VIAJES

  • > COMPARTIR

Mucha noche, poco mimo, cero alcohol.

2012-12-30

La luna se acomoda luminosa y cóncava en el cielo del Golfo. Corre un dulce invierno de 20 grados. Pasada la medianoche la calle costera de Jumeirah Beach, en el corazón de Dubai, es un hervidero.

Se trata de mirar y ser mirado.

Ellas andan en grupo arrastrando sus “abayas”  con displicente glamour por las excitantes veredas de esa suerte de “Ocean Drive” del mundo árabe. Pestañas larguísimas se escapan del rigor de las “burkas”.

Las chicas dubaitíes cubren sus cabellos con “shaylas”, un sutil velo negro que deja descubierto el rostro. Algunas usan suaves tatuajes en las manos.

Ellos llevan la barba rala prolijamente trabajada y visten “dishdashas” de un blanco impecable.  Todos llevan la “gutra” sujeta con el “agal” y huelen a un riquísimo perfume de especias y madera.

Ellos por aquí, ellas por allá.

Hay que extremar el ejercicio de la observación para advertir el contacto entre los sexos.

En un país en el que buena parte de los matrimonios son arreglos de familia, y la homosexualidad y el adulterio reciben penas severísimas y la relaciones pre o extramatrimoniales condena social, deleita intuir los rituales del cortejo.

Mientras ellas acomodan sus velos y desvelos en los bares, ellos se muestran en autos poderosos, siempre en grupo con las ventanillas bajas y la música alta.

El afecto entre varones es efusivo y se expresa con intensidad, pero los sexos opuestos no parecen contactar. Mucha noche, poco mimo y cero alcohol.

Al menos en el espacio público, claro está

  • 2012-12-30
  • Sociedad
  • > COMPARTIR

Últimos Tweets