DUDAS Y CERTEZAS

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El Equilibrista.

2020-03-01

En un discurso de tono y contenido inobjetables, el Presidente de la Nación dejó inaugurado el 138º período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.

Todo lució impecable, los qué y los cómo se conjugaron para transmitir una escena de sensatez y moderación. Durante una hora y 19 minutos Alberto Fernández transitó con delicado equilibrio la senda de los convencimientos que lo trajeron hasta aquí y sobre los cuales piensa seguir llevando adelante su gestión.

La palabra clave que parece animar la intención del Jefe de Estado sobresalió resaltada en los tramos finales de su mensaje. En la idea de ir al encuentro del equilibrio.

“El equilibrio no es neutral ni indiferente”, enfatizó a punto de cerrar su mensaje, tal vez para dar respuesta a quienes desde el propio Frente lo hostigan casi a diario exponiendo de manera apremiante requerimientos y contradicciones. Puede que a estos sectores más ideologizados e intransigentes haya apelado con buenos modos el Presidente argumentando que “en las crisis, las banderías deben ceder”

En orden a superar la grieta, apeló a la unión de los argentinos. Uno de los tres objetivos fallidos de la gestión de Macri aparece ahora en la exhortación de Fernández. El Presidente sabe perfectamente que a las dificultades del común suma el lastre de su propia grieta interna.

La variopinta composición del Frente de Todos lo obliga a diario a transitar una pasarela resbaladiza en un contexto extremadamente delicado en el que un mínimo traspié puede desencadenar una catástrofe.

Dijo encontrar dificultades pero también buena voluntad y comprensión y desde ese capital convocó a tener paciencia. Lo expuso con todas las letras: “Hay sectores que tienen que esperar”. Está claro que no se refiere a los necesariamente más tienen sino que probablemente les está hablando a los sectores medios que continúan muy golpeados por las últimas medidas y que, como el mismísimo Presidente, esperan recuperar la movilidad social ascendente, un objetivo que no necesariamente coincide con el proclamada achatamiento de todas las pirámides de ingresos.

Volvió a recurrir a la palabra solidaridad para anclar en este concepto la “viga maestra” de su gobierno. Solidaridad para dar respuesta a las urgencias de los que “han sido olvidados”

Establecer un listado de prioridades supone para Fernández poner la “lucha contra el hambre” en el tope de las urgencias. Un puerto al que queda claro que no se arriba con paliativos para la emergencia. Luego de enumerar en detalle la batería de medidas asistencialistas que se están aplicando para reducir los extremos de la vulnerabilidad, hizo eje en la necesidad de contener la suba del precio de los alimentos. Un dato alarmante de la realidad que no parece dispuesto a ceder. De hecho la baja del IPC de enero fue de 2,3% y el incremento del precio de los alimentos en el mismo período estuvo en el orden del 4.75% incluyendo, claro, el regreso del IVA sobre el precio final.

Probablemente consciente de lo difícil que es poner en caja esta variable aplicando los viejos remedios ya conocidos, encuadró su preocupación en el plano de lo ético.

“Poner punto final a estos abusos es un imperativo moral”, sostuvo. Quién quiera oír que oiga.

El discurso corrió compacto y, más allá del anuncio de los proyectos que enviará a las cámaras, tuvo densidad conceptual.

La idea de ir al encuentro de la concertación le sirvió para hilvanar algunas de las ideas centrales que pretende desplegar.

Alberto Fernández anunció que enviará un proyecto de Ley para crear el “Consejo Económico y Social para el Desarrollo de la Argentina”, al que definió como una “plataforma de sueños”.

La agenda del nuevo contrato 2020-2021 se basa a encontrar respuesta en forma colaborativa a algunas preguntas centrales. ¿Cómo promover las decisiones estratégicas y los trabajos del futuro? ¿Cómo atender la agenda del cambio climático? ¿Cómo atraer la riqueza argentina en el exterior con fines productivos? ¿Cómo generar mejores instituciones?

El Presidente no necesitó aclarar que para avanzar en esta iniciativa hará falta deponer intereses sectoriales y despojarse de prejuicios y corsets ideológicos que siguen obstruyendo el camino hacia puntos de encuentro indispensables para escapar del estancamiento.

Una vez más echó mano al ideario alfonsinista proponiendo hacer del debate y del acuerdo la herramienta para diseñar la agenda del futuro.

“Somos un gobierno de científicos y no de CEOs” fue una de las frases más celebradas por la audiencia de legisladores y las barras durante el discurso leído en tono reposado en el que presentó varios proyectos y dijo estar trabajando sobre una modificación de la Ley de economía del conocimiento.

Sin entrar en detalles ni letra chica dedicó un tiempo a lo que se trabaja para obtener la anunciada reforma de la Justicia Federal, la negociación de la deuda y la novedad del lanzamiento de un “Cuerpo de Administradores Gubernamentales” para proponer prácticas innovadoras en el funcionamiento del Estado.

El momento más esperado y aplaudido de pie fue el del anuncio del envío en los próximos diez días de un proyecto de ley para legalizar el aborto. No utilizó la palabra despenalización: habló de legalización.

Todo parece indicar que incluirá lo que se espera desde quienes se alinean tras los pañuelos verdes: el aborto legal, seguro y gratuito.

Las ovaciones acompañaron también con intensidad la decisión presidencial de reforzar el programa del ESI y prevención del embarazo no deseado y el Plan de los 1000 días para asistir a embarazadas en estado de vulnerabilidad y acompañar a las mujeres en primeros años de vida del bebé.

La violencia de género y el abuso sexual y acoso en el ámbito laboral completaron las expectativas de quienes esperaban una clara definición en torno a la ampliación de los derechos de la mujer.

Los planos de Vilma Ibarra y de Gustavo Béliz durante la transmisión oficial hicieron honor a quienes inspiraron y delinearon algunas de estas cuestiones. La de terminar con los “sótanos de la democracia”, entre las más celebradas dentro y fuera del recinto.

Para cerrar volvió sobre un tema central, la inflación, y se expresó contra la “inercia de la remarcación”, un punto que fastidia y enoja al Presidente. Tal vez con plena consciencia de la impotencia frente a la dificultad plantó la figura del “barco en el que estamos todos” para demandar como presupuesto ineludible para llegar al 2021 una “épica de la sensibilidad”.

“La solución de nuestras frustraciones no depende de un Presidente”, concluyó. Han pasado apenas 81 días de un nuevo gobierno. Esto recién empieza.

  • 01.03.2020
  • Sociedad - Política
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