DUDAS Y CERTEZAS

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Él propone, ella dispone.

2020-12-05

Máximo Kirchner no pudo ser más explícito. Con una claridad y transparencia digna de otra causa dejó formalmente inaugurada la campaña electoral 2023. No hay lugar a doble interpretación alguna. En pleno debate parlamentario, y cuando se argumentaba a favor de la quita de fondos al Gobierno de la Ciudad, hizo saber que, no pudiendo conjurar maldiciones, es mejor curarse en salud y abortar sortilegios.

Está claro que nadie ha logrado quebrar hasta aquí el curioso maleficio que impide a los gobernadores de la Provincia de Buenos Aires llegar a la Presidencia de la Nación. Se repite también, siempre desde el abordaje fetichista del vástago presidencial, una constante fatalidad. Los Jefes de Gobierno de la Ciudad tienen, por alguna razón, más chance estadística de acceder a la primera magistratura que el resto de sus pares. Ocurrió con de la Rúa, y volvió a darse con Mauricio Macri. Creer o Reventar.

La práctica de una suerte de “submarino seco” sobre la gestión política del ahora emergente liderazgo de Horacio Rodriguez Larreta podría funcionar como un potente antídoto frente a la posibilidad de que esta historia continúe.

Si Máximo descargó sus argumentos a plena conciencia, o si lo traicionó un fallido, deja a esta altura de ser trascendente. Si hablaba para la tribuna o lo suyo era una advertencia acerca de lo que se viene también. A buen entendedor pocas palabras.

Para el ala más radicalizada del Frente de Todos, la idea ya quedó instalada: Larreta es Macri, y Macri, ya se sabe, es todo lo que está mal. Sale Mauricio, entra Horacio. Ahora el enemigo a neutralizar es Horacio. De eso se trata.

La estrategia de privar de oxígeno al Gobierno de la Ciudad carece de gradualismo. Quedó claro durante el tratamiento de la Ley que hace posible el recorte.

La andanada contra el Jefe de Gobierno de la Ciudad “tan bella, opulenta, desigual e injusta”, no admite tregua alguna. El tema debe ser enfrentado de raíz. No es cuestión de dejar crecer los agapantos.

El avance sobre los recursos de la Ciudad trajo aparejados, para quienes lo impulsan, otros beneficios adicionales. Cortó de un solo tajo la vapuleada relación de Alberto Fernández con “mi amigo Horacio”. Ese vínculo tan pregonado al calor de las presentaciones de la troika pandemial se quebró sin retorno posible. La grieta continúa.

Las malas maneras políticas exhibidas en estos tempestuosos días de diciembre por el ala más radicalizada de la coalición gobernante alejan cualquier bienaventurada fantasía de acuerdos, consensos o entendimientos con la oposición política.

También Cristina dejó esta semana expuestas sus estrategias. Manifiestamente auto excluida por la vía epistolar de responsabilidad alguna por las decisiones de su designado, se reserva el derecho de veto cuando las políticas que bajan del ejecutivo violen de manera flagrante los mandamientos K.

Se necesita que Alberto Fernández y su Ministro Guzmán hagan el trabajo sucio que supone poner las cuentas en orden y estabilizar la macro pero que, de ser posible, no se note.

La pregunta de siempre es: ¿Quién le pone el cascabel al gato? Con el sistema previsional quebrado y casi el 70 por ciento de los retirados bajo la línea de pobreza el tema no es solo cuanto pagar sino de dónde sacar la plata. La manta corta se escogió aún más en la pandemia.
CFK también descubrió su juego. A Alberto le toca hacer de policía malo y ella se reserva el rol de la policía buena. Una suerte de hada madrina de los más vulnerables. El tema es que si a Alberto Fernández los números no le cierran, no hay 2023 para nadie.

La carta de despegue de CFK, que en su momento generó un fuerte impacto en el círculo íntimo presidencial, permitió un respiro y alentó la idea de una cierta autonomía. Pero el alivio duró poco, los exabruptos políticos de los últimos días marcaron un claro retroceso en el margen de maniobra de que dispone Alberto Fernández.

La relación entre el Presidente y su Vice atraviesa el peor de los momentos. Quienes rodean al Jefe de Estado dan cuenta de esta situación. Admiten que entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner hay hoy dificultades ciertas de comunicación. Reconocen que, para poder seguir adelante, hay que aplicarse a gestionar el vínculo que está absolutamente trabado. El sigue apostando al encuentro y a retomar la conversación pero el esfuerzo no estaría rindiendo. No es fácil, aseguran. Hay mucho ruido en la comunicación.

Los cambios introducidos por CFK en la fórmula jubilatoria, sumados a la modificación de la mayoría necesaria para designar al Procurador dan cuenta de una nueva manera de ejercer el poder por la coalición gobernante. El hombre propone y la mujer dispone. Así se viene dando. Menos lapicera, más látigo.

