DUDAS Y CERTEZAS

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Cuarentena Eterna.

2020-06-06

Ni administrada, ni flexible, ni segmentada, ni quirúrgica, la cuarentena en cualquiera de sus formas no parece encontrar un final. Amenaza con una mutar hacia una agobiante eternidad.

La sensación que dejó el esperado anuncio presidencial fue aplastante. No se trata de una consideración política sino de la exposición de una evidencia.

El Presidente lo dijo, sin dar margen a segunda interpretación: el problema no está superado. El virus sigue circulando, tiene un alto grado de contagiosidad. No dio dato alguno de que esto tenga una fecha cierta de corte. Por el contrario Alberto Fernández pareció acomodar los días por venir en la aceptación resignada, a una rutina marcada por las restricciones.

La “nueva normalidad” está aún lejana para millones de argentinos o lo que hoy aparece más probable: nada volverá a ser como lo conocimos de aquí en más. Esa es la sensación que dejaron los anuncios este jueves.

La idea de que el 85 % del país pasa del aislamiento social preventivo y obligatorio al distanciamiento, es precaria e inestable. Si algo sale mal, la vuelta atrás será inmediata.
El status de los ahora “distanciados” puede asimilarse a una suerte de “libertad condicional”, concedida como un reclamado beneficio que será prolijamente monitoreado.
La saga del fatídico “baby shower” de Necochea sirve para aleccionar.

El bebé de la celebración vino con el test bajo el brazo y nació positivo. La trazabilidad del coronavirus entrando en Necochea parece extraída de una historia del realismo mágico. El caso devino emblemático, no solo porque desnudó trastiendas e intimidades personales, sino porque expuso la extrema contagiosidad del COVID 19.

Un hombre que se hizo un tratamiento médico en CABA, de regreso, visita sin resguardo ni distanciamiento alguno a una amiga que, no solo trabaja en un geriátrico, sino que también, para redondear sus ingresos, fabricó los souvenirs de la fatídica reunión.

La mujer que resultó Covid positiva terminó contagiando a su madre de 70 años y a sus tres hijos, quienes estando aún asintomáticos, fueron los encargados de entregar los regalos en la reunión clandestina en la que todos entraron sanos y veintitrés salieron infectados.

La historia del verdulero de Capitán Sarmiento que trabaja también en la planta de la Granja de Tres Arroyos va en el mismo sentido. Luego de ser hisopado, tras la aparición de un caso positivo en su lugar de trabajo, violó la cuarentena estricta que le impusieron para ir a comprar productos para las verdulerías de su familia.

La transgresión del joven boliviano terminó con el cierre de dos supermercados chinos, la clausura de los puestos de venta de su parentela, el aislamiento reforzado de todos los contactos estrechos y el rastreo de las familias que compraron verduras en esos lugares para impedir que consuman las frutas y hortalizas bajo sospecha. Ahora, todo el pueblo permanece en estado de máximo alerta mientras se realizan testeos. Sobre 205 testeados, ya 22 han dado positivos.

Mientras los “ distanciados”, habitantes del 85 % del territorio del país, debe lidiar con el respeto del protocolo a rajatabla para no volver hacia atrás, los “aislados”, la totalidad de los residentes en el AMBA, y otros distritos castigados por el COVID, permanecemos en el decretado encierro que ordena el confinamiento. Una especie de “arresto domiciliario”, con o sin tobillera electrónica, conforme aceptes o no bajarte la App Cuidar sin desactivar la geolocalización.

“Si seguimos a este ritmo, el sistema sanitario colapsa a mediados de julio”, dijo el Ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires. Daniel Gollán lo advirtió esta semana: “Si la cosa se desmadra hay que volver a cerrar”.

Fastidio y politización coinciden en una convergencia peligrosa. El pico de casos va camino a cruzarse temporalmente con la fatiga social al límite y la economía en caída libre.

La decisión de ordenar la cuarentena de manera temprana trajo beneficios y también costos. Cuesta hacer entender que cuanto más plana es la curva más tarda en llegar el pico y, por lo tanto, se aleja en el tiempo la apertura en cualquiera de sus formas. Es esta la encerrona política que enfrenta el gobierno.

