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​Singapur. Orquídeas y rascacielos.

2016-12-28

Son muchos y no tienen espacio.
Con cinco millones y medio de almas en 720 kilómetros cuadrados de superficie, la densidad demográfica de Singapur es la tercera más alta del mundo.

También disponen de uno de los primeros lugares en el planeta en renta per cápita. 
Son excepcionalmente prósperos.

No puede decirse que vivan hacinados, aunque sí, apilados.

Las propiedades de una o dos plantas están reservadas solo para los megamillonarios.

Para el resto la propiedad horizontal es lo que se lleva. Se vive en enormes condominios.

Hay apartamentos muy lujosos pero pequeños y otros más standard subvencionados por el estado, pero todo el mundo tiene su casa.


Si cada metro cuadrado supone una medida de acceso al lujo, algo parecido ocurre con la disponibilidad de un auto.

En las calles de la ciudad-estado de Singapur el tránsito fluye. No se conoce de piquetes ni atascamientos.

Las políticas públicas desalientan de manera rotunda el uso de vehículos particulares.

Cosa parecida ocurre con el consumo de de tabaco y alcohol.

Los impuestos altísimos en estos casos funcionan como un contundente disciplinador social.

“El que quiere celeste que le cueste”

Tampoco está permitido mascár chicle en la calle. De arrojar basura o escupir en el espacio público ni hablar.

Las multas y eventual aplicación de “ trabajos forzados” o “probations” a quien viola la norma son un fuerte factor disuasivo.

Los abrazos en la calle son muy mal vistos y la homosexualidad se condena en los tribunales.

Para con la corrupción, la tolerancia es cero. 
Singapur es uno de los países con menores tasas de corrupción del mundo.

El Estado castiga con severas penas de cárcel el prevaricado, el cohecho, la administración desleal y demás delitos relacionados con prácticas corruptas.

Los funcionarios públicos tienen muy poco margen para los gastos discrecionales y negocios paralelos. 
La “mano en la lata”, te la cortan sin contemplaciones.

La pena de muerte, aunque muy discutida, todavía está disponible en Singapur. 
Y no sólo para homicidas y narcotraficantes, a los políticos les comprenden las generales de la ley.

La libertad económica es amplísima, el estado es pequeño, y los impuestos bajos.
Las libertades civiles un tanto estrechas para los tiempos que corren.

En 2015 Los singapurenses celebraron sus cincuenta años de estado independiente luego haber sido expulsado de Malasia en un contexto de enfrentamientos políticos y raciales, pobreza extrema y delincuencia descontrolada.

Con escasísimos recursos naturales, Lee Kuan Yew, más conocido como “Harry Lee”, el padre político de la ciudad estado, hizo eje en la educación, la investigación y la innovación.

Se lo considera el hacedor de un milagro económico y el constructor de una nueva realidad pero se discute hoy el extremo control de las libertades personales que aplicó en el camino de la recuperación.

De la miseria extrema a la suntuosa ostentación del consumo en solo cinco décadas.

Hoy, la ciudad luce limpia, ordenada, impoluta.
A mitad de camino entre Nueva York y Disneyworld.

Un desborde de tiendas de alta gama descoloca en la Orchard Road donde las grandes marcas despliegan marketing y glamour como en pocas capitales del mundo.

La alta concentración de torres acristaladas acondicionadas para las agobiantes temperaturas compiten en el dominio del espacio con una vegetación exuberante y exquisita.

Los estanques y humedales alojan la belleza majestuosa y serena de la flor de loto, pero, a la hora de ostentar, las orquídeas mandan.


Convertidas en flor nacional y selecto producto de exportación se cuentan por cientos las variedades.

Bellas, delicadas, extravagantes, naturales o desarrolladas en dedicados laboratorios se las encuentra en parques y  jardines.

Multicultural y multiétnica la sociedad singapurense convive en sus diferencias en un clima de cordialidad, respeto y tolerancia.

 
Una suerte de Torre de Babel vertiginosa y globalizada que ostenta  con provocativo desenfado su despliegue arquitectónico y el celoso  cuidado de la ecología y el medio ambiente.

  • 2016-12-28
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