DUDAS Y CERTEZAS

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Sin tregua y sin soluciones.

2018-06-02

La batalla de las tarifas dejó tierra arrasada. Todos salieron maltrechos, aunque desde algunos rincones se pretende computar beneficios. No hubo ganadores ni perdedores claros. Perdimos todos.

El oficialismo presentó batalla en todos los frentes, recurrió ana batería las herramientas pero no alcanzaron. Sobre la madrugada seguían fatigando los whatsapp, cuando la pelea voto a voto ya se aceptaba perdida. La oposición se amalgamó como nunca hasta aquí.
Racionales, moderados, dialoguistas y renovadores coincidieron con el kirchnerismo en su versión más dura, con los irreductibles de siempre, con los que fogonean el “cuanto peor, mejor”.  Dios los cría y Macri los termina juntando.

En este tiempo, en el que las palabras lejos de volar, quedan eternizadas en el registro digital,  el “ya es tarde” de Miguel Ángel Pichetto pegó duro. Según, los más benévolos del oficialismo, no hizo más que expresar la sospecha de que  el jefe de la bancada del PJ solo hizo tiempo y nunca tuvo voluntad alguna de negociar. El acuerdo con Sergio Massa para aprobar la ley, dicen, se hizo explícito.

Hay algo que quedó claro para todos: se acabó el amor. Ese vínculo esforzado, esa suerte de “affectio societatis” que fueron elaborando el oficialismo y el PJ no K, con paciencia artesana  al compás de demandas y urgencias de la hora, quedó severamente dañado con la atropellada de la ley.

Como en los quiebres y defecciones amorosas, se resquebrajó  la confianza.
Se acabó el amor pero se necesitan. También lo dijo Pichetto, tirando una señal hacia adelante: “juntos es difícil, pero solo ( por Macri) no va a poder”.

Animados por el optimismo que moviliza el espíritu PRO, los del ala política, sostienen que no todo está perdido. Saben que “ la necesidad es hereje” y que las mutuas conveniencias permitirán ir recomponiendo los puentes una vez que se restañen las heridas que dejó la refriega parlamentaria por el pago de las tarifas.

Hay que seguir, alegan.  No están con ánimos de confrontación. Se viene el debate sobre el presupuesto. Es la primera e inevitable estación hacia el 2019.  Tienen claro que la relación con los gobernadores es compleja pero se toman el tiempo de sopesar sus vulnerabilidades, tienen que seguir administrando, pagando sueldos, tomando deuda y sosteniendo obra pública, no es poco. Sostienen que la del jueves fue una votación atípica, algo excepcional y que si bien el bloque del Senado está atravesado por tensiones cruzadas y, que Cristina corre a Pichetto por izquierda, finalmente se impondrá la cordura.

No ven venir continuidad a la juntada, creen que fue una votación excepcional, que se dejaron llevar por una cuestión mediática, que quisieron mandar un mensaje político al gobierno y diferenciar frente a la gente en un tema tan sensible pero que no comen vidrio.

Suficiente tienen con la tarea, por el momento incierta, de rearmar el PJ, argumentan.  No en vano Mauricio Macri resucitó el fantasma de CFK el lunes, cuando utilizando un recurso desesperado los instó a no dejarse llevar por las “locuras de Cristina”.  

Puede que el revoleo del “tren fantasma” sigue garpando pero está claro que ya no alcanza.
“Lo peor ya pasó” dijo el presidente apenas unas semanas antes de que todo se viniera en desbandada.  Mayo marcó un punto de inflexión, un antes y un después.

La autocrítica presidencial, centrada en admitir un exceso de optimismo y problemas de descoordinación en el equipo económico fue seguida por el anuncio de cambios que, por el momento, no parecen plasmarse en la manera en que se toman las decisiones.  

La adversidad endureció a Macri en sus convicciones. Más Macri que nunca bajó el anunciado veto con doce páginas de considerandos  y revalidó con presencia mediática a su jefe de gabinete. Marcos Peña también desempolvó el muñeco maldito: “el peronismo es Frankestein con la cara de Cristina...la carrera hacia el 2019 no sólo está intacta, sino que estamos convencidos que Cambiemos va a ganar”.

“El veto es el fracaso de la política” descerrajó el rionegrino en la atribulada madrugada del jueves. Pichetto acusó al Gobierno de incomprensión y falta de diálogo. Los acusó de encerrarse y no escuchar. “Tienen un estilo que no soporta la frustración”, les bajó apelando a Freud. Reivindicó a Emilio Monzó y a Rogelio Frigerio, a las que consideró desplazados de la mesa del poder y fustigó duro a Elisa Carrió y al Gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo: “nosotros no empezamos esto”.  “Hagan lo que tengan que hacer y haganse cargo...este camino no cierra” advirtió.

Desde algunos despachos de la Rosada se sigue con extrema atención el curso de los acontecimientos.  Macri se muestra decidido a ordenar, a avanzar con sus objetivos pero todavía no está claro si el cimbronazo se traducirá en un verdadero reacomodamiento interno, en una apertura efectiva a los que piden más política, a mirar y tener en cuenta la cuestión social.  “Todavía está procesando”, sostienen los de adentro, “ no tenemos claro cuándo y cómo va a cerrar”.

La semana pasó, hubo mucho fuego de artificio pero los problemas no encuentran cauce de solución. Las tarifas de la discordia ya están desactualizadas por la devaluación y seguirán aumentando. La gente también está  preocupada por que le cierren los números, por llegar a fin de mes.

Para enfrentar la inseguridad, otro tema que arde, el Gobierno abrió el debate del rol de las Fuerzas Armadas. No tardó en generarse revuelo. Mucha carga ideológica.

Conscientes de la debilidad política en el parlamento para reconsiderar  la ley que prohíbe a las tres fuerzas participar en tareas relacionadas con la seguridad interior,  decidieron plantear un audaz atajo: convocar a los oficiales del ejército a pasarse con cuerpo, alma y experiencia en el manejo de armas,  a la gendarmería. Esperan que tentados por un sueldo algo más acomodado, los suboficiales dejen la “zona de confort” de los cuarteles para enfrentar a la delincuencia común en el conurbano metidos en la piel de un gendarme.  Tan creativo como difícil de implementar. La resistencia ya se hace escuchar en las guarniciones.
El debate sobre la despenalización del aborto está en puerta.

El proyecto se tratará en el recinto el 13, en vísperas del Mundial. Si se lo pensó como una   tema por fuera de la grieta para llegar hasta la tregua mundialista, la estrategia no funcionó. El padre José María “Pepe” Di Paola, lo puso en un nuevo contexto. Según el emblemático sacerdote de las villas el aborto “ es promovido por el FMI” y pidió no caer en la hipocresía de rechazar el acuerdo con el Fondo y apoyar la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

“Aborto es FMI y FMI es aborto” fue la consigna de Di Paola. Un encuadre inesperado para un tiempo político y social que no da tregua.

  • 02.06.2018
  • Sociedad - Política
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