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El éxito y la felicidad

2014-09-05

¿Educar para el éxito o la felicidad?
 
De acuerdo a la lógica supermercadista de los tiempos que corren, el éxito es siempre cuantificable. El éxito se puede medir, pesar, ponderar. El éxito puede, incluso, acumularse y stockearse. Es casi un bien tangible. Produce intereses y cotiza en bolsa.
Según la RAE, el éxito es casi un producto: el “ fin o terminación de un negocio o asunto”. Del Latín: exitus, salida, exit.
 
La felicidad en cambio es algo sutil, inmaterial, absolutamente frágil y etéreo. La felicidad no se mide, ni se puede palpar.
Es algo tan intenso como insustancial. Se escurre entre los dedos con el vértigo de un río torrentoso. No puede verse ni tocarse. Pasa, estalla, crece, se expande y desvanece con tanto vértigo como eventual desmesura.
 
Si el éxito es un sitio al cual se llega, la felicidad es puro tránsito, es un punto luminoso en el camino, un estado vibrante de la consciencia, un segundo delicioso en el devenir de la vida.
 
El éxito puede registrarse en un Excel, guardarse en una cuenta bancaria, constatarse en una planilla de rating o disfrutarse bajo las luces de un set.
La felicidad, en cambio, anida en los huecos de la intimidad. Suele expresar su trazo en pequeños gestos o indicios : la mano calentita de mamá, el roce tibio de una piel amada, el incendiario cruce de una mirada, un inquieto revolotear de mariposas en las inmediaciones del corazón.
Puede asaltarnos en un momento de encantadora compañía o mecernos en un tiempo de apacible soledad.
 
Se puede ser desdichado en el éxito y feliz en la adversidad. Pero no se llega a ninguna meta exitosa si no ha sido de a ratos feliz en el trayecto.
Porqué el esfuerzo, la pasión y la trama de infinita dedicación que demanda la construcción de un éxito, solo se sostienen en los destellos de exquisito goce que inexorablemente depara seguir el camino de los propios deseos.

  • 2014-09-05
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