DUDAS Y CERTEZAS

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Contradicciones del feminismo cool.

2020-02-08

Jimena Barón es dueña y señora de disponer de su cuerpo para lo que quiera. Todas las mujeres tenemos el mismo derecho. Ella hizo en estos días un exitoso uso de su perturbadora anatomía para posicionar un nuevo trabajo. Ejecutó una pensada y provocadora estrategia de marketing para ser vista y registrada. Lo logró con creces.

No hay ninguna razón que permita suponer que ella o sus asesores comerciales hayan querido obtener otro resultado que no sea el de vender un producto. Eso no le quita a la audaz movida publicitaria, la capacidad de generar efectos colaterales indeseables.

Georgina Orellano, se lo advirtió a Barón: “Te vas a meter con un tema que genera mucha resistencia, muchas tensiones”. La ahora incondicional defensora de la vapuleada Jimena la tenía clara.

La Secretaría General de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina celebró la iniciativa de la cantante, que empapeló la ciudad con un afiche en la que se ve simulando con desenfado ser una trabajadora sexual, número de celular incluido, con una selfie que no tardó en viralizarse.

La estética de la campaña puede confundir a algún desprevenido. Es casi un calco de la que usan quienes ejercen la prostitución para promocionar sus servicios.

El número de móvil impreso en el posteo remite, al menos en las agendas de varios productores periodísticos, al área de prensa de una conocida empresa del show business, la misma que supo tener entre sus representados a Gustavo Cordera, quien devino tendencia tras asegurar en una charla con alumnos de periodismo que “ hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo”. Un episodio que generó revuelo mediático y sanción judicial.

La imagen que muestra a la controvertida Influencer a punto de comerse un pancho con golosa liviandad metida en un body de red mientras sugiere oferta de sexo, desató una tempestad en las redes. Las repercusiones no se hicieron esperar.

Para las meretrices la campaña publicitaria del material PUTA, de inminente lanzamiento al mercado, da visibilidad y sustento a los reclamos laborales del gremio que las nuclea.

La reacción de la organización “Madres de la Trata” fue inmediata. Sostienen que Barón no sólo banaliza con su campaña las aberraciones y maltrato que sufren las mujeres que viven de la prostitución, sino que incentiva el mercado negro de los que secuestran y reducen a la servidumbre sexual a niñas y niños en zona de riesgo. Tras repudiar que la cantante se haya fotografiado con la titular de AMMAR, se reúnen con Barón y la invitan a repensar su posición.

El encuentro no fue precisamente un paseo para la mediática Jimena. Lo primero que le hizo saber la abogada de la ONG, Marcela Cano, es que María Azucena López Villagra, hasta hace poco referente de AMMAR, cumple desde diciembre una condena a cuatro años de prisión tras haber reconocido en un juicio abreviado, que se dedicaba a cooptar chicas que militaban dentro de un movimiento social del conurbano bonarense para introducirlas en una red de trata.

El “modus operandi” que utilizaba Maru López, como se la conoce, consistía en tentar a las chicas con la conformación de una cooperativa para ejercer la prostitución, compartiendo solidariamente gastos y beneficios. Una vez dentro de la trama las condiciones cambiaban. No sólo tenían que entregar el 50% del pase y pagar gastos de limpieza, preservativos y otros insumos prostibularios, sino que eran sometidas a formas de maltrato físico, hostigamiento y amenazas. Un trayecto sin retorno a las zonas más profundas de la vulnerabilidad.

Para reforzar sus argumentos las “Madres de la Trata” enfrentaron a Barón con una víctima directa. La titular de la ONG , Margarita Meira, llegó a la cita acompañada de una muchacha que fue secuestrada a los catorce años, reducida a la condición de esclava, rescatada y nuevamente introducida en el submundo de la explotación sexual. Ahora a sus 34, y tras haber padecido todo tipo de suplicios, espera la elevación a juicio de 5 personas involucradas en bandas de proxenetas que ayudó a desbaratar.

