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"Amar a Melbourne"

2017-01-16

Federation Square rompe con todo. Amada y odiada , está en centro de los debates de arquitectos, urbanistas y gente del montón. Guste o no es una suerte de ombligo cultural de Melbourne.

Implantada entre majestuosos edificios victorianos y neogóticos y apoyada sobre un deck de cuatro manzanas superpuesto sobre el paso de la línea ferroviaria, esta especie de Time Square australiana te introduce en una lógica disruptiva en la que una ciudad digital e inteligente se funde con la señorial urbe del pasado.

Vigas de acero, tabiques de hormigón, bobinas y amortiguadores de goma, se combinan para articular esta plaza pública que alberga, entre tantas otras cosas, la Galería Nacional de Arte, un anfiteatro al aire libre para 10.000 personas, en museo de la imágen en movimiento ACMI, ambas de acceso libre y gratuito, y una cantidad de boutiques de diseño y bares de impronta cool.

Ecléctica y hospitalaria Melbourne sorprende con inesperadas cortesías.

En Melbourne a nadie se le niega un vaso de agua fresca, la entrada a muchos museos, performances y tours por lugares públicos es absolutamente gratis y el transporte por el centro de la ciudad no tiene costo alguno.

La información fluye. Hay puestos donde con extrema amabilidad te asisten y otros tantos “embajadores” se esparcen por las esquinas dispuestos a ayudarte. Ver para creer.

Nada define mejor este concepto de bienvenida urbana que la Free Trans Zone. Puedes subir y bajar cuantas veces quieras sin una moneda. Ir del Parliament a los Docklands. De la South Cross Station a Fed Square, sin un céntimo. Todo te invita a recorrer esta ciudad de interminables pasajes y recovecos que se enhebran y entrelazan estrechos y enrevesados en la prolija cuadrícula urbana.

El arte se explaya en las calles libre como el viento.
Muralistas y graffiteros la emprenden contra muros y medianeras llenando de color las callecitas estrechas y los intramuros.

Hossir Lane y Union Lane son sitios preferidos por los que aerosol en mano echan a volar sus consignas y fantasías.
Hay especialistas en arte callejero que organizan tours y recorridas informales por los tesoros urbanos escondidos en los emblemáticos “laneways”.

Recovas delicicadamente restauradas y pasadizos semiocultos se enhebran con sofisticados shoppings y conectan mundos que parecen de otra galaxia con solo doblar una esquina.

Impacta el mercado Queen Victoria Market los miércoles por la tarde. Una suerte de “Fiesta de Babette” étnica y popular montado para multitudes ávidas de confrontar sabores y fragáncias.

Los platos más exóticos del planeta cocinados a la vista y a precios de promoción para saborear en mesas compartidas con gente de todo tipo y color en sorprendente y multitudinaria convivencia.

El mercado de verano también permite comprar textiles, artesanías y delicadezas de las más exóticas procedencias. Los tatto de henna y la quiromancia y los vahos de sahumerio también convocan a las almas que vagan buscando un toque de identidad en esa suerte de Arca de Noé cargado de efímera sensualidad.

Cuando la tarde empieza a caer y la gente desaparece de las calles, la vida se traslada a los bares en las alturas.
De ingresos muy estrechos por empinadas escaleras y ascensores mínimos, casi escondidos, las tabernas en las terrazas se llenan de excitación y algarabía. Música, cerveza y tragos hasta ver llegar la luna que se descuelga sobre el río Yarra

Melbourne tiene su SOHO en Fitz Roy un barrio entre bohemio y cool en el que los viveros y sofisticadas tiendas de té compiten en glamour con bares en los cuales es de estilo dejarse estar sin apremios

No te alcanza una vida para conocer Melbourne. Es tan generosa la oferta cultural de la ciudad y la arquitectura tan ecléctica y desafiante que el tiempo se te escurrirá en un inacabable y atrapante callejeo.

Te irás con muchas ganas de volver o la la recordarás pensando que nunca debiste haberte ido.

  • 2017-01-16
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