldito que se pretendió evitar. En boca de los mas altos funcionarios la expresión “turbulencia” suena mejor pero para alguno de los ministros resulta insuficiente para definir lo que ocurrió.

Se respira alivio pero no son pocos los que consideran que esta sacudida no está definitivamente superada. Prefieren ser cautos y esperar antes de aventurar un pronóstico.

El brutal cimbronazo que disparó los peores fantasmas del pasado generó un desconcierto que deja huellas inquietantes para lo que resta del mandato.

“Pasamos un momento muy duro” admitió uno de los hombres más próximos al despacho presidencial. “Nada nos tomó por sorpresa, estaba en los cálculos, sabíamos que esto podía ocurrir, uno siempre imagina los peores escenarios. Sin plan B al gradualismo, recurrir al FMI era un tema que se tenía pensado”.

En el pasilleo de la Rosada se admite que la movida desnudo las fragilidades del esquema de poder.

Con la misma convicción de que se reivindica que la figura de un superministro de economía no existe en ningún país organizado ni garantiza el éxito de una gestión, se admite que como en tantas otras cuestiones aquí “nos pasamos de rosca”.

La crisis expuso la vulnerabilidad que supone un esquema inédito de fragmentación en la toma decisiones en el área de la macroeconomía sin contar con un equipo debidamente aceitado. La figura y personalidad de Sturzenegger también ayudó. Con un estilo férreo y personalista, no se lo tiene como una persona precisamente fácil a la hora de articular políticas. Menos aún si lo que se pretende es respetar la independencia del Central.

Dicen que Macri tomó nota. A eso se refirió cuando, a modo de autocrítica, admitió errores de descoordinación entre el equipo económico y el Banco Central. Pero una cosa es registrar la dificultad y otra producir de manera efectiva los cambios que esta demanda. Por el momento solo se conoce gestos. “Hay que esperar”, sugieren los más pacientes, los que apuestan a un regreso a la política y los consensos.

“No se puede ser gradualista en lo fiscal y duro en lo monetario, es una contradicción insostenible” sostiene uno de los funcionarios que prefiere ver pasar el curso de los acontecimientos sin subirse al potro del optimismo que anima siempre la dinámica de los PRO puros.

Se asegura que esta vez “ el cimbronazo pegó”. Se reconoce que los errores que más pesaron son los propios, que es urgente ampliar la base de sustentación política, cerrar la grieta con los aliados, sumar gente al espacio. Se propone un formato de construcción política que aporte apertura y realismo.

Se sabe que en vísperas del pasado fin de semana, cuando todo crujía, varios ministros, los más allegados a la mesa de la decisión, presentaron su renuncia. Macri confirmó el gabinete y el esquema pero nadie está para tirar manteca al techo. Se surfeó un temporal pero el escenario da cuenta de un impredecible “cambio climático”.

El llamado al diálogo con otras fuerzas se propone amplio. Incluye a empresarios, sindicalistas, iglesia y otros actores de la sociedad civil. Se busca un espacio de consenso para definir estrategias para el desarrollo económico y social. Al menos eso es lo que se dice.

La primera estación es el debate sobre el presupuesto 2019. Ese es solo el comienzo. Se apunta a conocer que nivel de compromiso hay en relación al pedido que Macri hizo en marzo en el CCK llamando a bajar privilegios sectoriales y atenuar situaciones de inequidad y si en los hechos somos conscientes de que el país no puede seguir viviendo de prestado.

Los que vienen demandando más política ven en la crisis una oportunidad.

Las huellas del miedo puede que aplaque los ánimos de los opositores y facilita las gestiones dialoguistas. Dejan habilitada una esperanza pero se preguntan si queda margen de tiempo, si no se llega tarde. Sostienen que es imprescindible reconstruir el sistema político detonado desde el 2001. Le imputan al Presidente, un estilo entregado a la gestión, cada vez más concentrado en la toma de decisiónes y cercano al aislamiento. A los errores de diagnóstico inicial le suman un comunicación defectuosa.

Macri lo admitió en su autocrítica. No solo se reconoce de un optimismo que fija varas y metas de muy difícil cumplimiento, sino que admite que no considera funcional transmitir las malas noticias. A confesión de parte, relevo de pruebas.

“Lo peor ya pasó” había dicho el presidente un rato antes de que el volcán entrara en erupción. “Boludeaste dos años con las buenas ondas y ahora vas a recoger inflación en la previa a las elecciones” le replicó Melconian. Nada más corrosivo y doloroso que el fuego amigo.

La sacudida irrumpió en pleno debate parlamentario por las tarifas. La estampida monetaria cambió dramáticamente el escenario. El próximo round aguarda en el Senado y viene con plazos y ultimátum. El jefe de la bancada justicialista Miguel Ángel Pichetto aseguró que si el oficialismo no plantea una propuesta sensata antes del martes a las 19 habilitará el dictamen que asegura el tratamiento. Tendrá que poner la firma nomás.

Un ministro con mucha muñeca política dice que se tomará el tiempo hasta entonces para negociar, pero no tiene cambios para proponer en carpeta, solo argumentos de persuasión política. Confía en que la zona de creciente incomodidad en que quedaron atrapados los que tienen responsabilidades de poder, el caso de los gobernadores y los senadores que los representan, ofrece una oportunidad a la paz. Suena voluntarioso pero ingenuo.

El peronismo huele sangre y eso produce excitación en los animales políticos de ese pelaje.

Aún los más racionales se mueven en un universo peligrosamente bipolar. En cualquier caso, habiendo el ejecutivo anunciado el veto, no les tocará a ellos padecer los costos económicos de una ley que, llegado el caso, nacerá muerta.

En Cambiemos se esperanzan con la recuperación de la política. En un hecho inédito los cinco gobernadores de la fuerza se reunieron en la noche de este viernes en Buenos Aires.

Esperan que el cambio de paradigmas llegue para quedarse pero se reservan una inquietud: ¿la apertura del gobierno está animada por la convicción o por el espanto?. Tiempo al tiempo es la respuesta.

Se piensa que es clave conocer los alcances de la negociación con el Fondo para saber si amainara la volatilidad económica. Se espera que los términos permitan abrir el paraguas de protección que habilite estabilidad y confianza. Se sabe que los últimos datos que se aportaron acerca de indicadores duros mejoran la condición de la Argentina. Los consultados aseguran que los funcionarios del organismo internacional no solo tendrán en cuenta las restricciones políticas del gobierno de Macri sino que se juegan el deseo de no fracasar una vez más en relación al destino de la Argentina.

Los negociadores de ambos lados tienen una edad promedio de 37 años y el recambio generacional, dicen, aporta una mirada más desprejuiciada. El factor humano siempre pesa. En cualquier caso, esta claro para todos que nadie te regala nada. Nadie te presta para que pagues una fiesta.

Lo que viene no es fácil. No hace falta ser un entendido: más inflación y menos crecimiento. Ajuste y restricciones. Menos obra pública y escasa generación de empleo. Otra vez sopa. La mochila del déficit pesa y recortar habrá que recortar. Con un 76% de lo que se recauda destinado a la inelástica inversión social, cuesta imaginar por dónde se hundirá el cuchillo. Por el momento de eso no se habla.

  • 19.05.2018
  • Sociedad - Política
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