Para el colectivo que nuclea a estas madres: “El sistema prostituyente funda sus bases en un entramado oscuro, perverso y poderoso que lejos está de nuestros sueños de libertad y emancipación feminista. Lo sabemos y lo conocemos bien porque es el entramado que se llevó a nuestra hijas...existen personas poderosas especialmente interesadas en su fomento, en convertir en mercancía cuantos más cuerpos sea posible, en transformar en objeto comparable y sometidos a las satisfacción masculina un cuerpo que nunca, nunca se enriquecerá ni progresará. Son los proxenetas los que se enriquecen. Son los policías, los jueces involucrados con su férrea complicidad”.

La Asociación de Víctimas de la Violación también decide denunciar a Jimena Barón. No va por la
apología de la trata, sino por violación del Art. 81 del Código Contravencional de la Ciudad que impone sanciones a “ofrece o demanda en forma ostensible servicios de carácter sexual en los espacios públicos no autorizados o fuera de las condiciones en que fuera autorizada la actividad”. La idea es hacerle comprender que estas cosas no se hacen y que merece ser reconvenida.

María Elena Leuzzi, dice sentirse absolutamente lastimada por la postura de Barón. Miembros de esta organización recorren la ciudad arrancando de paredes y contenedores de basura los pequeños afiches que promocionan los “privados” y que aseguran encubren casos de trata y proxenetismo. Esa es la sostenida tarea que ahora sienten burlada.

A la titular de AVIVI le resulta revulsivo que se pretenda dar una pátina cool al uso de la expresión “puta” que no solo se usa para designar a quienes ejercen el "oficio más antiguo del mundo”, sino que denigran a todas aquellas que deciden hacer uso de su libertad sexual sin condicionamientos ni prejuicios. Sin ser partidaria del abolicionismo asegura que no le cierra esto de “me pongo el pañuelo y al mismo tiempo pongo en venta mi cuerpo” . Para ella, como para tantas otras se trata de una contradicción.

El vendaval de opiniones y confrontación que disparó el afiche de la discordia dividió aguas en el feminismo.

En un posteo demoledor Carolina Aguirre, autora del libro de “Argentina tierra de amor y venganza”, también le sale al cruce a la cantautora.

“Que horror lo de Jimena, que decepción para el feminismo, qué tristeza...Ojalá supieras que las putas tienen un promedio de vida de 30 años porque las matan a golpes, les contagia el HIV y tienen traumas más serios que un veterano de guerra y que, además, con esta careta cool solo captan chicas jóvenes vulnerables para sus redes haciéndoles creer una vida fácil con un consentimiento sesgado por el hambre…", postea la escritora.

Jimena Barón responde desde las redes: “por supuesto que sabíamos que generaría confusión y era la idea”, dice a propósito de su campaña.

"¿Pensaron realmente que iba a dejar afuera a las mujeres que están orgullosas de ser trabajadoras sexuales?...¿Pensaron que me daría miedo de hablar de estas mujeres que trabajan en la calle y llevan guita a la casa con la misma dignidad que lo hacés vos en tu trabajo?. No pensé que la hipocresía sería tan extrema”, concluye desafiante. Hizo, no obstante, un ligero pedido de disculpas pero reivindicó el aspecto más revulsivo de su presentación, el uso de la palabra puta.

Un vocablo que admite muchas acepciones, todas ellas denigratorias para con la mujer y que en tiempos del lenguaje inclusivo no encuentra su correlato masculino.

Basta buscar, sin encontrar, en diccionario alguno cual es el término que designa al común de los varones que disponen libremente de su sexualidad sin pedir permiso ni dar cuenta alguna de sus actos.

Una palabra de uso frecuente en el léxico misógino y machista que en ningún caso echa mano a la expresión “puto” para referirse a la misma actitud cuando de varones se trata.

El debate de la semana abrió una delicada grieta entre quienes fatigan la vida y la redes buscando empoderar a la mujeres. Una cosa es militar feminismo y otra muy distinta hacer marketing cool con el cuerpo de las mujeres.

  • 08.02.2020
  • Sociedad
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