No es solo una cuestión de modos, de maneras. También se ponen en juego los contenidos.
El cambio de último momento introducido por el oficialismo en el Senado a la controvertida clausula de ajuste en los haberes previsionales altera de manera sustancial los cálculos hechos por el Ministerio de Economía en el presupuesto recientemente aprobado y modifica el contexto en el que se negocia con el FMI. No se puede quedar bien con Dios y con el Diablo.

El Presidente salió rápidamente a respaldar las modificaciones pero su capacidad de ejecutar las propias decisiones quedó gravemente dañada.

En cuanto a la elección del procurador general de la Nación el Presidente se encuentra en una encerrona. No tiene plan B. Su candidato es Daniel Rafecas. No está claro si su pliego se presentará con la mayoría modificada. Si el designado fuera otro la autoridad presidencial sumaría devaluación. Forzado a reacomodar su discurso al compás de las intempestivas imposiciones de su vicepresidenta se ve sometido a un sostenido proceso de desgaste.
Las estrategias desplegadas por Máximo y su señora madre tiene efectos colaterales indeseados. Los errores no forzados incluyen, en el primero de los casos, la ubicación en el podio de los presidenciables de Horacio Rodríguez Larreta, ungido como una suerte de “primus inter pares” entre los atribulados cambiemitas. En cuanto a los cambios en las jubilaciones complican la gestión de Guzmán ante el FMI. No se trata de una decisión inocua para la economía.

Los artilugios parlamentarios desplegados por CFK, que contrarían las disposiciones presidenciales debilitan los resultados del Gobierno. Un Presidente desgastado, vaciado de poder real, puede que complazca las pulsiones cristinistas, pero aleja los resultados electorales que se pretenden para el 21.

La semana también dejó a la intemperie la profunda grieta que raja al oficialismo. Al interior de la coalición en el Gobierno ya se habla con la terminología de la “década ganada”. Hacia adentro nadie necesita aclarar quienes se alinean en el “nosotros” y quienes en la categoría de los “ellos”.

A la hora de descalificar se ningunea a los que provienen de las filas del PJ porteño, o sea, al círculo más próximo al Presidente designado. Se le atribuye al sector pecados capitales.
A muchos de ellos, entre los que revistan algunos ministros, se los considera “contacto estrecho”, y no precisamente en relación al COVID, del Gobierno de Mauricio Macri. Es más, se los sindica como parte activa de la herramienta electoral del macrismo.

Consultados acerca de los “funcionarios que no funcionan”, un referente hipermediático de los “nosotros” describe un Gabinete paralizado, lento en sus ejecuciones, ocupado por ministros que temen poner el gancho a decisiones que podrían comprometerse ante la Justicia. Si se trata de miedo al “lawfare” o simple abulia política no es un tema entre los que creen que “ellos” no están a la altura de las circunstancias. Es más, se les atribuye una conducta morosa e indolente propia de quién llegó a un lugar de poder sin tener que haber peleado a brazo partido para obtenerlo.

Los leales que se alinean en el “nosotros” se jactan de poder discutir mano a mano con la jefatura que ejerce CFK. “Los obsecuentes acatan todo, no discuten", sostienen reivindicando una historia común a la par de los más radicalizados entre los K.

Las diferencias que alteran en estos días la trama del Frente incluyen otras tensiones.
Entre los denominados movimientos sociales y los sectores orgánicos de La Cámpora también suenan tambores llamando a la guerra.

Según una de las miradas más implacables sobre este tema, los movimientos piqueteros confunden necesidad con extorsión. Atribuyen a Carolina Stanley, la Ministro de Desarrollo Social del Gobierno de Macri, haberles bajado mucho efectivo sin control bajo la determinante inspiración de Mario Quintana. Y ya se sabe, el efectivo es un insumo básico del poder. Las organizaciones sociales devienen agrupaciones políticas y eso no gusta.

En la mira de los “nosotros” está Emilio Pérsico. El vínculo muy estrecho que le atribuyen con Alberto Fernández y su capacidad de otorgar recursos a los movimientos de manera discrecional genera un creciente recelo.

El tema de los recursos que se reparten es en extremo sensible cuando la pobreza escala, de acuerdo las mediciones de la UCA para el tercer trimestre al 44,2% de la población general y al 64,1% entre los menores de 17 años.

Las imágenes del Jefe de Estado megáfono en mano tratando de ordenar a la multitud en el funeral de Maradona son una patética postal del voluntarismo comunicacional que despliega a diario el Presidente en casi todos los temas. Demasiado tiempo dedicado a ordenar, explicar y justificar lo que ocurre a su alrededor mientras otras y otros cambian el rumbo de sus decisiones y disponen del poder.

  • 05.12.2020
  • Sociedad - Política
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