DUDAS Y CERTEZAS

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"Mucho timbre, poco apellido"

2017-08-01

Con el inestimable aporte de Nicolás Maduro la campaña de Cambiemos toma impulso en la recta final. 
El inefable bolivariano aporta inesperado cotillón a las estrategias Durambarbistas.
A los instructivos de estricta impronta zen que baja el gurú ecuatoriano se suma ahora el pavoroso fantasma de los estragos populistas.

Macri le pone el cuerpo a la recta final caminando escenarios 360 y agitando el espantapájaros caribeño. Las imágenes las aportan las cadenas internacionales: calles violentas por las que corre sangre, los colectivos del chavismo descontrolados y patrullas del SEBIN arrastrando líderes opositores en pijama. Contundente.

CFK guarda prudente distancia de micrófonos y pantallas. Cuanto menos se presente en escena más parece retener. De ella hacia abajo poco para pavonear.

La novedosa incorporación de Fernanda Vallejos en el primer lugar a Diputados hizo ruido desde el vamos. Mandada a guardar luego de traer a escena al muy amado Boudou sin que nadie se lo pidiera, ayer, en un intento por retomar su faena, tuvo otro papelonero traspié. La comunicación electoral no parece ser su fuerte.

Entusiasmada con esto de la horizontalidad de los discursos, que consiste en escuchar los padecimientos y angustias de la gente de a pie, subió un video a su cuenta de Twitter en el que un “trabajador” contaba las penurias de este tiempo macrista. Su permanencia en el “time-line” duró lo que un suspiro en un canasto.

En realidad, no más de lo que se tardó en descubrir que el supuesto laburante era en realidad Gabriel Castiglioni, primero en la lista a concejales de 9 de Julio por la Unidad Ciudadana, justamente el espacio que llevará a una banca a la malhadada Fernanda.

Mariú Vidal hace lo propio presentando sus candidatos en infatigable procesión. Van de barrio en barrio, de partido en partido, de canal en canal, contando sus historias de gente común. Gente que abre sus puertas a los funcionarios que vienen a escucharlos, a registrarlos y a comprender lo que significa ser un vecino en estos inhóspitos territorios.

Se llevan palabras como confianza, transparencia, esperanza. Se repiten letanías que invitan a poner el hombro en equipo y sumarse en oración.

Son las reglas del juego de la pospolítica. Tiempo en el que, según los entendidos, hay que hablar menos y escuchar más. Hay que hacerse querer más que entender.

Todo muy lindo pero recorren un país en el que parece que el común de la gente tiene timbre pero no apellido.

Por alguna extraña e inconfesable razón, cuando los referentes de todos los partidos y propuestas electorales deciden hablar en el espacio público de alguien, al que se refieren como modelo o ejemplo de algo, ese alguien no tiene apellido. Puede que tenga un kiosco, una panadería, un puesto de chori o una parrilla pero nunca apellido. Es raro.

Hay una suerte de trato familiar, afectuoso y acogedor, pero te brulean la identidad.

Lo hacen todos, desde el Presidente de la Nación pasando por la Gobernadora de la provincia, la ex Presidente ahora candidata y hasta la legisladora K Gabriela Cerrutti que también parece ahora entusiasmada por esto de andar de casa en casa.

Todavía tienen algo de tiempo para repensar las formas y enmendar el estilo.

De la misma manera que halaga ser tratado por el nombre de pila de frente a un país cuando se tiene una determinada posición en el espacio público, suena desconsiderado y desdoroso que a tu nombre de pila o apodo le sumen alguna otra seña de identidad o geo localización, pero nunca el apellido.

Se invoca a decenas de Susanas, de Alicias, de Albertos, de Jonathans y José Luises, pero no está demás recordar y hacer sentir, cada uno de ellos es único e irrepetible, y por esa sola y sencilla razón merecen ser identificados como tales con la unívoca identidad que otorga al común de los mortales la conjunción de nombre y apellido.

Y esto vale para el común de los ciudadanos, anden “de a pie” o en auto con chofer; sean honorables contribuyentes o personas en situación de calle. Se dediquen a la filantropía o al narcomenudeo.

Respetar al otro es considerarlo como único, nunca como uno más. Mucho más aún si lo traemos a cuento para ponderar un gesto, una actitud, un logro, un reclamo, o llegado el caso, para pedirles el voto.

  • 01.08.2017
  • Sociedad - Política
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