La presentación de un país dividido entre “aislados” y “distanciados” habilita la fantasía de una supuesta salida hacia la normalidad. Alberto Fernández comienza a mostrarse en modo “post pandemia”. Viajes a las provincias, reuniones con Gobernadores, empresarios y sindicalistas ocupan hacia adelante la agenda presidencial.

Con extremas medidas de control sanitario, reuniones de no más de 10 personas en ámbitos privados, sin normalización de clases ni turismo interno y sin transporte interurbano el acceso a la calle en las provincias en las que no hay transmisión comunitaria esta idea de acotada normalidad es casi una ficción.

En el conurbano el problema no es el virus sino la pobreza. La llegada del COVID 19 dejó a la intemperie las fragilidades del sistema.

Los intendentes de los populosos distritos que rodean a CABA han perdido el sueño ante el anunciado fantasma de pilas de cadáveres que de tanto en tanto expone el ministro provincial. Hacerse cargo de una masacre mantiene a raya la rebeldía de los aperturistas.
Santiago Cafiero dijo que el virus es democrático para contagiar, pero clasista para matar. No es rigurosamente cierto.

Las horrorosas condiciones de vida a las que condena la vulnerabilidad económica y ambiental en las villas del AMBA vuelven a sus habitantes más frágiles y vulnerables ante el avance de la enfermedad. El virus hace estragos en los sistemas inmunitarios más débiles sea por la edad, la malnutrición o el desamparo sanitario.

Llegado a este punto, la experiencia de los países más desarrollados no nos sirve. Nuestra unidad de medida no es Europa ni Estados Unidos, tampoco Singapur o Israel.
Ninguno de esos países enfrenta la devastación socioeconómica pre pandemia de nuestro conurbano.

Solo 25 de los 110 municipios del área metropolitana hubieran podido pagar los sueldos sin ayuda de la gobernación. Son varios los jefes comunales que hoy respiran con la llegada de los fondos que bajó la Gobernación.

La conciencia sobre la gravedad del momento, tanto en lo sanitario como en lo económico, bajó el perfil de fuerte confrontación que venía definiendo el estilo de Axel kicillof. Los casos se le dispararon en los ahora denominados barrios populares y la realidad desvistió las limitaciones del sistema.

“Costó hacerle entender la necesidad de construir vínculos para poder superar el momento pero empezó a entender”, sostiene uno de los intendentes peronistas más hiperactivos del Gran Buenos Aires.

“Estamos alineados frente a la dificultad”, dice en relación a sus pares de diversas procedencias políticas. Frente a la extrema adversidad, la mayoría se siente más cómodo en la moderación, hacen frente común para aplacar los gestos y crispaciones con los que fatigan ciertos sectores del Frente de Todos. Los que alimentan esta lógica transversal se sostienen en el convencimiento de que la post pandemia va a ofrecer una oportunidad de superar la grieta. Auguran otro clima político para cuando se pueda emerger de la pesadilla.

Son varios los intendentes bonaerenses del Frente de Todos que valoran el trato directo que, vía whatsApp, Alberto Fernández mantiene con todos y cada uno de ellos. Reniegan de hablar de Albertismo, pero reconocen en el Presidente la capacidad ejercer el poder de manera muy directa y personal, y se preparan para acompañarlo en la batalla política del día después. Son los que sostienen que el enclave del cristinismo está acotado al conurbano profundo, pero que es justamente en ese territorio donde el Presidente ya hace pie en la consideración popular. Eso genera tensiones internas que saben tendrán que enfrentar.

Son optimistas en cuanto al futuro inmediato de la política. “Vamos a emerger bien, con un Presidente empoderado y entonces se va a poner lindo de un lado y del otro”.

Esta mirada cargada de esperanza reconoce el límite claro que impone la realidad.
“Solo saldrán bien parados los dirigentes que no carguen muertos sobre su espalda”. Ese es el desafío de este momento. Lo que todavía está por ve
rse.

  • 06.06.2020
  • Sociedad - Política
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